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lunes, abril 18, 2011

Solo baila a mi lado


Echado en este camastro viejo miro el techo descascarado, me tomo el corazón y busco su rostro. Sus ojos negros, su cabello negro, sus labios negros. Estaba enamorado. Por primer vez estaba enamorado. Ya tenía 30 años y recién descubría que era esa sensación, y sin embargo, no tenía la menor idea de como demostrarlo. Nunca en mi vida había hablado mas de cinco palabras seguidas con una mujer, que no fuera mi mamá, mis cuñadas o mis sobrinas.

Hasta este día mi vida había sido mi bicicleta, mis discos, mis amigos, mis viajes mis jeans, mis posters, mi equipo de música, mi vieja, mi viejo, mis hermanos, mis cigarros, mis tragos, mi locura, mi timidez, mis miedos. Mis malditos hijos de puta miedos de mierda. ¡Por Dios! Por qué vivo con tanto miedo. Le meto una pitada con fuerza al cigarro.

Mi día siempre eran iguales. Uno idéntico al otro. Como en el 'Día de la Marmota'.

7:00 am La voz de mi vieja: “Nanditooooo despiertaaaaaa”. Café pasado y pan con margarina y jamonada directo a la cama. El aroma del café y 'Pachuli' se mezclaban todas la mañanas. Jeans Levis gastados, polo de los Rolling, casaca de cuero y mis eternos lentes 'Rayban' dorados. Mi uniforme perpetuo.

8:00 am Bicicleta a gran velocidad. Las delgadas llantas esquivaban las piedras, mientras la 'Monark' negra recorría mi barrio, mi mundo y mi vida.

8:30 am Paradero 5 de la Carretera Central. Terminal 1: Tomaba el viejo bus de la compañía que me lleva a la fundición en Chosica. Nunca hablaba ni con el chofer y menos con el vecino de asiento. Solo la música en mi Walkman y yo, escondido tras mis lentes oscuros.

9:00 am La chicharra anunciaba el comienzo de día de trabajo. Un almacén oscuro con un foco de 50 watts era lo único que me ilumina. Las fichas, las guías y los archivadores me esperaban vetustos y oxidados cada día. Mick siempre susurra en mi oreja. “Simpathy for the devil”. Prefiería no conversar con nadie. Otra pitada y esta vez más profunda.

10:00 am a 6:00 pm La gente entraba y salía del almacén y nunca escuchaba lo que decían. Zig zags de personas sin nombre ni voz. La única voz que escuchaba era la de Mick Jagger con los roncos coros de Keith Richards. Una aspirada profunda, dura y seca del cigarro para sobrevivir.

7:00 pm Otra vez la bicicleta a gran velocidad. Directo al tanque, frente a la comisaría. Ahí estaban el 'Chino', 'Alejo', 'El Gordo' y Diez. Todos con los ojos reventados, las narices abiertas, los labios quemados y los oídos aturdidos. Momento del intercambio. Mi casette regrabado de croma del último de disco de Pink Floyd por un poco de valentía.

8:00 Un sueño profundo y amplio con los ojos abiertos. Los cinco echados en el césped mirando el fondo de ese tanque de agua sin agua. Los cigarros pasaban de mano en mano. Me quitaban el miedo. Con ellos si hablaba, cantaba, lloraba, pero solo lo que duraba mi vida con ellos. Luego regresaba el miedo. Entonces un poco de trago amargo y duro. Mucho mejor. Música, velocidad y mudes hasta llegar de nuevo a mi casa.

9:00 Comida caliente y siempre servida en la mesa. Mi vieja siempre jugaba solitario mientras mi papá se rompía la cabeza con el Geniograma gigante. “¿Que tal el día Nandito?” Bien, siempre bien. Devoraba la comida. La entrada, el segundo, el pan y pedía repetición. “Siempre con tanta hambre Nandito”. Nunca respondía. Corría a mi cuarto. Miraba a Mick en mi techo, a John en mi pared y el siempre enérgico Plant en mi closet. El Submarino Amarillo siempre me abría su puerta y yo me metía en el. Una pitada para relajarme y dormir.

Pero un día todo cambió. Ella apareció. Eran las 9:15 de la noche. Estaba con un uniforme plomo. Desafiando, seduciendo, interrumpiendo. Estaba atravesada en mi camino. No podía pasar. Ella estaba entre la vereda, la cerca de plantas y su casa. Puso su mano sobre el manubrio de mi bicicleta. Sus ojos negros me miraba fijamente. Sacó su cabello lacio de su cara, mojo sus labios rosados y me pidió un cigarro. Solo tenía uno. No sabía que decía, solo había música en mis oidos. Elton me soplaba a la oreja: “Y ahora ella está en mi, siempre conmigo, pequeña bailarina en mi mano”

Le ofrecí una pitada. Ella fumó conmigo. Sin miedo, sin ansias. Ella tomó mis audífonos. Ella también lo escucho y Elton me dio una mano. Ella bailó como una pequeña bailarina de ballet en un cofre de joyas. Hizo una reverencia y me sonrío. A partir de ese instante mi día tuvo una hora más:

9:15 Avanzaba con mi bicicleta a gran velocidad hasta pasar por su casa. Ella siempre se paraba en medio de la vereda. Sin preguntar se trepaba al estribo de mi bicicleta y yo partía raudo. Me quitaba los audífonos y se los ponía. Paul siempre hablaba por mi: “Toda la gente solitaria me rodeaba con su sonrisa. de dónde viene, toda la gente solitaria de dónde es”. Mientras viajábamos al Parque de las Brujas, ella rebuscaba en mi bolsillo delantero y sacaba una cajetilla. Música para nuestros oídos, cigarros para nuestros labios. Ella siempre me bailaba. Descalza de puntas me rodeaba con su sonrisa. Yo la amaba y no podía con esto.

Cómo decírselo sino hablaba. Como demostrarlo sino respiraba. Buscaba valentía envuelta. Valentía en dosis. Soy Dios, soy Superman, soy Dean, soy Jagger, soy John, Paul, Ringo y George a la vez. La bicicleta volaba sobre las cercas, mis pies eran diez, cien, mil. Cantaba en voz alta y manejaba sin manos. Era yo. Yo sin miedo. Frené con fuerza. Grité su nombre. ¡Angélica! Estaba listo para decírselo. Salió un viejo canoso por la venta. “Perro drogadicto vente con tu basura a otro lado o llamo a la policía. Fuera, fuera mierda”.

Nunca más pase por esa vereda. Nunca supe su apellido y ni siquiera su segundo nombre. Nunca la vi con otra ropa que no fuera su uniforme. Nunca le dije te quiero y menos te amo. Nunca la abrace. Nunca le tome la mano. Nunca más la vi. Siempre la soñé. Me fume la vida, me aspire las esperanzas, me trague el amor.

Nunca más se repitieron ni esos, ni los otros días. Me perdí en una pesadilla tan larga que solo desperté 25 años después tirado en la puerta de la Iglesia. Ahogado en mi vomito. Con los jeans rotos y una chompa apestosa. Mis labios ardiendo y mi nariz destrozada. El olor a kerosene se había apoderado de mi cuerpo. Regresé a mi casa. Ya no había un plato de comida. Mi vieja ya no estaba y tampoco mi papá. La casa tenía las paredes negras y de los muebles quedaba muy poco. Los posters raídos y los discos rotos. John ya no me acogía y Mick ni siquiera me consolaba. No había música en mis oídos. Solo mi cama.

En mi bolsillo solo había un cigarro duro y viejo y un par de fósforos. Lo prendí. Me quemó los labios. Este cigarro era dulce e indulgente. Me provocó un sueño extraño. Me dolió el corazón. Me eché y pensé en ella. Recordé cuando escuchaba mi música y bailaba para mi.

