domingo, marzo 16, 2008
Top five: Amores
Mirarla cuando duerme
Estas echado al lado de ella. Acabas de sacar tu brazo debajo de su cabeza con mucha delicadeza. Sonríes pues sabes que es imposible que ella duerma en tu pecho durante ocho horas (por más que todas ellas piensen lo contrario). La miras como sonríe con los ojos cerrados. Pasas tu mano por su cabello. Deseas besarla pero no quieres despertarla. La observas dormir por más de 15 minutos. Luego miras al techo y también sonríes.
Emocionarte en un matrimonio
Es el matrimonio de tu amigo. Ves como uno de tus compañeros de desventuras amorosas está a punto de ponerle fin a un lado de su vida. Observas como él mira los ojos a su novia y la besa mientras todos aplauden. Lo admiras por ponerse enfrente de todos sus amigos, familiares y nuevos familiares para agradecer por asistir a su boda en el poto del mundo. Te emocionas cuando el baila con su esposa sin tomar a nadie en cuenta. Lo abrazas y lo felicitas con un poco de envidia. Te vas cuando no termina la fiesta pensando en aquella mujer que extrañas.
Llorar (a pesar de que los hombres no lloran)
Caminas con la música en tus orejas. Una canción te traslada a un recuerdo. Te lleva a ella. Piensas en todo lo que la quieres. Piensas en todo lo que le debes decir antes de que sea tarde. Repasas las frases perfectas. Las palabras que trasmitan todo lo que te lleva quererla tanto. Repites en silencio el dicho. Te paras en medio de un parque y te sientas en la vereda. Sientes que un líquido extraño se acumula en tus ojos. Tratas de evitarlo con tu mano. No sabes que es esa sensación que por primera vez invade tu mente y tu alma.
Abrazarla y no querer soltarla
La vez llegar a lo lejos. Ella te sonríe y acelera el paso. Tú te sacas el ipod de las orejas y levantas tus lentes. La vez más bonita que nunca. Aceleras el paso para tocarla. La atrapas con tus brazos. La abrazas con fuerza para que entre en tu corazón. Ella te besa indeteniblemente. Tú no quieres soltarla. No entiendes que pasa. No la quieres dejar ir. No hay ansiedad, miedo ni temor. No hay mejor momento que ese.
Decirle que la amas
Es una noche de sexo. Estás entremezclado entre las sabanas. Entre gemidos y orgasmos. Desnudos. Ansiosos. Excitados. Tu no piensas si te vienes o te vas. Solo quieres amarla. Te acercas a su oído y susurras. Te amo. La abrazas con fuerza con tus brazos y tus piernas. Ella no quiere soltarte. Ella te responde. Te amo.
Cinco hechos que demuestran que estás amando. Cinco hecho que en mi caso no pasaron con cinco personas distintas sino con una sola mujer.
Acá les dejo el video del matrimonio de mi amigo Capa. Un homenaje a la única persona que conocí que siempre reconoció amar a su novia.
jueves, marzo 06, 2008
No te olvido
Mis parpados se despegan y veo la luz al final de mis ojos. No sé donde estoy acostado. No sé donde estoy viviendo. Sé quien soy, pero no sé quien está detrás de la puerta. Mi brazo está congelado y casi no puedo moverlo. Intento sentarme y un mareo me devanea por toda la cama. Mi lengua está tan dura como una tabla de picar.Sé como funciona un motor diesel, pero no sé quienes son esos dos chicos de la foto en mi velador. Sé todo sobre la teología de la liberación, pero no sé quien es esa señora del cuadro colgado frente a mi cama. Sé que me llamo Nino, pero no sé como llegué hasta este vetusto e inflado cuerpo. Casi no me puedo mover y menos hablar. Cada movimiento es como un espasmo. De mi garganta solo salen aullidos y no palabras.
Me recuerdo en traje, camisa negra y corbata blanca, con el cabello bien mojado y para atrás y con una barba negra perfectamente recortada. Me recuerdo siempre oliendo a perfume Lancaster y el aliento con aroma a whisky. Siempre con un saludo firme siendo el perfecto anfitrión de presidentes, ministros, congresistas y gerentes. Cómo puedo estar ahora apoltronado en esta fina cama de roble con unas medias rojas, un pantalón de buzo de franela y un polo de rayas manchado con comida. Con este cabello tan blanco y esta barba tan larga. Ni siquiera puedo dar la mano para saludar.
Es como uno de esos sueños del cual no te puedes despertar. Estas consciente de estar inconsciente. Pero esto no es un sueño sino la realidad. Mis dedos gordos del pie se mueven a mis órdenes y mi lengua saca la saliva que se acumula en mi boca. Un grito fuerte, rasposo y desesperado sale de mi garganta.
Una niña toda de blanco, pálida y con chapas entra a mi habitación. Señor Nino, ya se despertó justo para tomar sus pastillas. Se que son 9 tabletas, cada 4 horas. Para la hipertensión, la irrigación, la diabetes, las nauseas, el dolor de cabeza, la acidez y el corazón. ¿Quién es usted, mi hija, mi esposa, mi sobrina, mi nieta, mi prima, mi secretaria?
Soy Valeria. No te conozco, no los conozco. Soy su enfermera, ellos son sus hijos y ella su esposa. Yo soy Nino, administrador de empresas, master en Relaciones Públicas y gerente de varias empresas. Usted es el señor Roberto, Nino para sus amigos y está casado con dos hijos y una nieta.
¿Esto es un manicomio, un hospital o un asilo? Esta es su casa y yo soy su enfermera. Mire, el de la foto es Santiago su hijo. ¿Es un niño? No, él ya es grande, es periodista y trabaja en El Mercurio. Yo lo recuerdo. Rubio, blanco como chantillí, sentado en mis piernas manejando el auto, moviendo su cabeza hacia un lado, como mirando por el espejo retrovisor. ¿Cuándo creció tanto?
Llámelo señor Roberto, llámelo. Recuerdo que su número de celular es el 1558569364 ¿Cómo se llama?, Santiago, él es el menor, el mayor se llama Andrés. Claro Andrés, recuerdo también su número, es el 1561901567.
¡Hola hijo¡ ¿Aló Papá cómo estás, qué haciendo? Parece que él me conoce. No se sorprende, parece que siempre lo llamo. Tiene la voz firme, de adulto, seguro de si mismo. Hijo no me acuerdo de tí, no sé quien eres. ¿Cómo que no te acuerdas de mi, y cómo me estás llamando? Se le escucha alegre, como si se divirtiera conmigo. Una señorita acá a mi lado marcó tu número, ¿Dime hijo fui un buen padre? Claro papi, cómo va ser, claro que sí. Hijo perdóname, pero no me acuerdo de ti.
