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miércoles, junio 25, 2008

La montaña rusa de mi vida

Era la montaña rusa más grande que vi en mi vida. Las columnas de acero despegaban hasta el cielo atravesando las nubes. Los vueltas y sobrevueltas eran infinitas. Los pies de los suicidas iba por los aires mientras sus hombros eran atrapados por tenazas gigantes.

Yo siempre le tuve miedo a las montañas rusas. Siempre recuerdo esa montaña vieja de madera apolillada y acero oxidado de Fantacilandia, a la que mi hermano se subía infinidad de veces con excitación. Montaña a la que solo me subí una vez con los ojos bien cerrados. Sin embargo, por alguna razón decidí montarme en este juego mecánico aterrado con ella. La tomé de la mano y le dije: ¿Hay que subirnos?

Ella le tiene miedo a los aviones. No le gustan las alturas. Y menos emociones voladoras. Sin embargo, asentó la cabeza y acompañó. Estábamos en la cola al calvario escuchando los alaridos de los torturados. Ella movía los pies con velocidad mientras consumía los cigarros, uno tras otro. Yo la tomé de la mano, quité los cabellos que le caían sobre su rostro y la miré a los ojos. No tengas miedo estamos juntos.

Ella me creyó. Cerró los ojos y me dejó llevarla hasta los asientos. Los arneses de metal nos atraparon y nosotros nos amarramos las manos entre si. Pronto un empujón trajo el movimiento lento pero incesante. Track, track, track, track. Empezamos a subir hasta perdernos en las nubes. Pronto recordé porque le temía a las montañas rusas. Me sentía suspendido en la nada. Atrapado en el aire. No puedo, me cago de miedo, susurré.

Ella me escuchó y atrapo mi mano con fuerza. Mírame, mírame, estás conmigo, no sientas miedo. Yo no me voy a ir. Estaré contigo hasta la última caída. Yo le creí. Las cadenas nos llevaron hasta la cima de la montaña. Yo me dejé caer. Ella no me soltó. Cerré mis ojos con fuerza. Los tirabuzones nos llevaron de cabeza, boca abajo, boca arriba. Yo la espíe y logré abrir los ojos. El mundo se venía encima y ella no dejó de mirarme.

Llegamos a la última bajada. La más placentera. Esa en donde todos te miran. Los dos estábamos con los ojos bien abiertos. Las cadenas se detuvieron y tuvimos piso de nuevo. Las piernas nos temblaban pero logramos pararnos. Soltaron las amarras y nos abrazamos con fuerza. Bajamos emocionados y sonriendo. Corrimos hasta estar muy lejos de esa montaña de fierros.

Si buscas a la mujer de tu vida, busca una que se suba a una montaña rusa contigo.



Esto de Liniers va conmigo:




miércoles, mayo 07, 2008

¿Qué mierda hago aquí?

Las luces explotan en mi rostro mientras retumba Chemical Brothers. Mis compañeros de decidía miran atónitos a Dave Haslam. Estoy en la fiesta de la Hacienda en Aura. Chicas con jeans mascados y chicles apretados. Niños risueños de camisas estrechas y piernas abiertas. Todos con los rostros distorsionados y los cuerpos quebrados. Una vez más en mi vida me volví a preguntar ¿Qué mierda hago aquí?

Me doy cuenta que gran parte de mi vida me he estado preguntando ¿Qué mierda hago aquí? He vivido una vida de ¿Qué mierda hago aquí? Y tras treinta años estoy parado en medio de zombis poseros preguntándome ¿Qué mierda hago aquí?

Recuerdo que a los 15 años (a la mitad de mi vida) prometí nunca más ir a donde no me sintiera cómodo para jamás más decir ¿Qué mierda hago aquí? Llegué siempre justo al límite, al filo de la boca sonriente y los labios torcidos; sin embargo, nunca pude huir de esa interrogante.

A lo largo de mi vida he ido notando que bajo este custionamiento grave y distorsionada, simple pero poderosa, en la que se maneja el mundo: la gran onda del ¿Qué mierda hago aquí?, hay una baja frecuencia muy tenue y liviana que me libera de este trance. De esta maldita pregunta que decora mi vida.