“Angie, aún te quiero. Acuérdate de todas aquellas noches que lloramos. Todos los sueños que abrazamos Parecen haberse esfumado. Déjame susurrarte al oído: "Angie, Angie ¿Adónde vamos desde aquí?" Mick cantó para nosotros. Tomé su mano y por fin le dije “te amo”. Luego cerré mis ojos y pude ser feliz. Un sueño dentro de otro sueño. Ya no quiero despertar. Me quedé dormido para siempre.

En memoria de “Pachito”.

miércoles, setiembre 08, 2010

La máquina del olvido




















¿Cómo se que he olvidado? Me preguntó. Yo, un especialista del olvido, un profesional de la memoria borrada, me sonreí. Lo miré a los ojos. Sus ojos húmedos y desolados. Lo vas a saber. Sin duda lo sabrás. Y lo sabrás porque ni siquiera te lo preguntarás. Él no fue feliz con mi respuesta. Una respuesta evasiva ante su realidad.

Y sin embargo, me apiadé de él. Lo tomé de la cabeza y le dije al oído. Te lo diré. Hay un consultorio, que no solo existe en las leyendas urbanas y los guiones de las películas. Un consultorio en donde te borran los recuerdos. Te dejan un espacio en blanco en la mente. Es una cauterización con lacer. Una sonda que entra por tu nariz y rastrea las evocaciones. Un pinchazo y se acabó. Solo una marca cerebral y nada más. No más llantos, ni anhelos ni esperanzas. Una lobotomía que incita la negación.

El me miró perplejo, pero tras titubear me pidió la dirección. Yo lo tomé del hombro y lo hice caminar conmigo. ¿Seguro? No hay vuelta atrás. El asintió con la cabeza. Entendí que quería olvidar con desesperación. Para olvidar tienes que, al menos, dejar de pensar en ella, le dije. Tienes que seguir una difícil dieta de recuerdos. La imagen de ella esta inflamada en tu cerebro y solo cuando ella sea un devaneo podrás cauterizarla en tu cerebro.

El afirmó con la cabeza, como estando dispuesto a todo. La dieta es estricta. Necesitas sacar todas las cosas de ella de tu casa, de tu vida. Cartas, fotos, ropa. Adiós masturbaciones con ella y ni siquiera se te ocurra los bailes imaginarios. No más conversaciones ficticias y aún menos remembranzas de ocurrencias que nunca ocurrieron pero querías que ocurran. Luego, y solo luego de eso, puedes ir al consultorio. De ahí, la intervención detendrá los influjos cerebrales de ella sobre tus pensamientos. Cada vez que quiera recordarla solo sangrará un poco tu nariz.

¿Tu lo hiciste? Me preguntó. No, no fue necesario. La dieta lo hizo todo. Arme una gran fogata y quemé todo de ella. Su perfume, sus apariciones, sus sueños, sus texturas, sus suspiros, sus ruidos, sus palabras. Todo. Al final no quedó nada más que mi vida. Mi vida sin ella. Mi vida sola. Su rostro se volvió un borrón y su voz solo una bruma. Los lugares donde fuimos se volvieron vulgares y las cosas que hicimos solo fatuos instantes sin el mayor simbolismo.

¿Y cuando te hablan de ella qué sientes? Nada o casi nada. Todo se trasforma en recuerdos sin olvido. Como un dejavú, como algo que viviste en algún momento. Como una inquietud casi imperceptible que te recorre y que se va. Como un suspiro sin aire y una nausea sin dolor. Como un llanto sin lágrimas. Tan solo un instante resumido en tan poco tiempo que ya no tiene valor alguno.

¿Cómo se llamaba? No lo sé. ¿Cómo saberlo? Si creo que ni pasó. “¿En verdad alguna vez estuvimos juntos?” me susurra alguien en mi mente ¿Quién me lo pregunta? ¿Quién me lo dijo? Pienso y pienso y no lo recuerdo. Escruto su voz, escudriño su imagen. Su cabello, su olor, su mirada, sus manos. Siento como un llanto, pero no me sale nada de los ojos. Un líquido me fluye por la nariz. Es un líquido rojo. Es sangre, mucha sangre.

Nota 1: Les dejo una canción...obviamente es Everybody´s Gotta Learn Sometimes de Beck de la película "Eterno Resplandor de una mente sin recuerdos".

Nota 2: Otro día les doy la dirección en Lima de la sucursal de Lacuna Inc. ;)

Nota 3: ¿Por qué volví? Porque no puedo dejar de escribir.


martes, julio 01, 2008

El conquistador

El no era ni muy alto, ni muy fornido, ni muy guapo, ni muy inteligente. Sin embargo, siempre lograba que todos hicieran lo que el quería. Tanto hombres como mujeres. Ellos para ser un poco como él. Ellas para ser parte de él. Se llamaba igual que yo y nos parecíamos tan poco.

Era todo lo que yo quería ser. Era guitarrista de un grupo de rock famoso, un mago de mil trucos, un conversador de cuatro idiomas, un mujeriego siempre inocente, un irresponsable con futuro, un talentoso sin esfuerzo.

Lo conocí en un hostel en Buenos Aires. Estaba en un sillón comiendo cereal. Frente a él estaba una chica inglesa tremendamente bella. Ojos azules, cabello rubio plomizo y un lunar cerca de la boca. Yo llegué y me puse a ver televisión. Él no hablaba, ella lo miraba y yo los espiaba.

¿De dónde eres?, me preguntó sin darle la más mínima bola a esa beldad que quería su atención. De Perú, ¿Sí? yo también. Era lo único que teníamos en común, junto con el nombre, y sin embargo eso fue suficiente para ser grandes amigos. La blonda niña se paró con violencia y arrojó el control remoto a su lado. Que jodidas son las gringas broder. ¿La conoces?, le pregunté. Creo que ella cree que es mi novia.

Éste sujeto con el mismo nombre que yo tenía el cabello lacio negro siempre desordenado (luego descubrí que usaba una secadora para despeinarlo). Tenía más de veinte tatuajes en todo el cuerpo y los que llamaron siempre más mi atención fueron: las letras chinas de su antebrazo, en homenaje a su ex novia y el joker en medio de la espalda, en recuerdo de su mayor vicio, las cartas. Siempre andaba con zapatillas de skater y gorros estrafalarios. A veces usaba jeans, otras buzo y en momentos de mayor exhibicionismo hasta una falda escocesa. Tenía ojos muy negros, con expresión de James Dean y unas cejas muy pobladas que ocultaban su imperceptible inseguridad.

Las noches eran su habitad y las gringas su debilidad. Ya va a comenzar con su método, me susurró el recepcionista argentino, con un poco de envidia, cuando lo vio llegar a una parrillada organizada en el hostel. ¿El método? una canción en su guitarra, un video en YouTube de un concierto multitudinario en Perú, una conversación en francés, inglés y alemán, un truco de cartas a lo David Blane y finalmente la estocada final, un truco con fuego. Nunca fallaba. Siempre terminaba con la chica más linda del instante.

Alguna vez me dijo: Soy roquero y hablo en muchos idiomas pero la magia es insustituible broder, nunca falla con las flacas. Y así en mes y medio que viví con él, llegué a contarle más de 20 chicas distintas. Todas ellas creyendo en su inocencia, pues en verdad era inocente. Todas subyugadas por su misterio, que no era otro que no tener misterios.