Cuelgo y cierro mis ojos con fuerza. Quiero dormir. Ruego que cuando despierte nuevamente recuerde quienes son estas personas.
Hay una escena en la película "El Hijo de la Novia", en donde el personaje de Ricardo Darín está con su mamá en la banca de un asilo. Él le dice que siempre quiso ser un buen hijo y se pone a llorar. Ella en medio de su enfermedad (Alzheimer) le alcanza a decir: "Yo te cuido, yo te quiero". Inevitablemente esa escena siempre me anuda la garganta. No encontré ese fragmento en Youtube, a cambio el trailer por si alguien no sabe de qué película hablo.
domingo, febrero 24, 2008
Una mujer hermosa sin esfuerzo
No me importa morir, decía la canción. Miré el techo del bar el Oso y sonreí. Ella era la mujer más hermosa que había besado hasta mis 29 años de vida (de esas épocas). ¿Cómo llegué hasta acá?
Veinticuatro horas antes había estado en ese mismo bar persiguiendo con la mirada a la obsesión de turno. Una perturbada esquizofrénica que vivía su propia mentira. Estaba loca. Por eso me gustaba.
Cuando pensé que por fin se había enganchado conmigo, me miró a los ojos, sonrió y me dijo, no me interesas. Me arrastré por las estrechas paredes del Oso y desaparecí en las sombras de la última mesa. Que mala noche.
Doce horas antes del beso, estaba sumergido preparando una clase para la Universidad sobre postmodernismo. Un tema, que obviamente, estaba muy lejos de mi realidad. Mi mente divagaba en la respuesta de esa obtusa mujer sin ningún futuro amoroso, sexual y pasional.
Cinco horas antes del beso, estaba sentado en la mesa de mi casa sin esperanzas de lograr consolidar un ensayo decente. No podía ensayar sobre mi vida, menos lo iba hacer sobre Heidegger y Foucault. El inefable Luigi, decidió de manera unilateral llegar a mi departamento con cervezas bajo el brazo y tres amigos de compañía. Yo miraba, fumaba, y chupaba. Me hundía en mi miseria, me embriagaba en la estupidez y me regodeaba en las vacuas conversaciones.
Tres horas antes del beso, entraba al Oso, tras una larga presión social para lograr apartarme del letargo de mi departamento. Otra vez entraba en este maldito bar, donde, un día antes había destruido mi vida emocional. Cuatro loser siguiendo con la mirada a las mujeres. De derecha a izquierda. En vertical y horizontal.
Luigi, un perseguidor empedernido de mujeres, miró a una lindisima chica. La más hermosa en 50 kilómetros a la redonda. Me hizo una señal. Quería atacar. Yo lo detuve con el brazo, cuando estaba apunto de saltarle al cuello, como un pitbull. La conozco, le dije. Anda, me respondió. Era demasiado linda para conocerla, pero la conocía. O sea sabía quien era.
Ella era una clásica chica mala de mirada perturbadora. De esas que bailan solas desdeñando a todo hombre que se le acerque. Cabello muy negro, lacio y con cerquillo. Minifalda de cuadros, como una escolar católica. Blusa negra en perfecta combinación con las sombras de sus ojos. Era una de esas chicas que miran sobre el hombro de todos y flotan al caminar.
¡Vea! grite al cielo y ella volteó. Que tenía que perder, ya me habían rebotado hasta Júpiter la noche anterior. Ella me sonrió y la traté de ubicar. Nos conocimos en la presentación del poemario de Ricardo Bentín, le dije. O sea estábamos en un mismo grupo de cinco. Tú hablaste, yo hablé, pero nunca cruzamos palabras. Ella se acordó de mi (ufff).
Diego, le dije. Soy Diego. Ya sé, me dijo ella muy autosuficiente. Mentira no se acordaba de mi nombre, aunque si de mi. Cruzamos algunas historias vacías y ella no se movió ni un centímetro de su sitio. Yo solo le seguía la conversación mientras no despegaba mi mirada de sus ojos, como si me interesara lo que decía. En verdad me aburría. Ella hablaba de modas, discotecas, autos, trabajo, viajes. Yo quería hablar de cine, rock, escribir, pasiones, amores.
Preferí disfrazarme y me volví el más vano ser sobre la tierra. Era el chico discotecas de moda, el viajero empedernido y el metrosexual de las boutiques ‘in’. Ella tomaba su martini y no se despegaba de mi un segundo.
Tras una hora de conversación ella floto hasta el baño. Yo me deslice hasta donde estaban mis amigos. Ellos envidiosos me riñeron por no agarrármela. Yo era feliz. Una hora de conversación con una chica linda reconfortaba. Pero la multitud bramaba por una estocada o al menos una banderilla. La afición pedía cortar dos orejas y una cola.
Ella me buscó por todo el bar hasta encontrarme. Ella despedía, a cada momento y sin parpadear, a todo los paparulos pretendientes que se le acercaban. Yo no me movía de mi sitio. Estaba con mi pose: cerveza, cigarro y mirada al vacío. Ella me invitó a bailar. Yo la seguí sin soltarle la mano.
Ella bailaba increíble. Se contorneaba sin parar. Con las manos en el cabello, los ojos mirando para un lado, mientras sus piernas se movían para el otro. Yo no la dejaba de mirar a los ojos mientras rozaba su cintura con mis manos. Ella se acercó muy cerca de mis labios y cuando la iba a besar se alejó y sonrió. Yo sonreí. Al segundo intento lo logré. La besé. Besé a la chica más hermosa que alguna vez había besado. Era la top de las tops. La miss bella entre las bellas.
Pasamos dos horas bailando y besándonos. Por fin dejemos de hablar. Quería que todo Lima me viera. Quería que la loca que me choteó la noche anterior me espiara. Quería que mis amigos me admiraran.
Pero luego de todo este vedettismo ya había tenido demasiado. Sentí que hasta aquí había llegado. ¿Para qué más? Pensé. Vea me tomó de la mano y me susurró si quería ir a su departamento. (sé que debía que decir que sí) . No, tengo que trabajar mañana (mentira). Me tengo que ir a mi casa. Fue un gusto conocerte. La besé en la mejilla. Estaba sonando una canción que decía “no me importa morir”. Huí del bar fumando mi felicidad. El momento era tan perfecto como para malograrlo teniendo sexo.