Cuando deambulaba por la universidad. Entre esos pasillos de figuras y figuretis entendí que ese no era mi sitio. La cerveza se rebalsaba de mi boca y el dinero se agotaba sin ni siquiera tenerlo. Cuando se puso de moda tener novia yo salí de mi celibato obligado y decidí lanzarme a la línea alta. Esa achica fue la única que me miro, habló y pestañó. No me importó si era inteligente, interesante o bonita. (Era de todo un poco). Simplemente la hice mi enamorada. En ese instante fue que logré tocar un acorde nuevo y extraño en mi vida. Pude, por primera vez, mandar a todos a la mierda. Fue una gran sensación. No necesitaba de nadie nada. Por primera vez no me pregunte ¿Qué mierda hago aquí? Sin embargo, ella, una loca esquizofrénica, vanidosa y ególatra, destruyó con su voz cualquier rastro de esta pequeña frecuencia de tranquilidad.

Pase años intentado encontrar ese tono único y formidable que habia conocido por solo instantes.
Con mi primera novia de verdad (la del párrafo anterior no cuenta) intenté enamorarme sin amar, sin obsesionarme, sin ilusionarme. Tratando de ser parte de este mundo, en donde todos se bañan en su estiercol. Donde nadie se pregunta ¿Qué mierda hago aquí? Sin darme cuenta me enamoré, obsesioné e ilusioné. Por un momento encontré ese sonido bajo, etéreo y rítmico. Otra vez lo sentía. Sabia donde estaba y me gustaba estar allí. Intente captar el instante y me obsesioné con eso. Me autodestruí. Me obnubilé. La perdí

Con mi tercera novia decidí caminar al filo de la cornisa mirando de lejos toda esa mierda. Es así que ella me miró y me alcanzó. Se enamoró de mí y yo volví a encontrar ese acorde. Esta vez no solo fue un instante, sino, más bien, un tono constante el cual no iba ni muy alto ni muy bajo. Hasta que desapareció. Ella se enamoró y yo no. Una vez en su casa, hablando con sus papás y hermanos en la mesa, me volví a preguntar ¿Qué mierda hago aquí?

Hoy estoy en esta megalómana discoteca frente a un DJ y al costado de decenas de fantoches banales preguntándome ¿Qué mierda hago aquí?, la diferencia es que ahora sí se donde quiero estar. Se a donde quiero llegar. Donde está ella. Donde está esa armonía única e indescriptible. Ese acorde intenso pero delicioso, suave pero demoledor. Por primera vez en mi vida no solo se donde no quiero estar, sino se donde quiero terminar.

Esta canción es todo lo quiero hacer: Las Pelotas -Más que un deseo (Gracias por regalármela)




Más que un deseo
perfuma la noche,
no hace falta decir
por qué fue,
Busco tus ojos
si estoy nublado.
harto de mirar la realidad llegar.
el mar se mueve en el fondo,
no paramos de reír.
Si quiero abrazarte
hoy no tengo nada.
hasta donde puedo llegar no se.
el mar se mueve en el fondo,
no paramos de reír.
Te encontrare donde pueda,
me llevaras hasta el cielo,
perduraras en el aire
mientras te vuelvo un sueño.

miércoles, diciembre 26, 2007

Los caminos de mi vida


Comencé el año soñando. Soñé que conocía una linda rubia de ojos brillantes. No conocía donde vivía, dormía y lloraba, pero conocía su sonrisa. No fue amor a primera vista. No la vi y la amé. Sino la amé y luego la vi. Estaba en mi cama desnuda y decidí contarle mi simple vida. A ella no la boté de mi cama. La escuche. La miré. La amé hasta quedarme dormido. Ella no quiso quedarse a dormir conmigo.

Intente volver a verla. Cerraba mis ojos con fuerza para encontrarlaa en mis sueños. Hacia grandes jornadas de sueño con Diasepan y Xanas. No estaba en los sueños ilógicos y tampoco en los amores platónicos. No la encontré en las extrañas pesadillas y aun menos en los sueños eróticos. Simplemente se esfumó.