Él siempre se comportó como si les hiciera un favor a todas. Cómo si ellas hubieran tenido el placer de haber compartido un instante con él. Si se molestaban las mandaba volar y ellas siempre se quedaban levitando a su alrededor. Si se sentía solo, las atraía y si se sentía agobiado, las espantaba. Nunca con sentimiento de culpa y siempre con un olvido instantáneo. No había tiempo ni para la nostalgia. Tenía atrofiada la memoria a corto plazo con las mujeres, pues solo a través del tiempo las recordaba con cariño y orgullo.


Quizás por admiración o tal vez por imitación siempre me mantuve a su lado. Observaba cada uno de sus movimientos como queriendo descubrir el misterio del éxito. Siempre le prestaba ropa y le hacia la segunda en todas sus conquistas. Era quien corroboraba sus historias limeñas y quien lo sacaba de problemas ante un novio celoso. Lo respaldaba en todas sus apuestas en el casino y hasta le presté mi cama para que tuviera sexo con una australiana. Él a cambió me dio su lealtad.

Una vez tomando unas cervezas me dijo ¿Te acuerdas de la inglesa, Julia? ¿La del día que te conocí? Si, me casé con ella. La amé tanto que me casé ¿Y que vas a hacer? No se, ya se fue a Inglaterra. No se que haré, seguro no la vea más. Lo dijo con desconsuelo, pero con sosiego, con abatimiento pero sin desesperación. Satisfecho de haber amado al menos.

De todas las cosas que él podía ser, esto último era lo que más admiraba. Su capacidad de amar y olvidar. De creer que cada una de las mujeres que pasaban por sus labios era la persona de su vida en ese instante. Esa capacidad de regodearse en el amor instantáneo, efímero y pasajero, y sin embargo, seguir creyendo en el amor de su vida. Llegué a creer que a todas amó pero con ninguna tuvo una decepción. Que a todas quiso pero que a ninguna extraño. Nunca supe si era feliz.

Una escena de Casi Famosos para cerrar:


miércoles, junio 25, 2008

La montaña rusa de mi vida

Era la montaña rusa más grande que vi en mi vida. Las columnas de acero despegaban hasta el cielo atravesando las nubes. Los vueltas y sobrevueltas eran infinitas. Los pies de los suicidas iba por los aires mientras sus hombros eran atrapados por tenazas gigantes.

Yo siempre le tuve miedo a las montañas rusas. Siempre recuerdo esa montaña vieja de madera apolillada y acero oxidado de Fantacilandia, a la que mi hermano se subía infinidad de veces con excitación. Montaña a la que solo me subí una vez con los ojos bien cerrados. Sin embargo, por alguna razón decidí montarme en este juego mecánico aterrado con ella. La tomé de la mano y le dije: ¿Hay que subirnos?

Ella le tiene miedo a los aviones. No le gustan las alturas. Y menos emociones voladoras. Sin embargo, asentó la cabeza y acompañó. Estábamos en la cola al calvario escuchando los alaridos de los torturados. Ella movía los pies con velocidad mientras consumía los cigarros, uno tras otro. Yo la tomé de la mano, quité los cabellos que le caían sobre su rostro y la miré a los ojos. No tengas miedo estamos juntos.

Ella me creyó. Cerró los ojos y me dejó llevarla hasta los asientos. Los arneses de metal nos atraparon y nosotros nos amarramos las manos entre si. Pronto un empujón trajo el movimiento lento pero incesante. Track, track, track, track. Empezamos a subir hasta perdernos en las nubes. Pronto recordé porque le temía a las montañas rusas. Me sentía suspendido en la nada. Atrapado en el aire. No puedo, me cago de miedo, susurré.

Ella me escuchó y atrapo mi mano con fuerza. Mírame, mírame, estás conmigo, no sientas miedo. Yo no me voy a ir. Estaré contigo hasta la última caída. Yo le creí. Las cadenas nos llevaron hasta la cima de la montaña. Yo me dejé caer. Ella no me soltó. Cerré mis ojos con fuerza. Los tirabuzones nos llevaron de cabeza, boca abajo, boca arriba. Yo la espíe y logré abrir los ojos. El mundo se venía encima y ella no dejó de mirarme.

Llegamos a la última bajada. La más placentera. Esa en donde todos te miran. Los dos estábamos con los ojos bien abiertos. Las cadenas se detuvieron y tuvimos piso de nuevo. Las piernas nos temblaban pero logramos pararnos. Soltaron las amarras y nos abrazamos con fuerza. Bajamos emocionados y sonriendo. Corrimos hasta estar muy lejos de esa montaña de fierros.

Si buscas a la mujer de tu vida, busca una que se suba a una montaña rusa contigo.



Esto de Liniers va conmigo:




miércoles, junio 18, 2008

Sigo en la cantina

Siguiendo con el ciclo música de cantina para cortarse las venas con la botella rota, les dejo otras dos canciones melancólicas y miserables que ayudan a hundirse en el abatimiento y la desolación. Les recomiendo abrir una cerveza o ron con Coca Cola, prender un cigarro, poner la música a medio volumen y buscar una mesa de madera. Abrácese a si mismo, junte su brazos y hunda su cabeza en medio. Tome grandes tragos de licor y respire todo el humo que pueda. Piense en todos esos recuerdos ridículamente románticos. Los instantes de los besos inocentes. Los momentos de los abrazos intensos. Reconozca la canción con algún instante de su vida. Entierre sus recuerdos en un vaso con trago.

Mozo dos más¡¡¡

El triste del maestro José José



Que triste fue decirnos adios
Cuando adorabamos más...
Hasta la golondria emigro...
Presagiando el final...
Que triste luce todo sin ti,
Lo mares de las playas se van
Se tiñen los colores de gris
Hoy todo es soledad.
No sé, si vuelva a verte después,
No sé que de mi vida será
Sin el lucero azul de tu ser,
Que no me alumbra ya,
Hoy quiero saborear mi dolor...
Nooo, pido compasion y piedad
La historia de este amor se escribio para la eternidad
Que triste, todos dicen que soy
Que siempre estoy hablando de ti
No saben que pensando en tu amor, en tu amor
He podido ayudarme a vivir, he podido ayudarme a vivir.
Hoy quiero saborear mi dolor, no, pido compasión y piedad
La historia de este amor se escribio para la eternidad,
Que triste todos dicen que soy, que siempre estoy hablando de ti
No saben que pensando en tu amor en tu amor,
He podido ayudarme a vivir, he podido ayudarme a vivir, he podido ayudarme a vivir.

El Ladrón de tu Amor de Gualberto Ibarreto



Soy el ladrón de tu amor
tu mal recuerdo
soy el nombre que no quieres mencionar
y al saber de tu desprecio siento miedo
que nunca nunca me puedas perdonar
soy el ladrón de tu amor
y estoy confeso
yo se bien que no estarás cuando me vaya
y aunque te duela más aprendes de esto
que quien te hace llorar... es quien te ama
que quien te hace llorar... es quien te ama...

miércoles, mayo 28, 2008

Momento de resistir

Esta canción es de Duo Dinámico pero me gusta más la versión rockera de 13 Baladas. La letra es lo más:



Cuando pierda todas las partidas
Cuando duerma con la soledad
Cuando se me cierren las salidas
Y la noche no me deje en paz
Cuando sienta miedo del silencio
Cuando cueste mantenerse en pie
Cuando se rebelen los recuerdos
Y me pongan contra la pared
Resistiré, erguido frente a todo
Me volveré de hierro para endurecer la piel
Y aunque los vientos de la vida soplen fuerteSoy como el junco que se dobla,
Pero siempre sigue en pie
Resistiré, para seguir viviendoSoportaré los golpes y jamás me rendiré
Y aunque los sueños se me rompan en pedazos
Resistiré, resistiré.
Cuando el mundo pierda toda magia
Cuando mi enemigo sea yo
Cuando me apuñale la nostalgia
Y no reconozca ni mi voz
Cuando me aminace la locura
Cuando en mi moneda salga cruz
Cuando el diablo pase la factura
Si alguna vez me faltas tu
Resistiré...O si alguna vez me faltas tú.
Resistiré, erguido frente...

miércoles, mayo 07, 2008

¿Qué mierda hago aquí?