Algunas mujeres hermosas de mi imaginario:
Jessica Alba en Sin City
Natalie Portman en Closer
Scarlett Johansson en Matchpoint
viernes, febrero 15, 2008
Top Five: Obsesiones
Acá van mis cinco super obsesiones sin ningún tipo de orden o prioridad:Esta fue una larga obsesión. La más larga de todas. Cuatro años. Ella me gustaba por la incertidumbre que despertaba en mí. Nunca supe si le guste. Lo más obseso que hice por ella fue ir de manera permanente, y sin falta, al Sargento Pimienta durante 6 meses. Todos los fines de semana. Era casi un hecho, que entre el jueves y el sábado, ella estuviera ahí. Podría ser cualquiera de esos tres días. Era demasiado azarosa y nunca seguía un patrón. Nunca la llamé para preguntarle que iba a hacer el fin de semana. Tampoco nunca la invité a ir al Sargento. Siempre buscaba el encuentro fortuito e inesperado. Muchas veces me la encontré, saludé y seguí mi camino. Solo una vez ebrio hasta mis rodillas (obviamente había tomado por ella) la invité a bailar una canción. Al finalizar la música la abracé. Ella sonrió y se fue al baño. El que me choteará hizo que decidiera estar con una novia. El que me besara hizo que no regresara con una novia. El que ella volviera a mi vida no hizo que termine con una novia.
2.- La inocente
La tercera y por eso no menos objeto de obsesión tiene la culpa de todas mis obsesiones posteriores. Ella fue la primigenia de mis amores platónicos. La primera. Su nombre era Maria Esther. Una escuálida, blanquecina y glamorosa niña de doce años. Siempre con una sonrisa mínima, modales de modelo y mirada de desprecio. A ella ni siquiera le logré hablar durante toda mi época de colegio. Yo no sabía como lograr su atención y menos como reblandecer ese duro corazón escolar. Para su mala suerte, en la lista del salón, mi apellido estaba después que el de ella. Siempre hacíamos grupo, formábamos juntos y hasta nos sentábamos cerca. Ella me odiaba. Me detestaba. Me aborrecía. Yo siempre la seguía hasta su casa, la llamaba y no contestaba, y la saludaba desde lejos, aunque ella nunca respondía. Ella se enamoró de mi ex mejor amigo y fue su noviecita. Mi debacle emocional de esas épocas. Por eso no tuve novia hasta salir del colegio. Quince años después me enteré que estaba arrepentida de no haberme conocido. Al menos, dijo, pude ser su amigo.
4.- La asustada
5.- La desaparecida
Mi última obsesión devino después de una fugaz e intensa relación de un mes. Ella era la chica más increíble que había conocido en Buenos Aires. Siempre sonreía y se sorprendía de mi acido y ridículo humor sarcástico. Lo entendía, y sino, me comprendía. Más allá de la obvia atracción sexual siempre había algo más que sexo. Era estar juntos, simplemente juntos. Sin hablar, hablando mucho, sonriendo y siendo felices con nimiedades como caminar o estar echados en mi cama. Yo supe que la quería cuando la abrace en el cine y respiré hasta lo más profundo de mi pulmón derecho. Ella se despidió de mí ese día, como muchos otros, con un guiño cuando se alejaba en su taxi. Desapareció. No conocía su casa, ni donde trabajaba. Solo tenía su número de celular, el cual no contestaba. Caminé por todo un barrio en busca de una tienda para niños, donde ella dijo que trabajaba (lo malo es que no me dijo en cual). Durante dos fines de semana completos entre a todas las tiendas para bebés de los alrededores. Nunca la encontré. Me regresé a Lima sin poder verla. Una vez volví de visita a Argentina y caminé, una vez más, por ese barrio. Llegué a una tienda para niños y la espié por el escaparate. Estaba ella allí con una chompa rosada y unos jeans ajustados. Con su sonrisa deslumbrante y sus ojos brillantes. La saludé con las cejas y ella me miró, pero no me miró. Se paralizó por un instante y luego corrió hacia mí. Me abrazó tan fuerte que sentía el latido de su corazón. Hasta ahora no la suelto. Seguimos abrazados.
lunes, febrero 04, 2008
Qué se siente cuando terminas con tu novia
Esto lo escribí hace más de un año cuando termine con mi ahora ex novia. Esto sentía. Yo en medio de la redacción de un periódico mascando mi miseria y escribiendo estas trágicas lineas. Dolor, pavor, miedo y espanto. Mi mayor temor soy yo. Ese yo que solo genera lágrimas. Ese yo amargo y furioso que grita e insulta. Una furia nacida en la incapacidad de amar.
lunes, enero 28, 2008
La esperanza es mierda a colores
Una obsesión de cuatro años ya es una enfermedad de hipocondríacos. No estas infectado pero quieres morir. Quieres creer en Dios cuando no crees en las vírgenes.
Yo he desechado tu imagen, tu cuerpo, tus conversaciones, tu mirada. También tus besos, abrazos y mentiras piadosas (como decirme te quiero) . Pero no puedo renunciar a la esperanza. A la llamada de madrugada, al encuentro fortuito y al mail inesperado. Sigo persiguiendo la casualidad de mi vida. Al destino forzado. Al cambio repentino de opinión. Al cinematográfico encuentro en el aeropuerto. Al intempestivo beso en medio de la calle. A la ausencia que lleva al amor.
Estoy sentado desnudo en medio de mi cuarto. El teléfono me fue arrebatado. Mi computadora fue mudada de habitación. La televisión ya no enciende. Las cartas ya no pasan por debajo de mi puerta. Mi lengua fue cortada y las visitas fueron censuradas. Y aún así sigo aquí, arrodillado, con los brazos atados, esperando por ti.
Nota: El título es robado de una letra de Daniel F. A proposito de él, acá les dejo una canción: "Me conforme".
miércoles, enero 16, 2008
¿A quién no le ha pasado esto?