De regreso en la habitación de mi vida quise reconstruir mis amores. Pisé tierra y supe que mi ex novia tenía novio. Me tomé un trago amargo de vodka, los observé, como por dos horas besándose en un bar. Era mi penitencia. Caminé rumbo a mi casa pero supe que ya no tenía casa.

Arrastrando los pies por las calles desvié mi ruta para buscar un lugar conocido. Busqué a mi amiga. A mi mejor amiga. A la chica de mis sueños y pesadillas. A los resquicios de mi alma romántica adolescente. A la niña que alguna vez transformé en mi amor imposible.

Nos besamos y abrazamos por horas. Me obsesioné. Quise verla siempre. Quise que fuera mi novia. La perseguí por semanas. Solo tocaba su sombra. Ella siempre huía. Yo vivía ensimismado en la terca idea de pensar que estaba enamorado. Luego en un lapsus de cordura decidí suicidarme. Le dije todo lo que sentía y pensaba. Ella corrió sin mirar atrás. Pensé que me había liberado.

Boté las piedras de mis zapatillas que no me dejaban caminar. Ahora podía correr. Corrí hasta desfallecer. Me dormí en un sueño blanco, muy blanco. Un sueño en donde solo estaba esa niña de ojos brillantes. La abracé por 60 segundos. Luego tuve que regresar a la realidad.

De regreso por mi vida comencé a vagar sin rumbo con la promesa de nunca más tener novia. Esta vez llegué a un callejón oscuro, sin salida y con tan solo una pequeña ventana vieja y sucia a un lado. Era el único escape. Ella me advirtió que era la peor ruta a seguir. Yo decidí caminarla y recorrerla. Los trechos tortuosos son mi especialidad, pensé.

Ella negaba con la cabeza pero aceptaba con su corazón. Su boca siempre me odiaba pero su mirada me quería. Yo me tapaba los ojos. Ella me tomaba de la mano y me guiaba. A veces quería que la abrace, otras que la bese. Finalmente, un día me empujó y huyó hasta perderse en la oscuridad.

Encogí los hombros y nunca supe que paso. Decidí fugarme de esta ciudad llena de furia. Tome una sobredosis de pastillas y tuve un sueño muy profundo. En el sueño nuevamente huía. Corría buscando que mis pulmones exploten. Quería que mis pies se pulvericen. Deseaba que mi corazón se derrita, pero ella me detuvo. Me miró con sus ojos brillantes, me tomó de las manos, volvió a sonreírme y supe que no me había olvidado.

Era ella nuevamente. Ella aterrizó en mi realidad. Decidió no ser tan solo un sueño. Caminamos de la mano por mis calles. Espantó mi vanalidad, combatió mi maldad y enfrentó mis obsesiones.

Tan solo sopló y todo desapareció. Corrió conmigo con tanta fuerza que desaparecimos de cualquier mundo. Todo era vació, blanco y puro. Nunca había llegado hasta un lugar tan cercano y lejano a la vez. Pude sonreír después de mucho tiempo. Besé con amor por primera vez. Los sueños a veces se hacen realidad.

lunes, diciembre 03, 2007

Herir y ser heridos



No quiero verte. No quiero verte más. No hoy, no sé si mañana. No lo sé. Buen viaje. Las últimas palabras que escuché de ella. Y a pesar de tan obvio rechazo, repasaba cada palabra intentado encontrar una duda. “No hoy”. Es una molestia del momento. “No se si mañana”. Es decir, puede ser que tal vez la vuelva ver. “No lo sé”. Lo está dudando. En el fondo todavía me quiere.

No sé que decirte. Ahora creo que no puedo asumir todo esto. No lo sé, tan solo no lo sé. Fuero mis últimas palabras antes de despedirme de ella. Planeé esas palabras durante dos semanas. Frente al espejo, antes de dormir y cada vez que fumada. “No sé que decirte”. O sea lo sé hace mucho tiempo. “Ahora creo”. Siempre lo creeré. “No lo sé”. Es que si lo sé, pero no puedo reconocerlo.