Las luces explotan en mi rostro mientras retumba Chemical Brothers. Mis compañeros de decidía miran atónitos a Dave Haslam. Estoy en la fiesta de la Hacienda en Aura. Chicas con jeans mascados y chicles apretados. Niños risueños de camisas estrechas y piernas abiertas. Todos con los rostros distorsionados y los cuerpos quebrados. Una vez más en mi vida me volví a preguntar ¿Qué mierda hago aquí?

Me doy cuenta que gran parte de mi vida me he estado preguntando ¿Qué mierda hago aquí? He vivido una vida de ¿Qué mierda hago aquí? Y tras treinta años estoy parado en medio de zombis poseros preguntándome ¿Qué mierda hago aquí?

Recuerdo que a los 15 años (a la mitad de mi vida) prometí nunca más ir a donde no me sintiera cómodo para jamás más decir ¿Qué mierda hago aquí? Llegué siempre justo al límite, al filo de la boca sonriente y los labios torcidos; sin embargo, nunca pude huir de esa interrogante.

A lo largo de mi vida he ido notando que bajo este custionamiento grave y distorsionada, simple pero poderosa, en la que se maneja el mundo: la gran onda del ¿Qué mierda hago aquí?, hay una baja frecuencia muy tenue y liviana que me libera de este trance. De esta maldita pregunta que decora mi vida.

Cuando deambulaba por la universidad. Entre esos pasillos de figuras y figuretis entendí que ese no era mi sitio. La cerveza se rebalsaba de mi boca y el dinero se agotaba sin ni siquiera tenerlo. Cuando se puso de moda tener novia yo salí de mi celibato obligado y decidí lanzarme a la línea alta. Esa achica fue la única que me miro, habló y pestañó. No me importó si era inteligente, interesante o bonita. (Era de todo un poco). Simplemente la hice mi enamorada. En ese instante fue que logré tocar un acorde nuevo y extraño en mi vida. Pude, por primera vez, mandar a todos a la mierda. Fue una gran sensación. No necesitaba de nadie nada. Por primera vez no me pregunte ¿Qué mierda hago aquí? Sin embargo, ella, una loca esquizofrénica, vanidosa y ególatra, destruyó con su voz cualquier rastro de esta pequeña frecuencia de tranquilidad.

Pase años intentado encontrar ese tono único y formidable que habia conocido por solo instantes.
Con mi primera novia de verdad (la del párrafo anterior no cuenta) intenté enamorarme sin amar, sin obsesionarme, sin ilusionarme. Tratando de ser parte de este mundo, en donde todos se bañan en su estiercol. Donde nadie se pregunta ¿Qué mierda hago aquí? Sin darme cuenta me enamoré, obsesioné e ilusioné. Por un momento encontré ese sonido bajo, etéreo y rítmico. Otra vez lo sentía. Sabia donde estaba y me gustaba estar allí. Intente captar el instante y me obsesioné con eso. Me autodestruí. Me obnubilé. La perdí

Con mi tercera novia decidí caminar al filo de la cornisa mirando de lejos toda esa mierda. Es así que ella me miró y me alcanzó. Se enamoró de mí y yo volví a encontrar ese acorde. Esta vez no solo fue un instante, sino, más bien, un tono constante el cual no iba ni muy alto ni muy bajo. Hasta que desapareció. Ella se enamoró y yo no. Una vez en su casa, hablando con sus papás y hermanos en la mesa, me volví a preguntar ¿Qué mierda hago aquí?

Hoy estoy en esta megalómana discoteca frente a un DJ y al costado de decenas de fantoches banales preguntándome ¿Qué mierda hago aquí?, la diferencia es que ahora sí se donde quiero estar. Se a donde quiero llegar. Donde está ella. Donde está esa armonía única e indescriptible. Ese acorde intenso pero delicioso, suave pero demoledor. Por primera vez en mi vida no solo se donde no quiero estar, sino se donde quiero terminar.

Esta canción es todo lo quiero hacer: Las Pelotas -Más que un deseo (Gracias por regalármela)




Más que un deseo
perfuma la noche,
no hace falta decir
por qué fue,
Busco tus ojos
si estoy nublado.
harto de mirar la realidad llegar.
el mar se mueve en el fondo,
no paramos de reír.
Si quiero abrazarte
hoy no tengo nada.
hasta donde puedo llegar no se.
el mar se mueve en el fondo,
no paramos de reír.
Te encontrare donde pueda,
me llevaras hasta el cielo,
perduraras en el aire
mientras te vuelvo un sueño.

domingo, abril 13, 2008

Es extraño extrañar

Nunca supe decir: te extraño. Siempre que tuve una novia, enamorada, amiga cariñosa o agarre de turno nunca pude decirle: te extrañé, te extraño, te extrañaba, te extrañaré. Siempre que una de ellas me preguntaba ¿me extrañaste? Nunca supe que responder.

Qué digo

Una vez tuve una novia. Linda, inteligente, sagaz y posesiva. Tras casi año y medio de relación (una eternidad a los 23 años) yo necesitaba respirar. Ella viajó a Cusco por quince días y para mi fueron largos días que se pasaron muy rápido. Estaba esperándola en el aeropuerto ansioso de saber que iba a sentir cuando la viera. Ella corrió, me abrazó y lanzó como una cuchilla esa filosa frase: ¿Me extrañaste? Nooooo, no te extrañé, la pase bomba con mis amigos, no le reporte a nadie mis movimientos al celular, no tenía que tomar una combi durante una hora para ir a tu casa, me emborrache desde jueves hasta domingo y el resto de días jugué play, poker, fútbol y frontón. Que buena vida. Si mi amor te extrañé mucho, le dije.

Qué no digo

Llevaba un mes en Buenos Aires viviendo días de locura desenfrenada en un hostel para gringos. Había dejado a mi novia en Lima bajo la incertidumbre de no saber si éramos enamorados o no. Hasta ahora no sé si lo éramos. En este alberge de turistas dos peruanos que estudiaba música y yo éramos los reyes. Españolas, inglesas, francesas, australianas, era un desfile de chicas de todas las nacionalidades. Los días eran para dormir y las noches para no dejar dormir. Cada tarde, tras levantarme, siempre me conectaba y me encontraba con mi compromiso peruano en el Messenger. Ella siempre me preguntaba ¿Me extrañas? Yo entre música, cerveza y nuevos amigos le decía la verdad: te extraño mucho.

Qué dije

Hace tres años en el traspaso de novia a novia salí con la chica más bonita y apasionado que he conocido. Era mi chica rebote. Esa chica que te ayuda a olvidar y que te hace conocer a tu siguiente novia. Ella era de esas mujeres que le tuercen el cuello a cualquier, y que por alguna razón le gustaba yo. Seguramente era mi falta de interés y mis desapariciones esporádicas lo que le causaba inestabilidad. Y esta inestabilidad incomprensible la que le provocaba la atracción. Este tipo de situaciones pasan solo cuando los planetas se alinean o ves dos estrellas fugases en el cielo limeño. Fue mi momento. Regresa de unas vacaciones en Cusco, en donde conocí a quien sería mi próxima novia, y lo primero que escuche de los lindos labios de la preciosa chica rebote fue: ¿Me extrañaste? yo le respondí: Si te digo que sí, me vas a decir mentiroso y te vas a amargar y si te digo que no, me vas a creer y te vas a amargar. Ella sonrió.