(No sos vos, soy yo)
"No les perdono bajo ningún pretexto que no sepan volar"
(el lado oscuro del corazon)
Maten al cabron¡¡
(Alta Fidelidad)
sábado, enero 12, 2008
Los tipos de solitarios o las múltiples formas de buscar el amor
Siempre estamos tras el ansiado equilibrio emocional y por lo tanto tras la tan sobrevalorada felicidad. Felicidad que se debería lograr a través del ya caduco amor. El amor que se cree solo es posible lograr a través del desprestigiado sexo. No siempre el sexo es con afecto. Muchas veces es más parte de la lujuria que de la ternura.Dentro de esta vorágine de ansiedades por encontrar el camino y dejar atrás la oscura soledad, la especie humana se divide en cuatro tipos de solitarios:
El nunca solo: Hay un tipo de ser humano que nace con una carencia natural. Este defecto congénito es no poder vivir sin que alguien que lo ame. El amor como un medio de sobrevivencia. No importa la belleza ni el sexo. Esta tara no distingue formas. Si este tipo de especie busca amor y no lo encuentra, su vida es un calvario perpetuo. Busca en las relaciones una solución a su desesperación. Pero si esta persona llega a encontrar el amor y es traicionada, no hay dolor sino solo muerte. Este espécimen tiene tendencia al suicidio emocional permanente.
El porqué solo: Este tipo de personas son las que nacen con la natural inteligencia emocional. Nunca juegan a amar y nunca aman. Nunca buscan estar solos y cuando lo están lo disfrutan. Una especie sin stress emocional ni ansiedad sexual. Sin embargo, este poco riesgo a la tristeza hace que casi nunca encuentren el amor verdadero. El amor onírico que quizás no exista. Digo quizás. Este espécimen solo traiciona por sentido común, pero también es muy proclive a ser engañado. Nunca llora por amor, pero tampoco se emociona por una ilusión.
El anti solo: Un espécimen que vive de la seducción y el egoísmo. Persona que le huye a la soledad a través del encanto. El mayor placer de este tipo de especie es conquistar al otro sexo. Subestima a la soledad y se ríe de ella. Cree que ha encontrado la felicidad en aquellos instantes casi orgásmico del flirteo exitoso. Su estándar de felicidad está medido por el sexo y no por el amor. Es un adicto a la masturbación emocional y cree haber encontrado el amor en el apareamiento. Traiciona siempre y odia ser traicionado.
El siempre solo. Tipo de ser humano que vive con la orfandad del amor. Quien vive su soledad con placer y realiza en sus sueños las felicidades más cinematográficas. Este raro espécimen solo abre su inconciencia en una o dos oportunidades de la vida. Lapsus mentales en los cuales camina en la tierra con la esperanza de encontrar sus sueños. Es un tipo de persona que busca en las relaciones la solución a su carencia de amor planetario. Necesita ser amado infinitamente. Solo ama una vez y solo deja a su pareja tras la muerte. Nunca traiciona y puede morir de amor si es traicionado.
¿Qué tipo de solitario eres tu?
A continuación el extracto de un mail que recibí hace ya varios meses, en donde este extraño tipo de ser humano intenta crear una nueva forma de interrelacionarse:
“Para no hacernos mas paltas mejor será que sea explicita. Para bien o para mal, yo no busco una relación formal o no formal, seria o no seria, llamala como quieras, no busco nada. De encuentros bonitos, ocasionales, divertidos, cómplices y especiales no paso. En buen cristiano no me engancho con nadie, no espero nada de nadie y espero que no esperen nada de mi”
Espeluznantemente racional e intuitivo, pero condenada al fracaso. Ese mundo ideal no existe.
viernes, enero 04, 2008
El conquistador
Luigi Aguirre es un hombre como cualquier otro. El 90 por ciento de su tiempo solo piensa en mujeres. Cómo conquistarlas, afanarlas, florearlas, perseguirlas y acosarlas. Cómo tener dos citas en paralelo. Cómo besar a tres chicas en una misma fiesta. Cómo abrazar a su enamorada del momento mientras ojea a otra. Cómo convencer a la sensual Naty de una nueva pose. Cómo persuadir a Ale para una nueva cita. O cómo rogarle a Ruby para que quiera tirar.Luigi es un tipo no muy alto, no muy gordo, no muy guapo, no muy masculino. Su rostro es plano como sartén y su nariz es una extraña protuberancia. No es plana, pero no es respingada. No llega a ser ñato solo porque su tabique se elevó un centímetro más de lo necesario. Es medio achinado, sin ser chino y tiene cachetes flácidos, sin ser cachetón.
Luichi, como le dicen sus amigos de barrio, tiene una sonrisa vulgar congelada. Siempre se para con las piernas bien abiertas, como si tuviera un gran pene, y siempre esta intentado mostrar sus presuntos fornidos, y en realidad, fofos brazos. Tiene panza, pero su pecho desproporcionado la encaleta. Calza 38, pero siempre usa zapatillas talla 42, para ampararse en las leyendas.
Luigi, también conocido por el mundo 'supte' como “Embrujo”, es un antiguo metalero del Aberno, devenido en un nuevo yuppie de Aura. Duerme con su polo de Metallica, pero se despierta con su camisa Tony. Es por eso que su look va entre las camisas alicradas y los pantalones camuflados. El pelo largo fue dejado de lado, en la post adolescencia, para que ahora a los 30 use un gel barato para asemejar el cabello mojado.
Para “Embrujo” todos son sus súbditos, en un mundo donde es el es papá de todas. Sus amigos cercanos son sus cachorros, sus empleados a cargo son sus chacales y sus conocidos son sus críos. Las chicas son sus presas y el es el casador de gatos. Ya sea en una muy ficha discoteca, algún bar moribundo, o en un supermercado, cajero automático, grifo, farmacia, bodega o panaderia. Todos son lugares para las furtivas conversaciones. Para pasar de la banca de un parque a la cama de un hotel barato y con descuento.
Luigi tiene diversas formas de ataque. La del tímido que no sabía como acercarse. Estrategia para las incautas. La del tipo con influencias que puede ayudarte. Para las desvalidas desempleadas. La del chico bueno con conciencia social. Para las niñas estudiosas. El no busca ni muy inteligentes, ni demasiado talentosas. Solo hay un requisito: que tengan buen culo
Luichi tiene la mala costumbre de contarle a sus amigos todas sus aventuras sexuales con un nivel de detalle morboso que roza lo médico. La pierna que se cruzó por entre sus hombros o la lengua que se escabulló por entre sus grietas, son lo más ‘soft’ de su repertorio. Siempre cuenta que la rutina de su carro, al que llama el ‘Autoembrujo’, nunca falla. Un sixpack de cerveza en una calle perdida de Barranco, un casette (aborrece la modernidad) de un mega mix de Caifanes, Héroes del Silencio y The Cure y luego el clásico bracito en la cintura. Una caricias en la mano y cae.