Tres meses después la logré encontrar. Fue una reunión provocada. Sabía que iría. Quería enfrentar mi infierno. Saludé con cortesía. Me perdí en las conversaciones. Me crucé tres veces con ella. Intercambiamos una mirada. Ella evitó mis ojos dos veces. Le toqué el hombro al saludarla y despedirme. No nos miramos al sentarnos cerca. Lo único que le dije fue: cuídate. Ella solo me dijo: Chau.

Pasaron varias semanas antes de volverla a ver. Estaba en un bar con unos amigos. Muchas cervezas, chistes malos y miradas cómplices. Ella bordeó la barra. Se dejó ver y la miré. Levanté las cejas para saludarla. Ella buscó su risa más reluciente. Ella me dió un largo beso en la mejilla. Ella sonrió nerviosa. Le toqué el hombro mientras hablábamos. Ella habló mucho pero no logró una conversación coherente. La abracé con fuerza. Me despedí rápido. Le dije: cuídate. Ella buscó en adiós en el suelo. Me miró, me tomó la mano y me dijo: tú también.
Una canción: Playground Love de Air

domingo, noviembre 25, 2007

No se puede ser más triste

Uno cuando es un post adolescente cree siempre que no se puede ser mas triste. Yo a los 19 años vivía los problemas de amor más grandes del universo. Reales tragedias griegas, terribles telelloronas venezolanas y cursilescas películas gringas. Nunca había un nuevo comienzo. Siempre era el final de mis días como enamorado. Nunca creí en el mañana.

Yo estaba al borde de una piscina, de noche, viendo como ella se bañaba. Ella nadaba de un lado a otro sin espantarse con mi presencia. Es más, creo que estaba feliz de que su ex noviecito (estuve con ella dos meses) la contemplara. Su cuerpo se perdía entre el celeste del agua con cloro, mientras sus ojos rojos se iluminaban con los reflectores submarinos.

Ella jugueteaba con el agua, chapoteando con tiernas amenazas de mojarme. Yo me sonreía. Era uno de esos días en los que me sentía invulnerable. Ella se abrigó con una toalla y jaló una silla a mi lado. Yo la miré. Ella sonrió y se acercó aún más.

Te tengo algo que contar, pero me juras que no te amargas, me dijo medio en broma, medio en serio. Dime no hay problema. Si hay problemas y muchos pensé. ¿Te acuerdas la fiesta de July?, me interrogó. Claro, sí me acuerdo, llegaste conmigo pero desapareciste, dije con sarcasmo. Ese día me besé con Rodrigo, dijo sin pasar saliva. Vete a la mierda, le susurre al oído.

Ella quiso abrázame. Me mojó la camisa. Yo me liberé de sus brazos y salí corriendo. Con todo el derecho de un ex despechado me creí traicionado. Sin ninguna razón lógica o legal era un jovenzuelo enamorado que se sentía desengañado por el amor de una perversa niña indecisa y besucona.

En la casa de playa de mi mejor amigo había una gran fiesta. Me hundí en la muchedumbre y repartí risas hipócritas. Me serví un muy cargado vaso de vodka con Sprite y me lo eché de un solo trago. Cuando esa multitud se fue individualizando y las miradas se daban cuenta de mi presencia es que decidí escapar.

Corrí hacia la playa y me refugié en las sombrillas de paja. Esa fue la primera vez que le conté al mar mis penas de amor. Conversé largo rato con él hasta que una sombra me trajo a la realidad. Era una chica que al igual que yo se confesaba ante las olas. Estaba en cuclillas tirándole arena a la espuma.

Yo sequé mis gélidas lágrimas y me acerqué a ella. Parece que estamos en las mismas, la interrumpí. Ella me miró de arriba abajo, respiró y decidió hablarme. Si pues parece que estamos en la misma situación. ¿Tú por qué haz escapado?, le pregunté. Luego las palabras fueron yendo de un oído a otro hasta lograr una cómoda conversación.

Ella me contó de cómo su mejor amiga se había besado con un chico que a ella le gustaba (vaya tragedia), mientras yo le hacia un recuento detallada de cómo la perra de mi ex había agarrado con Rodrigo. Los dos vivíamos con extremo dolor y al borde del llanto tremendos dramas.