Qué nunca pensé decir

De ella me he despedido muchas veces. Dos veces vi su rostro alejarse en un taxi. Una vez miré su rostro entre un escaparate hasta desaparecer. Dos veces perdí su rostro entre la multitud de un aeropuerto. Y otra vez escuche extinguir su voz por un celular hasta tan solo oír el tono del teléfono. Una vez la reencontré en una tienda y recibí un abrazo profundo. Otra vez me sorprendió por la espalda en medio de un centro comercial. Una vez corrí hacia ella en el aeropuerto y la cargue de la cintura. Otra vez escuche su voz por la ventana y salí para encontrarme con su bello rostro. Todas estas veces sin que ella me preguntara le dije: te extrañe tanto. Todas las veces la abrace con los ojos cerrados. Todas estas veces ella me susurró, como si me dijera un secreto único e increíble, que ella también me extrañaba.

Como ando muy cursi ultimamente dejo esta canción para redondear el post. Luis Miguel con el bolero "Te extraño".



lunes, febrero 04, 2008

Qué se siente cuando terminas con tu novia

Esto lo escribí hace más de un año cuando termine con mi ahora ex novia. Esto sentía. Yo en medio de la redacción de un periódico mascando mi miseria y escribiendo estas trágicas lineas.

Dolor, pavor, miedo y espanto. Mi mayor temor soy yo. Ese yo que solo genera lágrimas. Ese yo amargo y furioso que grita e insulta. Una furia nacida en la incapacidad de amar.

Las sonrisas se entrecruzas con las lágrimas. Una mascara que se descascara. Que se desmorona en la mentira. La seudo felicidad se desvanece entre las grietas de la rabia.

Estoy enterrado en mi miseria. Estoy enfermo en mi avaricia. Un egoísta anda suelto gritándose y criticándose. Solo existe él y solo él. No hay lágrimas ni lamentos que lo detengan. El se alimenta del dolor ajeno. Bebe llanto y mastica sollozos.
Ella llora y el muere. La vida se desvanece. La agonía nace para perpetuarse. Las nauseas son signos de la incapacidad de llorar. Las arcadas son gritos sin aliento que atacan.

Todos murmullan y yo converso. Sonrió ante el gentío. Hablo ante la multitud. A veces camino y otras corro. Toda esa repugnante hipocresía la arrastro y la disperso. Pero el lastre cada vez se hace mas pesado. Ya no camino sino me arrastro. Perdí la capacidad de llorar, extravié la suerte y escape de la felicidad.
Nota: La caricatura es de Peter Bagge del comic The Megalomaniacal Spider-Man.

sábado, enero 12, 2008

Los tipos de solitarios o las múltiples formas de buscar el amor

Siempre estamos tras el ansiado equilibrio emocional y por lo tanto tras la tan sobrevalorada felicidad. Felicidad que se debería lograr a través del ya caduco amor. El amor que se cree solo es posible lograr a través del desprestigiado sexo. No siempre el sexo es con afecto. Muchas veces es más parte de la lujuria que de la ternura.

Dentro de esta vorágine de ansiedades por encontrar el camino y dejar atrás la oscura soledad, la especie humana se divide en cuatro tipos de solitarios:

El nunca solo: Hay un tipo de ser humano que nace con una carencia natural. Este defecto congénito es no poder vivir sin que alguien que lo ame. El amor como un medio de sobrevivencia. No importa la belleza ni el sexo. Esta tara no distingue formas. Si este tipo de especie busca amor y no lo encuentra, su vida es un calvario perpetuo. Busca en las relaciones una solución a su desesperación. Pero si esta persona llega a encontrar el amor y es traicionada, no hay dolor sino solo muerte. Este espécimen tiene tendencia al suicidio emocional permanente.

El porqué solo: Este tipo de personas son las que nacen con la natural inteligencia emocional. Nunca juegan a amar y nunca aman. Nunca buscan estar solos y cuando lo están lo disfrutan. Una especie sin stress emocional ni ansiedad sexual. Sin embargo, este poco riesgo a la tristeza hace que casi nunca encuentren el amor verdadero. El amor onírico que quizás no exista. Digo quizás. Este espécimen solo traiciona por sentido común, pero también es muy proclive a ser engañado. Nunca llora por amor, pero tampoco se emociona por una ilusión.

El anti solo: Un espécimen que vive de la seducción y el egoísmo. Persona que le huye a la soledad a través del encanto. El mayor placer de este tipo de especie es conquistar al otro sexo. Subestima a la soledad y se ríe de ella. Cree que ha encontrado la felicidad en aquellos instantes casi orgásmico del flirteo exitoso. Su estándar de felicidad está medido por el sexo y no por el amor. Es un adicto a la masturbación emocional y cree haber encontrado el amor en el apareamiento. Traiciona siempre y odia ser traicionado.

El siempre solo. Tipo de ser humano que vive con la orfandad del amor. Quien vive su soledad con placer y realiza en sus sueños las felicidades más cinematográficas. Este raro espécimen solo abre su inconciencia en una o dos oportunidades de la vida. Lapsus mentales en los cuales camina en la tierra con la esperanza de encontrar sus sueños. Es un tipo de persona que busca en las relaciones la solución a su carencia de amor planetario. Necesita ser amado infinitamente. Solo ama una vez y solo deja a su pareja tras la muerte. Nunca traiciona y puede morir de amor si es traicionado.

¿Qué tipo de solitario eres tu?

A continuación el extracto de un mail que recibí hace ya varios meses, en donde este extraño tipo de ser humano intenta crear una nueva forma de interrelacionarse:

“Para no hacernos mas paltas mejor será que sea explicita. Para bien o para mal, yo no busco una relación formal o no formal, seria o no seria, llamala como quieras, no busco nada. De encuentros bonitos, ocasionales, divertidos, cómplices y especiales no paso. En buen cristiano no me engancho con nadie, no espero nada de nadie y espero que no esperen nada de mi”

Espeluznantemente racional e intuitivo, pero condenada al fracaso. Ese mundo ideal no existe.

miércoles, diciembre 26, 2007

Los caminos de mi vida


Comencé el año soñando. Soñé que conocía una linda rubia de ojos brillantes. No conocía donde vivía, dormía y lloraba, pero conocía su sonrisa. No fue amor a primera vista. No la vi y la amé. Sino la amé y luego la vi. Estaba en mi cama desnuda y decidí contarle mi simple vida. A ella no la boté de mi cama. La escuche. La miré. La amé hasta quedarme dormido. Ella no quiso quedarse a dormir conmigo.

Intente volver a verla. Cerraba mis ojos con fuerza para encontrarlaa en mis sueños. Hacia grandes jornadas de sueño con Diasepan y Xanas. No estaba en los sueños ilógicos y tampoco en los amores platónicos. No la encontré en las extrañas pesadillas y aun menos en los sueños eróticos. Simplemente se esfumó.

De regreso en la habitación de mi vida quise reconstruir mis amores. Pisé tierra y supe que mi ex novia tenía novio. Me tomé un trago amargo de vodka, los observé, como por dos horas besándose en un bar. Era mi penitencia. Caminé rumbo a mi casa pero supe que ya no tenía casa.

Arrastrando los pies por las calles desvié mi ruta para buscar un lugar conocido. Busqué a mi amiga. A mi mejor amiga. A la chica de mis sueños y pesadillas. A los resquicios de mi alma romántica adolescente. A la niña que alguna vez transformé en mi amor imposible.