Entre su carta de recomendaciones están: Nunca acercarte de frente a una chica a una discoteca, siempre en diagonal. Nunca hablarle a la más linda de un bar, sino a su amiga la 'mas o menos'. Y siempre y cuando le hables a la más bonita bajarla con un comentario denigrante (¿tu pelo es teñido?). Siempre mirar sobre el hombro de la chica como si te fueras y nunca preguntarle su nombre.
A Luigi nunca le conocí una novia, de carne y hueso solo en historias. Nunca lo ví besar con amor, aunque si chaparse a un centenar. Tampoco nunca lo ví sufrir por una mujer, aunque si enfurecerse por no conseguir una. Nunca le ví que le brillaran los ojos por una enamorada y tampoco lo ví haciendo una locura de amor. Vivir pensando en sexo y sin amor es un buen camino cuando no hay caminos.
miércoles, diciembre 26, 2007
Los caminos de mi vida

Intente volver a verla. Cerraba mis ojos con fuerza para encontrarlaa en mis sueños. Hacia grandes jornadas de sueño con Diasepan y Xanas. No estaba en los sueños ilógicos y tampoco en los amores platónicos. No la encontré en las extrañas pesadillas y aun menos en los sueños eróticos. Simplemente se esfumó.
De regreso en la habitación de mi vida quise reconstruir mis amores. Pisé tierra y supe que mi ex novia tenía novio. Me tomé un trago amargo de vodka, los observé, como por dos horas besándose en un bar. Era mi penitencia. Caminé rumbo a mi casa pero supe que ya no tenía casa.
Arrastrando los pies por las calles desvié mi ruta para buscar un lugar conocido. Busqué a mi amiga. A mi mejor amiga. A la chica de mis sueños y pesadillas. A los resquicios de mi alma romántica adolescente. A la niña que alguna vez transformé en mi amor imposible.
Nos besamos y abrazamos por horas. Me obsesioné. Quise verla siempre. Quise que fuera mi novia. La perseguí por semanas. Solo tocaba su sombra. Ella siempre huía. Yo vivía ensimismado en la terca idea de pensar que estaba enamorado. Luego en un lapsus de cordura decidí suicidarme. Le dije todo lo que sentía y pensaba. Ella corrió sin mirar atrás. Pensé que me había liberado.
Boté las piedras de mis zapatillas que no me dejaban caminar. Ahora podía correr. Corrí hasta desfallecer. Me dormí en un sueño blanco, muy blanco. Un sueño en donde solo estaba esa niña de ojos brillantes. La abracé por 60 segundos. Luego tuve que regresar a la realidad.
De regreso por mi vida comencé a vagar sin rumbo con la promesa de nunca más tener novia. Esta vez llegué a un callejón oscuro, sin salida y con tan solo una pequeña ventana vieja y sucia a un lado. Era el único escape. Ella me advirtió que era la peor ruta a seguir. Yo decidí caminarla y recorrerla. Los trechos tortuosos son mi especialidad, pensé.
Ella negaba con la cabeza pero aceptaba con su corazón. Su boca siempre me odiaba pero su mirada me quería. Yo me tapaba los ojos. Ella me tomaba de la mano y me guiaba. A veces quería que la abrace, otras que la bese. Finalmente, un día me empujó y huyó hasta perderse en la oscuridad.
Encogí los hombros y nunca supe que paso. Decidí fugarme de esta ciudad llena de furia. Tome una sobredosis de pastillas y tuve un sueño muy profundo. En el sueño nuevamente huía. Corría buscando que mis pulmones exploten. Quería que mis pies se pulvericen. Deseaba que mi corazón se derrita, pero ella me detuvo. Me miró con sus ojos brillantes, me tomó de las manos, volvió a sonreírme y supe que no me había olvidado.
Era ella nuevamente. Ella aterrizó en mi realidad. Decidió no ser tan solo un sueño. Caminamos de la mano por mis calles. Espantó mi vanalidad, combatió mi maldad y enfrentó mis obsesiones.
Tan solo sopló y todo desapareció. Corrió conmigo con tanta fuerza que desaparecimos de cualquier mundo. Todo era vació, blanco y puro. Nunca había llegado hasta un lugar tan cercano y lejano a la vez. Pude sonreír después de mucho tiempo. Besé con amor por primera vez. Los sueños a veces se hacen realidad.
martes, diciembre 18, 2007
Amar
No hay ruido en mi cabeza
La gente no pasa
Los rumores desaparecen
Mis ojos no se pierden
Solo te miro
Te veo y te llevo
Secuestro tu risa
Robo tu felicidad
Me refugio en tu vida
Me escondo en tu corazón
Mi instante se paralizó
Mi rostro con vida
Su vida fue mía
Mi alma feliz
Siempre en pasado
Nunca en presente
No tengo provenir
lunes, diciembre 03, 2007
Herir y ser heridos
No sé que decirte. Ahora creo que no puedo asumir todo esto. No lo sé, tan solo no lo sé. Fuero mis últimas palabras antes de despedirme de ella. Planeé esas palabras durante dos semanas. Frente al espejo, antes de dormir y cada vez que fumada. “No sé que decirte”. O sea lo sé hace mucho tiempo. “Ahora creo”. Siempre lo creeré. “No lo sé”. Es que si lo sé, pero no puedo reconocerlo.
Tres meses después la logré encontrar. Fue una reunión provocada. Sabía que iría. Quería enfrentar mi infierno. Saludé con cortesía. Me perdí en las conversaciones. Me crucé tres veces con ella. Intercambiamos una mirada. Ella evitó mis ojos dos veces. Le toqué el hombro al saludarla y despedirme. No nos miramos al sentarnos cerca. Lo único que le dije fue: cuídate. Ella solo me dijo: Chau.
Pasaron varias semanas antes de volverla a ver. Estaba en un bar con unos amigos. Muchas cervezas, chistes malos y miradas cómplices. Ella bordeó la barra. Se dejó ver y la miré. Levanté las cejas para saludarla. Ella buscó su risa más reluciente. Ella me dió un largo beso en la mejilla. Ella sonrió nerviosa. Le toqué el hombro mientras hablábamos. Ella habló mucho pero no logró una conversación coherente. La abracé con fuerza. Me despedí rápido. Le dije: cuídate. Ella buscó en adiós en el suelo. Me miró, me tomó la mano y me dijo: tú también.
domingo, noviembre 25, 2007
No se puede ser más triste
Uno cuando es un post adolescente cree siempre que no se puede ser mas triste. Yo a los 19 años vivía los problemas de amor más grandes del universo. Reales tragedias griegas, terribles telelloronas venezolanas y cursilescas películas gringas. Nunca había un nuevo comienzo. Siempre era el final de mis días como enamorado. Nunca creí en el mañana.Yo estaba al borde de una piscina, de noche, viendo como ella se bañaba. Ella nadaba de un lado a otro sin espantarse con mi presencia. Es más, creo que estaba feliz de que su ex noviecito (estuve con ella dos meses) la contemplara. Su cuerpo se perdía entre el celeste del agua con cloro, mientras sus ojos rojos se iluminaban con los reflectores submarinos.