Era una escena demasiado cinematográfica como para no vivirla. Dos tristes que se encuentran en medio de una playa para confesar su abatimiento. Su rostro era una gran sombra, en donde lo único que brillaba eran sus lágrimas. Tenía el cabello largo y las piernas aún más largas. Era de sonrisa aguda y sollozo grave. Tenía un lindo perfil y seguramente unos ojos muy lindos. La veía pero no la reconocía. Sabía que era linda aunque no pudiera escrutarla con la mirada.

Antes de irme le explique lo novelesco de nuestro encuentro. Le confesé que era como un poema triste o un libro de afligidos. Que nuestra escena era la de una tragedia teatral y el instante cumbre de una película de Meg Ryan. Un momento tan único que tan solo podría ser realmente especial si lo culminábamos con un beso. Un beso de redención. Un instante de traición. Una historia para contar y un secreto que revelar.

Ella sonrió y por fin sentí un poco de felicidad en su desdicha. Miró al mar y le dijo que no se lo cuente a nadie y barrio a la luna y las estrellas para que no hubiera luz. Mi propuesta no tenía resquicios para la negación. No había forma de no vivir este cuento corto de final obvio.

Nos arrodillamos uno frente al otro mientras el mar nos espiaba. Yo tomé su hombro mientras ella acercó su boca. Me dio un beso en la mejilla. Las olas resonaban haciendo un rumor de nuestra culpa. Yo me sentía aliviado con su beso. Ella, traicionada por su poca audacia. Se acercó de nuevo a mí y me besó con fuerza sin abrir la boca. No me dio tiempo para abrazarla. Tras varios segundos ella huyó.

Corrió por la arena. Un gusto en conocerte, ya nos veremos, dijo a voz en cuello mientras se alejaba. Yo mate mi miseria en un instante. La tristeza no existía y mi corazón estaba limpio. Supe que no era tan triste y reconocí el valor de la redención en los besos de otra mujer. El mañana nunca es peor y si es peor habrá que experimentarlo.

Regrese a la fiesta y no conté lo que me había pasado. Nunca se lo conté a nadie. Era una historia demasiado cliché y cursi para hacerla un cuento.

martes, noviembre 06, 2007

Canciones y recuerdos

free music


Difícil – Los Piojos
Una canción regalada para recordar mi vida en Buenos Aires. Es tan difícil olvidar y es imposible no recordar. Noches oscuras y evocaciones iluminadas. Los momentos felices nunca se van mientras vivan en tus sueños. Nunca una canción tan bien puesta. “Nada para hacer solo si no estás acá”.


Si tú no vuelves - Miguel Bosé
Una de esas canciones que te torturan y repican en la mente por más que ya no suenen. La escuchaba mientras escribía, caminaba y dormía. Ella la cantaba en voz alta mientras se alejaba. Yo la tarareaba sabiendo que no regresaría.

Anhelo de Satisfacción - Catupecu Machu
Solo corriendo hacia un concierto. Ella no contestó más el teléfono y pensé que podía vivir solo. 40 mil personas saltando a la vez. Yo mirando el cielo creyendo que podría olvidarme de ella. Me equivoqué.

Crímenes Perfectos
Caminaba con rumbo al mar pensando en cómo había terminado con ella. La única vez que me arrepentí. La única vez que di marcha atrás. Supe que se puede andar en reversa. Que se puede rebobinar y empezar de nuevo.

Grita – Jarabe de Palo
Puse la canción en mi carro apenas ella entró. Ella me guiño el ojo y comenzó a cantar. Miraba por la ventana y el viento le caía sobre el rostro. Yo manejaba sin mirar la pista. Me choque y desperté.

Prófugos – Soda Stereo
Ella era inalcanzable e insuperable, pero aún así estaba bailando conmigo. No sabía como había llegado hasta allí. Ella era una cómplice de mi fantasía. Son esas veces que ser yo vale más que mil imitaciones.

lunes, octubre 29, 2007

Guía de cómo suicidarse emocionalmente (Tomo II)



¿Usted cree qué es inmune al amor? Luego de una gran travesía de cien mujeres, mil besos y millones de orgasmos, usted ya se siente un especialista en ellas. Un ensayista del gileo barato y un gurú del levante espontáneo. Sin embargo, en el fondo de su ser, usted sabe quien le gusta. Quien no solo le mueve el piso sino se lo agrieta.