Nos besamos y abrazamos por horas. Me obsesioné. Quise verla siempre. Quise que fuera mi novia. La perseguí por semanas. Solo tocaba su sombra. Ella siempre huía. Yo vivía ensimismado en la terca idea de pensar que estaba enamorado. Luego en un lapsus de cordura decidí suicidarme. Le dije todo lo que sentía y pensaba. Ella corrió sin mirar atrás. Pensé que me había liberado.

Boté las piedras de mis zapatillas que no me dejaban caminar. Ahora podía correr. Corrí hasta desfallecer. Me dormí en un sueño blanco, muy blanco. Un sueño en donde solo estaba esa niña de ojos brillantes. La abracé por 60 segundos. Luego tuve que regresar a la realidad.

De regreso por mi vida comencé a vagar sin rumbo con la promesa de nunca más tener novia. Esta vez llegué a un callejón oscuro, sin salida y con tan solo una pequeña ventana vieja y sucia a un lado. Era el único escape. Ella me advirtió que era la peor ruta a seguir. Yo decidí caminarla y recorrerla. Los trechos tortuosos son mi especialidad, pensé.

Ella negaba con la cabeza pero aceptaba con su corazón. Su boca siempre me odiaba pero su mirada me quería. Yo me tapaba los ojos. Ella me tomaba de la mano y me guiaba. A veces quería que la abrace, otras que la bese. Finalmente, un día me empujó y huyó hasta perderse en la oscuridad.

Encogí los hombros y nunca supe que paso. Decidí fugarme de esta ciudad llena de furia. Tome una sobredosis de pastillas y tuve un sueño muy profundo. En el sueño nuevamente huía. Corría buscando que mis pulmones exploten. Quería que mis pies se pulvericen. Deseaba que mi corazón se derrita, pero ella me detuvo. Me miró con sus ojos brillantes, me tomó de las manos, volvió a sonreírme y supe que no me había olvidado.

Era ella nuevamente. Ella aterrizó en mi realidad. Decidió no ser tan solo un sueño. Caminamos de la mano por mis calles. Espantó mi vanalidad, combatió mi maldad y enfrentó mis obsesiones.

Tan solo sopló y todo desapareció. Corrió conmigo con tanta fuerza que desaparecimos de cualquier mundo. Todo era vació, blanco y puro. Nunca había llegado hasta un lugar tan cercano y lejano a la vez. Pude sonreír después de mucho tiempo. Besé con amor por primera vez. Los sueños a veces se hacen realidad.

lunes, octubre 29, 2007

Guía de cómo suicidarse emocionalmente (Tomo II)



¿Usted cree qué es inmune al amor? Luego de una gran travesía de cien mujeres, mil besos y millones de orgasmos, usted ya se siente un especialista en ellas. Un ensayista del gileo barato y un gurú del levante espontáneo. Sin embargo, en el fondo de su ser, usted sabe quien le gusta. Quien no solo le mueve el piso sino se lo agrieta.

¡Corra sin freno ya mismo, Por Dios! No mire para atrás pues no será sal, sino un meloso dulce. Es el momento preciso de alejarse de esa linda chica de ojos tan negros como su alma. De cabello tan largo como su lengua. De gesto tan adusto como su malevolencia.

Si estuvo solo con ella en un bar y en vez de intentar despreciarla le conversó va muy mal. Si en vez de besarla sin hablar le dio la mano, las cosas se están poniendo repugnantemente románticas. Si en ves de ignorarla por semanas la llamo al día siguiente, es casi un caso perdido.

Usted tiene una salida. Un escape decoroso y abrupto a la vez. Busque citas casuales, nunca premeditadas. Entérese en donde se esconde y por donde se escapa. Aparézcase siempre imprevistamente.

No la mire. No la escuche. No la salude. Ella al día siguiente buscará la mejor forma de entablar contacto. Podrá ser una llamada o tal vez por el Messenger. A pesar de su enorme orgullo, ella será capaz de dejar un mensaje en su celular pidiendo una cita.

Usted contrólese por favor. Ya sabemos que quiere correr a la puerta de su casa a decir: ¡Te amo¡ Pero no. Manténgase ecuánime y busque una salida. Solo los dos en cualquier sitio. Un bar, el cine, el teatro o simplemente la calle. No la mire mucho, no la escuche tanto.

En un momento de oscuridad déle la mano. Acaríciela y explore cada línea, cada imperfección. Bésela lentamente. Sienta sus labios y comparta su aliento. Abrácela con fuerza sin besarla y con los ojos bien cerrados.

Y si se presenta la noche en que estén en la puerta de su casa. Invítela a entrar.
Guíela por la oscuridad y acuéstela en la cama. Escóndala en las sábanas y obsérvela como se desvanece. Duerma con ella y levántese al día siguiente preguntándose por que mierda no le hizo el amor. Luego despiértela con un beso y busque su primera mirada.

Escóndala debajo de la almohada y apriete con fuerza. Apriete sus manos y búsquela debajo de todo. Escóndase de la realidad y dígale de manera casi silenciosa que la quiere. Dígale que todo es una farsa. Que usted realmente es esta persona oculta en las sábanas. Quien la mira a los ojos y quien le aprieta la mano.

Ella saltará de la cama. Se vestirá tan rápido como las buenas costumbres lo permiten y caminará velozmente, pero sin correr. Llenara su agenda de actividades inmediatas y saldrá despavorida de su casa.

Ya no sabrá nunca más de ella. Usted será libre nuevamente. Sentirá alivio y tranquilidad.

(Guía práctica de cómo suicidarse emocionalmente Tomo I)

domingo, setiembre 09, 2007

Ensayos de Amor parte II

Tal ves amar es ese sentimiento que alguna ves esa otra niña despertó en mi. Esa chica, la de mis insomnios permanentes y sueños irresolutos. Ese amor duradero mas allá del tiempo, espacio, distancia, confrontación, llanto, peleas, novios, novias, besos o sexo. Ese tipo de debilidad insana que te hace hacer lo que sea por ella.

Desde bochornosas cartas de amor y dolor, pasando por mails cobardes declarando todas las frustraciones amorosas por ella, hasta implacables desplantes para provocar su ira. No saludarla cuando entras, ignorarla cuando se te acerca y hasta besar a otra chica para llamar su atención. Una de esas mujeres con la cual siempre tienes que ir en sentido contrario al tiempo y espacio para lograr su reacción.

A una de esas pocas chicas a la cual uno es capas de decirle de manera extremadamente directa por que te gusta. La única persona con la que haz podido definir con palabras porque la quieres tanto . “me gustas por tu eterna incertidumbre por querer pero no amar y por amar pero no adorar”.

Una de esas mujeres que te pueden convencer de asesinar tus juramentos. Con una caricia en la mejilla, con un guiño instantáneo, con suave abrazo, con un susurro irresistible. Una de esas chicas que siempre están en tu lista de promesas a olvidar.

Una de esas lindas niñas por la que siempre te queda la loca y absolutamente remota posibilidad de poder, algún día, cuando ese día se a noche y esa noche día, estar con ella. ¿Eso es amor?

La frase "Ahora estás en mi lista de promesas a olvidar" es de La Chispa Adecuada de Heroes del Silencio.

domingo, agosto 26, 2007

Bonus Track: Música de sexo, amor y odio


Un CD que nunca regalé:

- Theme / Eternal Sunshine of the Spotless Mind
Sentado en una cómoda bútaca queriendo borrar su recuerdo pero espiándola como siempre.


- Bruce Springsteen / Jerry McGuire / Secret Garden
Caminando por una calle de Buenos Aires preguntándome porqué desapareció. Ella regresó.


- Radio Head / Karma Police
Paseando en un taxi intentado descifrar su seriedad y con la angustia de saber si debía darle la mano o no.