Ella jugueteaba con el agua, chapoteando con tiernas amenazas de mojarme. Yo me sonreía. Era uno de esos días en los que me sentía invulnerable. Ella se abrigó con una toalla y jaló una silla a mi lado. Yo la miré. Ella sonrió y se acercó aún más.
Te tengo algo que contar, pero me juras que no te amargas, me dijo medio en broma, medio en serio. Dime no hay problema. Si hay problemas y muchos pensé. ¿Te acuerdas la fiesta de July?, me interrogó. Claro, sí me acuerdo, llegaste conmigo pero desapareciste, dije con sarcasmo. Ese día me besé con Rodrigo, dijo sin pasar saliva. Vete a la mierda, le susurre al oído.
Ella quiso abrázame. Me mojó la camisa. Yo me liberé de sus brazos y salí corriendo. Con todo el derecho de un ex despechado me creí traicionado. Sin ninguna razón lógica o legal era un jovenzuelo enamorado que se sentía desengañado por el amor de una perversa niña indecisa y besucona.
En la casa de playa de mi mejor amigo había una gran fiesta. Me hundí en la muchedumbre y repartí risas hipócritas. Me serví un muy cargado vaso de vodka con Sprite y me lo eché de un solo trago. Cuando esa multitud se fue individualizando y las miradas se daban cuenta de mi presencia es que decidí escapar.
Corrí hacia la playa y me refugié en las sombrillas de paja. Esa fue la primera vez que le conté al mar mis penas de amor. Conversé largo rato con él hasta que una sombra me trajo a la realidad. Era una chica que al igual que yo se confesaba ante las olas. Estaba en cuclillas tirándole arena a la espuma.
Yo sequé mis gélidas lágrimas y me acerqué a ella. Parece que estamos en las mismas, la interrumpí. Ella me miró de arriba abajo, respiró y decidió hablarme. Si pues parece que estamos en la misma situación. ¿Tú por qué haz escapado?, le pregunté. Luego las palabras fueron yendo de un oído a otro hasta lograr una cómoda conversación.
Ella me contó de cómo su mejor amiga se había besado con un chico que a ella le gustaba (vaya tragedia), mientras yo le hacia un recuento detallada de cómo la perra de mi ex había agarrado con Rodrigo. Los dos vivíamos con extremo dolor y al borde del llanto tremendos dramas.
Era una escena demasiado cinematográfica como para no vivirla. Dos tristes que se encuentran en medio de una playa para confesar su abatimiento. Su rostro era una gran sombra, en donde lo único que brillaba eran sus lágrimas. Tenía el cabello largo y las piernas aún más largas. Era de sonrisa aguda y sollozo grave. Tenía un lindo perfil y seguramente unos ojos muy lindos. La veía pero no la reconocía. Sabía que era linda aunque no pudiera escrutarla con la mirada.
Antes de irme le explique lo novelesco de nuestro encuentro. Le confesé que era como un poema triste o un libro de afligidos. Que nuestra escena era la de una tragedia teatral y el instante cumbre de una película de Meg Ryan. Un momento tan único que tan solo podría ser realmente especial si lo culminábamos con un beso. Un beso de redención. Un instante de traición. Una historia para contar y un secreto que revelar.
Ella sonrió y por fin sentí un poco de felicidad en su desdicha. Miró al mar y le dijo que no se lo cuente a nadie y barrio a la luna y las estrellas para que no hubiera luz. Mi propuesta no tenía resquicios para la negación. No había forma de no vivir este cuento corto de final obvio.
Nos arrodillamos uno frente al otro mientras el mar nos espiaba. Yo tomé su hombro mientras ella acercó su boca. Me dio un beso en la mejilla. Las olas resonaban haciendo un rumor de nuestra culpa. Yo me sentía aliviado con su beso. Ella, traicionada por su poca audacia. Se acercó de nuevo a mí y me besó con fuerza sin abrir la boca. No me dio tiempo para abrazarla. Tras varios segundos ella huyó.
Corrió por la arena. Un gusto en conocerte, ya nos veremos, dijo a voz en cuello mientras se alejaba. Yo mate mi miseria en un instante. La tristeza no existía y mi corazón estaba limpio. Supe que no era tan triste y reconocí el valor de la redención en los besos de otra mujer. El mañana nunca es peor y si es peor habrá que experimentarlo.
Regrese a la fiesta y no conté lo que me había pasado. Nunca se lo conté a nadie. Era una historia demasiado cliché y cursi para hacerla un cuento.
viernes, noviembre 16, 2007
Escenas que no se van
"Qué apareció antes la música o la miseria"
Eterno Resplandor de Una Mente Sin Recuerdos
"Si tan solo pudiera conocer a alguien"
La Hora 25
Mandar a todos a la Mierda
Perdidos en Tokio
"No estás indefensa"
Es raro pero casi todas estas escenas las he visto con una misma persona...
martes, noviembre 06, 2007
Canciones y recuerdos
Difícil – Los Piojos

Una canción regalada para recordar mi vida en Buenos Aires. Es tan difícil olvidar y es imposible no recordar. Noches oscuras y evocaciones iluminadas. Los momentos felices nunca se van mientras vivan en tus sueños. Nunca una canción tan bien puesta. “Nada para hacer solo si no estás acá”.
Si tú no vuelves - Miguel Bosé
Una de esas canciones que te torturan y repican en la mente por más que ya no suenen. La escuchaba mientras escribía, caminaba y dormía. Ella la cantaba en voz alta mientras se alejaba. Yo la tarareaba sabiendo que no regresaría.
Anhelo de Satisfacción - Catupecu Machu
Solo corriendo hacia un concierto. Ella no contestó más el teléfono y pensé que podía vivir solo. 40 mil personas saltando a la vez. Yo mirando el cielo creyendo que podría olvidarme de ella. Me equivoqué.