¡Corra sin freno ya mismo, Por Dios! No mire para atrás pues no será sal, sino un meloso dulce. Es el momento preciso de alejarse de esa linda chica de ojos tan negros como su alma. De cabello tan largo como su lengua. De gesto tan adusto como su malevolencia.

Si estuvo solo con ella en un bar y en vez de intentar despreciarla le conversó va muy mal. Si en vez de besarla sin hablar le dio la mano, las cosas se están poniendo repugnantemente románticas. Si en ves de ignorarla por semanas la llamo al día siguiente, es casi un caso perdido.

Usted tiene una salida. Un escape decoroso y abrupto a la vez. Busque citas casuales, nunca premeditadas. Entérese en donde se esconde y por donde se escapa. Aparézcase siempre imprevistamente.

No la mire. No la escuche. No la salude. Ella al día siguiente buscará la mejor forma de entablar contacto. Podrá ser una llamada o tal vez por el Messenger. A pesar de su enorme orgullo, ella será capaz de dejar un mensaje en su celular pidiendo una cita.

Usted contrólese por favor. Ya sabemos que quiere correr a la puerta de su casa a decir: ¡Te amo¡ Pero no. Manténgase ecuánime y busque una salida. Solo los dos en cualquier sitio. Un bar, el cine, el teatro o simplemente la calle. No la mire mucho, no la escuche tanto.

En un momento de oscuridad déle la mano. Acaríciela y explore cada línea, cada imperfección. Bésela lentamente. Sienta sus labios y comparta su aliento. Abrácela con fuerza sin besarla y con los ojos bien cerrados.

Y si se presenta la noche en que estén en la puerta de su casa. Invítela a entrar.
Guíela por la oscuridad y acuéstela en la cama. Escóndala en las sábanas y obsérvela como se desvanece. Duerma con ella y levántese al día siguiente preguntándose por que mierda no le hizo el amor. Luego despiértela con un beso y busque su primera mirada.

Escóndala debajo de la almohada y apriete con fuerza. Apriete sus manos y búsquela debajo de todo. Escóndase de la realidad y dígale de manera casi silenciosa que la quiere. Dígale que todo es una farsa. Que usted realmente es esta persona oculta en las sábanas. Quien la mira a los ojos y quien le aprieta la mano.

Ella saltará de la cama. Se vestirá tan rápido como las buenas costumbres lo permiten y caminará velozmente, pero sin correr. Llenara su agenda de actividades inmediatas y saldrá despavorida de su casa.

Ya no sabrá nunca más de ella. Usted será libre nuevamente. Sentirá alivio y tranquilidad.

(Guía práctica de cómo suicidarse emocionalmente Tomo I)

jueves, octubre 04, 2007

Besos y no besos

Un día llegué a una fiesta con una amiga que no quería que sea mi amiga. Pronto estaba solo en medio de luces de neón, gélido humo y bailes desmembrados. Mi compañera ya me había abandonado.

No hay nada más placentero que fumar y tomar una cerveza mirando a toda esa masa de desconocidos comportándose de manera estúpidamente previsible. El templado que sueña, el afanador que rebota, la coqueta que se contornea, la loca que baila.

Divagaba con mis pies. Pensaba con mis manos. Fumando y tomando. Soñando y aluciando. Pronto estaba en una de esas inconexas conversaciones con un barbudo que estaba del otro lado del mundo. En esta clase de instantes, siempre me odio, pues por más que paresca una buena imitación de alguien que disfruta su libertad, luego me traiciono. No puedo evitar estar pendiente de todo. Del amigo. De ella. De mí. De ellos.

Construí un callejón humano que iba desde mis ojos hasta su sonrisa. Estaba en una cámara lenta eterna. Sus manos peinando el cabello. Sus labios murmurando. Los ojos fijos sobre su amigo. Su pie nervioso siguiendo el ritmo de la música.