- The Cure / Love Song
Bailando entre las luces de una discoteca sabiendo que por fin solo quería quedarse conmigo.


- Pearl Jam / Nothingman
Saliendo espantando de un bar tras terminar con ella.


- Velvet Revolver / Fall To Pieces
Preguntándome si me quería, odiaba o deseaba.

martes, agosto 21, 2007

El amor efímero

Pasan y pasan. De derecha a izquierda, de un lado a otro. Como el paisaje de fondo en las caminatas de Pedro Picapiedra. Una banda de imágenes repetitivas e infinitas. Yo en un muy cómodo mueble en el aeropuerto de Atlanta veo como se me pasa la vida pensando en un amor efímero.

Una delgada y respingaba mujer de ojos claros camina como flotando. Un marine, recién llegado de Irak, corre sin mirar y se pierde entre el color crema del piso. Un impresionante gordo de 300 centímetros de diámetro hace su paso con un andar rítmico. Una mujer de piernas de galgo y torso de serpiente se arrastra con los ojos extraviados.

Una beldad de pelo negro, ojos más negros y sonrisa diforzada busca la mirada de los hombres. Cuando se va, la observo alejarse y ella con un sexto sentido se da cuenta que la admiro. Voltea y me mira con bronca y orgullo. Yo le sonrío.

Repaso mis pensamientos y me pregunto ¿Me gusta?, ¿Por qué me gusta? Intento dilucidar un futuro y la imagen más próxima no llega más allá de un mes de distancia. Vaya que soy ahora un especialista en lo inmediato. Otra vez pasa esa mujer de ojos relampagueantes. Me distraigo, pero regreso. Es la búsqueda de no buscar la que me lleva a una mujer que me gusta y amarga.

Su linda sonrisa radiante me atrae y me pierdo. Vuelvo. Nunca antes alguien me había demostrado tan poco. Tenemos algo llamado nada, o sea una relación llamada no relación. Las bellas piernas de la diva de pelo azabache se llevan mis pensamientos. ¿Relación?. No hay relación. Que piernas de esa mujer. Voy desde sus tobillos con medias blancas, hasta las rayas rojas de su pequeño short.

Quizás solo andaba extraviado y me enamore de mi reflejo. Repaso palabras como "si me dejo llevar" ¿llevar a dónde? Los labios tan rosados de la post adolecente de cabellera negra me dejan absorto Regreso a mi dilucidación.

Creo que me estoy convirtiendo en un detector de amores imposibles. Desato nudos y anudo cuerdas. Siempre encuentro una puerta de escape. La lejanía es mi aliada. El amor si tiene distancias. 100 kilómetros. Su cabello se revuelve con el aire del ventilador. Una bella espalda sin fin. Me pierdo de nuevo y en verdad esta vez no quiero regresar.

Quizás huelo lo efímero y me le acerco sin temor porque sé que hay un epílogo. Es como ver una buena película repetida. No como las francesas con final abierto. Mejor estas relaciones mudas donde no se puede decir que se siente. En las que escapas y huyes aunque no sabes quien te persigue. Ella tiene las mejillas rosadas mezcladas con una sonrisa larga. La miro. Ella se da cuenta. Sonríe y agacha su cabeza. Yo regreso. No puedo dejar de pensar.

Conclusión: soy un descifrador de laberintos con soluciones a la vuelta de la página. Ya se como resolver un juego antes de empezarlo. El destino siempre es previsible. Si te pregunta si estás dormido, despiértate, miente y di que estas en el umbral de tus sueños. Si te interroga si estas enamorado, miente y responde que solo crees en lo efímero. La linda niña de rizos negros espía lo que escribo. Ahora está a mi lado. ¿Qué haces aquí? Ella ríe. La amé por diez segundo. Mi avión está por partir.

viernes, julio 13, 2007

Cómo me veo muerto

El avión Lan Perú, que venía de Cusco con destino a Lima, se estrelló este mediodía en los andes de Huancavelica. Según reportó la propia línea aérea no hubo sobrevivientes. Entre los pasajeros estaba un periodista de esta casa editora.

Las miradas tiesas de todos esos desconocidos. Un alarido que despertó los gritos. Un gran ‘crash’ que hizo todo fuego. Este es el fin. Hay gran alivio en mi corazón. Ya se que moriré. Siento una presión en mi estomago. Es emoción egoísta. Todos llorarán y yo aquí feliz a punto de ser solo una mancha de sangre. Respiro rápido, más rápido. Los gritos se vuelven una gran bulla que es solo silencio.

Aprieto mis puños. Reviento mis dientes. Me como la lengua. Volteo los ojos. Rompo mi columna. Atoro el aire. Seco mi cerebro. Nada. Blanco, no negro. No hay color, es un color sin color. El olor es de incienso lacrimógeno. No me puedo parar pero estoy levantado. No levito pero no peso. No camino pero me muevo. Todavía vivo pero no respiro, no lato, no muero.

La noticia llegó por la radio. Mi mamá se desmayo, mi papá no pudo con la noticia. Mi hermano se encerró en el baño. Mis amigas lloraron demasiado y mis amigos votaron lágrimas en soledad. (Yo también te quiero brother). Yo ahí tieso y pálido, con la boca semiabierta.

Por Dios, que alguien cierre mi boca y que me cambie de corbata. Por que me pusieron terno el día de mi funeral, si nunca use uno. Mejor hubiera sido mi casaca negra y mi bufanda de colores. Hay gente que nunca pensé que llorarían por mi. Creo que lloran porque tienen miedo que les pase a ellos también.

Mamá. Duerme. Mírame, no estás soñando aunque sueñas. No llores, no sufras, no mueras. El dolor te quema la garganta, te inflama el corazón y te lleva a la sin razón. Mamá no sufras, déjame ir y no regresar. Te quise tanto que alumbraría tus sueños de por vida, pero no podría morir.

Tu. No llores más. Yo se que me amabas, me adorabas, me anhelabas. Yo siempre te amé y fue la última persona en que pensé antes de… De verdad lamento no habértelo dicho (en realidad vuelto a decir). No haber arriesgado. No haberte traído de regreso. Se que te fuiste por amarme demasiado. No sufras más. Yo lo haré por ti. Hice todo lo que quise hacer. Maté a todos los que debí matar. Y a pesar de amar tanto nunca supe amar.

martes, julio 03, 2007

Nunca será el último beso

¿Un beso debe significar algo? Aquel encuentro tan cercano que provoca una intimidad instantánea. Ese intercambio de aliento, saliva, angustias, ansias, pasión, virus, temor, deseo, enfermedades, confianza y a veces amor, ¿Debe ser un reflejo de amor o de un simple y descarnado síntoma de excitación?

Nunca el primer beso es el mejor pero siempre el más recordado. La intrincada operación de saber que tu beso será recibido siempre es una angustia, que solo a veces tiene un ensalivado y placido final.

¿Cuánto besos haz dado con amor? ¿Cuántos besos has dado sin alcohol? ¿Cuántos besos rememoras? ¿Qué besos no quieres recordar? ¿Hay personas que besaste y ni siquiera recuerdas su nombre?

Yo estaba en un pasadizo oscuro en una cola de uno para el baño. Miraba con detenimiento la boca de ese ser angustiado del cuadro “El Grito” de Munch, sin darme cuenta quien estaba en la habitación de al lado. Aunque solo fui al baño sabiendo que ella estaba en el cuarto.

Era incapaz de ingresar a su habitación, así que opte por orinar mis miedos. Me moje el cabello, me mire al espejo y ví quien era. Un chico con pocos besos (casi ninguno técnicamente). Nunca iría a su cuarto.