Crímenes Perfectos
Caminaba con rumbo al mar pensando en cómo había terminado con ella. La única vez que me arrepentí. La única vez que di marcha atrás. Supe que se puede andar en reversa. Que se puede rebobinar y empezar de nuevo.
Grita – Jarabe de Palo
Puse la canción en mi carro apenas ella entró. Ella me guiño el ojo y comenzó a cantar. Miraba por la ventana y el viento le caía sobre el rostro. Yo manejaba sin mirar la pista. Me choque y desperté.
Prófugos – Soda Stereo
Ella era inalcanzable e insuperable, pero aún así estaba bailando conmigo. No sabía como había llegado hasta allí. Ella era una cómplice de mi fantasía. Son esas veces que ser yo vale más que mil imitaciones.
lunes, octubre 29, 2007
Guía de cómo suicidarse emocionalmente (Tomo II)
¿Usted cree qué es inmune al amor? Luego de una gran travesía de cien mujeres, mil besos y millones de orgasmos, usted ya se siente un especialista en ellas. Un ensayista del gileo barato y un gurú del levante espontáneo. Sin embargo, en el fondo de su ser, usted sabe quien le gusta. Quien no solo le mueve el piso sino se lo agrieta.
¡Corra sin freno ya mismo, Por Dios! No mire para atrás pues no será sal, sino un meloso dulce. Es el momento preciso de alejarse de esa linda chica de ojos tan negros como su alma. De cabello tan largo como su lengua. De gesto tan adusto como su malevolencia.
Si estuvo solo con ella en un bar y en vez de intentar despreciarla le conversó va muy mal. Si en vez de besarla sin hablar le dio la mano, las cosas se están poniendo repugnantemente románticas. Si en ves de ignorarla por semanas la llamo al día siguiente, es casi un caso perdido.
Usted tiene una salida. Un escape decoroso y abrupto a la vez. Busque citas casuales, nunca premeditadas. Entérese en donde se esconde y por donde se escapa. Aparézcase siempre imprevistamente.
No la mire. No la escuche. No la salude. Ella al día siguiente buscará la mejor forma de entablar contacto. Podrá ser una llamada o tal vez por el Messenger. A pesar de su enorme orgullo, ella será capaz de dejar un mensaje en su celular pidiendo una cita.
Usted contrólese por favor. Ya sabemos que quiere correr a la puerta de su casa a decir: ¡Te amo¡ Pero no. Manténgase ecuánime y busque una salida. Solo los dos en cualquier sitio. Un bar, el cine, el teatro o simplemente la calle. No la mire mucho, no la escuche tanto.
En un momento de oscuridad déle la mano. Acaríciela y explore cada línea, cada imperfección. Bésela lentamente. Sienta sus labios y comparta su aliento. Abrácela con fuerza sin besarla y con los ojos bien cerrados.
Y si se presenta la noche en que estén en la puerta de su casa. Invítela a entrar.
Guíela por la oscuridad y acuéstela en la cama. Escóndala en las sábanas y obsérvela como se desvanece. Duerma con ella y levántese al día siguiente preguntándose por que mierda no le hizo el amor. Luego despiértela con un beso y busque su primera mirada.
Escóndala debajo de la almohada y apriete con fuerza. Apriete sus manos y búsquela debajo de todo. Escóndase de la realidad y dígale de manera casi silenciosa que la quiere. Dígale que todo es una farsa. Que usted realmente es esta persona oculta en las sábanas. Quien la mira a los ojos y quien le aprieta la mano.
Ella saltará de la cama. Se vestirá tan rápido como las buenas costumbres lo permiten y caminará velozmente, pero sin correr. Llenara su agenda de actividades inmediatas y saldrá despavorida de su casa.
Ya no sabrá nunca más de ella. Usted será libre nuevamente. Sentirá alivio y tranquilidad.
(Guía práctica de cómo suicidarse emocionalmente Tomo I)
lunes, octubre 22, 2007
Un cuento para soñadores
El fin de semana vi La Ciencia de los Sueños de Michel Gondry (el mismo del Eterno Resplandor de Una Mente Sin Recuerdos). Una de esas películas que te trasladan a la pantalla y que te hacen su protagonista.
Stehephan Miroux (Gael García) es un inventor de objetos y sueños. Que vive siempre más cerca de sus nubes de algodón que en la tierra de cartón. Cada vez que cierra los ojos se abre un programa de televisión en su cabeza que cocina cada sueño, ilusión y pesadilla.
Un poco de amor, sensaciones y pasiones; salpicadas de protagonistas de su vida y vivencias del día. Todo revuelto por el subconsciente y calentado por la experiencia y los traumas. Es así que nacen los sueños para Stehephan, un soñador que no reconoce el mundo onírico del real.
En este mundo de fantasía real, el mejor combustible de Stehephan para soñar es el amor. El enamorarse de su vecina ni muy linda, ni muy inteligente, ni muy graciosa. Una niña única e incomparable que puede vivir en sus sueños y no en la realidad. Stephanie (Charlotte Gainsbourg) es la única mujer que sigue sus palabras y cree en sus inventos. Quien responde a sus preguntas y quien pregunta ante sus respuestas.
Stehephan prefiere vivir en sus sueños. En su programa de cocina onírica donde construye su propias respuestas. Donde Stephanie sí lo entiende y sino lo entiende lo comprende.
El amar es siempre soñar. Y sino puedes amar es mejor soñar. A veces las amantes más sublimes y las novias más adorables son aquellas construidas cuando caminas solo. Cuando estas a punto de dormir. Cuando viajas solo sin más que hacer que mirar por la ventana.
A veces las ilusiones son reconfortantes excusas para no vivir. El dormir despierto para no regresar a la pesadilla de la vida. Reír, llorar, correr, y detenerse justo en el instante adecuado. Hablando con tu mano, durmiendo con tu almohada, caminando con tu bicicleta, acompañado a tu cigarro, besando el cielo.
La opción de Stehephan siempre fue la más adecuada. La realidad es fría y los sueños siempre cálidos. Ellos no te dejan y siempre te acompañan. Dormir hasta las 5 de la tarde para no tocar el frío suelo. El no despertarte para no bañarte en la fría ducha. El caminar sin rumbo soñando para alejarte de esa gélida mujer que nunca te amará.
martes, octubre 16, 2007
La perdición de las mujeres hermosas
La belleza de una mujer a veces no te permite ver más allá de sus deliciosos labios, sus maliciosos ojos, su oscuro cabello o su increíble e indomable cintura. Esa sonrisa fresca, salada y sabrosa, no te deja dar cuenta lo hiriente, irritante y malsana, que puede ser ella cuando abre la boca.Sus verdes y profundos ojos, que te debilitan cuando tan solo pestañea, no te permiten ver lo poco observadora e inteligente que puede ser. Ella solo mira para matar y observa para olvidar.