Cuando salí estaba ella también estaba esperando el baño. Yo saque esa encantadora risa forzada que tengo y la intente dejar pasar. Me hice más delgado que nunca y me empine hasta estar en puntas de pies, como una bailarina de ballet, con tal de ni siquiera rozarla. Mi cuerpo entraba en dos centímetros cuadrados, mientras ella intentaba ocupar el máximo espacio posible.

Yo perdí el equilibrio y me apoye en sus hombros. Ella deslizo su mano derecha hasta llegar a mi cintura mientras la otra tomó mi mano en su hombro. Estábamos bailando un vals de un segundo. En ese instante ella me miró a los ojos, soltó una sonrisa e hizo un minimovimiento con la ceja hacia arriba.

Su mano en mi cintura se deslizó de milímetro en milímetro, mientras yo busque su otra extremidad para entrelazar sus dedos. Era una danza mínima, pequeña, casi imperceptible. Ella acercó su rostro como para decirme un secreto y yo incliné mi cabeza para escucharla.

Olía a vainilla y su cabello era tan lacio que mi rostro se deslizó hasta su cuello. La piel de su mejilla era muy suave y su aliento era de cerveza, cigarro y rouge. Mi boca fue de su oreja, a su mejilla, a su boca. Un microsegundo de inmovilidad y luego esperé el primer movimiento. Nunca supe quien beso a quien.

Ese beso lo recuerdo, lo deseo y lo quiero. Casi todos mis besos han sido solo un espasmo de carne contra carne, aunque casi siempre he querido vivir ese instante de amor inconmensurable resumido en una caricia de labios y lengua.

miércoles, junio 27, 2007

No huyas más


Él estaba aferrado al timón y no quería soltarlo. Estaba aferrado a su pesadilla más terrible. Su cabello estaba mojado por ron y su rostro húmedo por sus lágrimas. Una pistola calibre 38 estaba tirada en el asiento del costado y las balas desperdigadas por todos lados. El solo lloraba como un niño. Pedía por su mamá. Sollozaba palabras indescifrables. Yo lo abrace.

Lo acurruque en mi hombro mientras intentaba sacar sus manos del volante. Eran piedra fría y dura y de repente solo arena tibia y fina. Temblaba y tiritaba. Me miraba y no me reconocía. Sus ojos recorría mis ojos y sus manos apretaban las mías. Luego, solo desconsuelo. Sus palabras chocaban en distintas direcciones. Sus dientes retumbaban en su boca.

¡Me querían matar! ¡Me querían matar! Me dispararon en la cabeza. Me rosearon de ron. Decían que iba a ser un suicido. ¡Dios!, me querían matar. Gritaba desconsolado, mientras buscaba refugio en mi corazón. Jugaron a la ruleta rusa, me disparaban una y otra ves y se reían. Y se ríen hasta ahora. Están cerca, aun están cerca. El auto estaba atravesado en medio de la calle. La gente se arremolinaba, las sirenas se alejaban y yo tomé el timón.

Lloró durante días. Lloraba y dormía. Dormía y sollozaba. ¡No quiero morir.¡ ¡No quiero morir¡ grita a veces aún cuando duerme. Yo lo escucho al otro lado del cuarto. Siempre paso mi mano por su pelo blanco. El se queda en silencio. Otras veces corre por la casa y yo lo detengo y abrazo. El huye, siempre huye. Yo solo lo cobijo con mis brazos mientras él llora.

A veces no puede caminar. Sus piernas son gelatina, sus brazos puré. Balbucea mi nombre para que lo recoja. Yo salgo sobresaltado de mi cama siempre. Siempre lo abrazo y lo cargo. Ya nadie te sigue. Ya nadie te mata. Ya nadie te acusa. Yo estoy aquí. Para levantarte, abrazarte y amarte.

El era tan alto que nunca pude verle la nuca. El era tan fuerte que me cargaba con un solo pie. El era tan serio que nunca me contaba un chiste. El era tan héroe que nunca nos contó su vida. El era tan triste que nos hizo felices. El era tan importante que siempre nos olvidaba. El era tan hombre que siempre nos amaba. Ahora yo lloro con él, vivo por él y moriré cuando él se vaya. No te vayas aún. Aún hay espacio en mis brazos.

domingo, junio 17, 2007

Sin ánimo de amar

Ya no vuelvo, no regreso, no retorno. No hay media vuelta, no hay salida de emergencia. Solo un túnel sin luz al final. Solo corro sin pensar quien me persigue. Corro sin saber cual es la meta. Corro como un ladrón y no como un corredor.

Es una huida y no una carrera. No hay festejos al lado del camino, pero si muertos al costado del sendero. Sin aliento, sin descanso, sin pensar. Transito hasta desfallecer en una maratón suicida. Esperando que los pulmones revienten, que el aire se acabe, que las piernas se quiebren, que los brazos no se batan. Busco tropezarme aunque siempre salto. Busco caer aunque siempre me levanto.

Mis manos arañadas son el testimonio de mis tropiezos, mis rodillas raspadas las pruebas de mi torpeza. Las cicatrices en mi cabeza el reflejo de mi estupidez.

No tengo compañía. Corro solo por propia decisión. El arrepentimiento me ha llevado a desviar mi rumbo. A veces fue una dolorosa cuesta arriba y otras una hermosa bajada.

Tú fuiste mi camino. Una ruta con destino. Un resplandor en las penumbras. La única parada. El aliento en mi garganta. El último latido en mí usado corazón.

No hay arrepentimientos en mi nuevo camino. Ni dolor en la tristeza, solo resignación.

jueves, junio 07, 2007

¿Cuanto sexo has tenido hasta ahora?


3 novias de verdad, otras 2 de mentira, 67 agarres y 20 amantes. Un record nada despreciable para alguien que dio su primer beso a los 18. Tengo 30 años de vida y más de 18 pensando solo en mujeres.

¿Cuantas veces abrace con los ojos cerrados?, ¿Cuántas veces bese con los ojos abiertos? Esa cuenta no la llevo. Pero recuerdo la última vez que quise que solo unos segundos fueran una letanía y que esas eternas horas acostado fueran solo un instante.

Dos momentos: El primero, espiando una tienda en medio de una ciudad nueva. Como un videoclip cursi o una película romántica estaba mirando a través del escaparate. Para ambientar el momento, escuchaba One de U2 en mi Ipod. Un cigarro en la boca, las manos temblorosas en los bolsillos y unos lentes oscuros para ocultar mis miedos. Esto ya lo había vivido viendo Los Años Maravillosos. Ella no era una mujer de cartón piedra.

Otro instante. En la cama de mi solitario cuarto abrazando un cuerpo caliente, ajeno y desconocidamente conocido. No hay palancas para que un agujero negro se abra en la cama y se lleve a mi compañía. No soy un prestidigitador para hacer desaparecer a mi novia del instante. No soy un hijo de puta para inventar una reunión de trabajo a las 5 de la mañana. La televisión pasa un capítulo de Friends y yo no quiero más sexo repetido.

Ella me mira con incredulidad, voltea para asegurarse de lo que ve. Se detiene a pensar un instante y se pierde en lo que le dice un cliente. Levanta sus ojos, sonríe sin mirarme y esquiva todos los obstáculos. Una góndola de ropa, un espejo gigante, una señora y su hija. Yo no termino de sacarme los lentes oscuros para mostrar mis miedos y ella salta sobre mí. La abrace sin abrir los ojos. Ella me entrelazo con sus brazos durante un minuto. No me quería dejar ir. Yo no me quería irme nunca más. Cambio las 2 horas de sexo por ese abrazo de 60 segundos.