Su negro y largo cabello, que va desde su cabeza hasta más allá de las rodillas, que te atrapan, que te espanta y que te arranca de tu ser, no es más que una distracción para su poca reflexión. Su nula abstracción y su irresoluta introspección. No hay más en ella. Solo lo que ves.
La belleza de una mujer no te deja dar cuenta de lo que realmente puede ser ella. Miras sus senos, su cintura, su culo, Te obnubilas con su empalagosa risa y te ciegas con su arriesgada mirada. No sabes que quiere, que piensa, que anhela.
Siempre la esperas ver pasar, para recorrer su perfecto rostro de piel pulida, sus turgentes pechos y su perfecto caminar de beldad. La esperas verse ir para espiar su respingado trasero y sus interminables piernas.
No reconoces su tristeza por el amor perdida, ni su desesperación por la indolencia del consumismo. No te das cuenta de su compasión por el dolor ajeno, ni su pasión por las causas perdidas.
No ves más allá de su mascara y disfraz. Turbadoras estúpidas y belleza escondida.
domingo, octubre 07, 2007
Yo vi a Héroes del Silencio
La primera canción que escuche de Héroes fue La Chispa Adecuada en 1998. Justo cuando vinieron a Lima a dar un concierto. Escuche la frase. “y ahora estás en mi lista de promesas a olvidar”. Yo estaba enamorado de mi mejor amiga. Me prometí conquistarla. Nunca lo logré. Nada más platónico que tu amor perdido haya sido tu mejor amiga.Luego llegó a mi, la letra de La Espuma de Venus “la ficción es y será mi única realidad”. Sentí que esa pequeña frase describía mi vida. Épocas de sueños. Cuando sentía que no podría tener nunca una novia. Épocas de fantasías, en donde era un conquistador empedernido, una estrella de fútbol, un entrevistador audaz, un escritor maldito.
Tuve momentos de odio con La Herida y su gran frase desgarrada: “siempre he preferido un beso prolongado, aunque sepas mientas aunque sepa que es falso”. Tantos besos ganados, robados y perdidos. Después de nueve años pienso lo mismo.
Y mis momentos de delirio siempre fueron acompañados con el inicio de Hechizo. “No es la primera vez que me encuentro tan cerca de conocer la locura”. Siempre al borde del abismo escuchaba esa canción para tratar de escapar de mi habitación. Escapar de esa maldita tristeza que me atrapaba.
Con todas mis novias bailé Sirena Varada. Con todas fui feliz. A todas abracé. A Todas besé y a toda abandoné. Era una promesa ir a ver a Héroes del Silencio si alguna vez se reunían. Justo en Argentina. Justo en Buenos Aires. Allí regresé por los héroes y también los villanos.
Les dejó el video de mi heróica experiencia: (todos los videos del concierto son míos menos dos que los tomé prestados. Gracias)
jueves, octubre 04, 2007
Besos y no besos
No hay nada más placentero que fumar y tomar una cerveza mirando a toda esa masa de desconocidos comportándose de manera estúpidamente previsible. El templado que sueña, el afanador que rebota, la coqueta que se contornea, la loca que baila.
Divagaba con mis pies. Pensaba con mis manos. Fumando y tomando. Soñando y aluciando. Pronto estaba en una de esas inconexas conversaciones con un barbudo que estaba del otro lado del mundo. En esta clase de instantes, siempre me odio, pues por más que paresca una buena imitación de alguien que disfruta su libertad, luego me traiciono. No puedo evitar estar pendiente de todo. Del amigo. De ella. De mí. De ellos.
Construí un callejón humano que iba desde mis ojos hasta su sonrisa. Estaba en una cámara lenta eterna. Sus manos peinando el cabello. Sus labios murmurando. Los ojos fijos sobre su amigo. Su pie nervioso siguiendo el ritmo de la música.
“Agárratela”, interrumpió mi barbado y esfumado compañero. Yo con mucho porro y alcohol en mis pulmones y venas salí raudo tras ella. (decisiones sin pensamiento) En estos casos he aprendido que si quieres besar a una linda niña no hay que decir mucho. No hay que pedir permiso. No hay que rogar por una posibilidad. Simplemente la miras a los ojos y ya lo sabes.
Estábamos atrapados en una angosta cocina. Yo me aproximé sin dejarla huir. En un solo instante ella se dio cuenta de lo que sucedía. Me miró a los ojos. Yo ví sus labios. Ella decía palabras sin sonidos. Sus brazos suaves y sus manos aún más suaves. Su cabeza de un lado la mía del otro.
Su boca muy cerca y yo aun más cerca. Un pequeño moviendo y un beso en la mejilla. (¡Mierda!). No entiendo. Ahora no. ¿Entonces cuando? En 48 horas. Me abrazó con mucha fuerza. La deje ir. Me quede solo en la cocina. Vague por la oscuridad decodificando lo que me había dicho. Por qué las mujeres no te miran a la cara y te dicen: no quiero besarte. Escapé como un vil ladrón. Trepé a mi auto y salí volado.
Me desperté feliz. Miré al techo y recordé el episodio. ¡Dios! Me enterré en mis sabanas. Me ahogué con mi almohada. Me acorde de la escena. Me quería dormir para siempre. Mucho pisco, demasiados cigarros y desproporcionados deseos. Me traicioné.
Uno nunca acepta consejos. No le haces casos a las advertencias. Si está loca, me gustan las locas. Si es mala, me gustan las malas. Y si ella te volteo la cara es un fascinante reto por resolver. Una apuesta personal. Ese beso negado llevó a más que eso, finalmente. Cariño sin amor y afecto simulado.
Si la besada ese día nunca más la buscaba. Un ahorro de mentiras y angustias. De saliva y lágrimas. Nunca hubiera existido una versión de mí basada en ella. Ni una ficción construida en su psicosis por no amar. Ahora se que la infelicidad era su fantasía perfecta. Ella dejó que el dolor curta su piel. Y yo siempre fui un desconocido. Por eso ahora yo respiro con alivio .
Video: Al Vacio - No Te Va a Gustar... atención con la letra...
Video: Otra canción, un clasico, Loquillo - La Mataré