“Agárratela”, interrumpió mi barbado y esfumado compañero. Yo con mucho porro y alcohol en mis pulmones y venas salí raudo tras ella. (decisiones sin pensamiento) En estos casos he aprendido que si quieres besar a una linda niña no hay que decir mucho. No hay que pedir permiso. No hay que rogar por una posibilidad. Simplemente la miras a los ojos y ya lo sabes.

Estábamos atrapados en una angosta cocina. Yo me aproximé sin dejarla huir. En un solo instante ella se dio cuenta de lo que sucedía. Me miró a los ojos. Yo ví sus labios. Ella decía palabras sin sonidos. Sus brazos suaves y sus manos aún más suaves. Su cabeza de un lado la mía del otro.

Su boca muy cerca y yo aun más cerca. Un pequeño moviendo y un beso en la mejilla. (¡Mierda!). No entiendo. Ahora no. ¿Entonces cuando? En 48 horas. Me abrazó con mucha fuerza. La deje ir. Me quede solo en la cocina. Vague por la oscuridad decodificando lo que me había dicho. Por qué las mujeres no te miran a la cara y te dicen: no quiero besarte. Escapé como un vil ladrón. Trepé a mi auto y salí volado.

Me desperté feliz. Miré al techo y recordé el episodio. ¡Dios! Me enterré en mis sabanas. Me ahogué con mi almohada. Me acorde de la escena. Me quería dormir para siempre. Mucho pisco, demasiados cigarros y desproporcionados deseos. Me traicioné.

Uno nunca acepta consejos. No le haces casos a las advertencias. Si está loca, me gustan las locas. Si es mala, me gustan las malas. Y si ella te volteo la cara es un fascinante reto por resolver. Una apuesta personal. Ese beso negado llevó a más que eso, finalmente. Cariño sin amor y afecto simulado.

Si la besada ese día nunca más la buscaba. Un ahorro de mentiras y angustias. De saliva y lágrimas. Nunca hubiera existido una versión de mí basada en ella. Ni una ficción construida en su psicosis por no amar. Ahora se que la infelicidad era su fantasía perfecta. Ella dejó que el dolor curta su piel. Y yo siempre fui un desconocido. Por eso ahora yo respiro con alivio .

Video: Al Vacio - No Te Va a Gustar... atención con la letra...




Video: Otra canción, un clasico, Loquillo - La Mataré

jueves, setiembre 20, 2007

Si tu no vuelves

Sólo estoy sólo y estoy solo buscando a alguien. Solo a alguien que me está esperando. Que me espera y me condena. Me entiende y sino me entiende me comprende.

Alguien que recuerdo cuando estoy lejos y extraño cuando estoy cerca. Una ella que es ella y que sabe quien soy yo. Un amor errante. Un cariño ambulante.

Soy el vagabundo de tu pequeño mundo. Camino por tus pensamientos. Corro rumbo a tu vida.

Estoy cansado de vagar. Loco por despertar. Solo quiero volver a una casa. A mi casa. El hogar que abandone. La cama que deje sin tender. El corazón que olvide.

Quiero reencontrar a esa niña perdida. La que se extravió en mi vida. La que se equivoco en mi ruta.

(Palabras robadas de Calamaro)

martes, setiembre 18, 2007

¿La conoces?

¿Cómo puedes conocer tanto a alguien y al final no saber ni como se llama? Su nombre era el sonido que conocí desde que nací. El primer nombre que escuche al nacer y sin embargo no sabía quien era.

Sabía que su piel era tan suave que mi tacto se desvanecía al tocarla, pero no conocí la razón de la cicatriz que interrumpía la perfección.

Conocía el color verde que se escondía tras el iris de sus ojos marrones, amarillos y pardos; pero no sabia en quien pensaba cuando su mirada se perdía.

Hablaba con una voz aguda y casi silbada, sin embargo no entendí sus silencios y aún menos sus palabras.

Encontré el sitio donde siempre estuvo parada, pero nunca conocí el lugar dónde se escondía. Conocí su deseo y pasión pero no supe si quería amar.
"Siempre he preferido un beso prolongado, aunque sepas que mientes aunque sepas que es falso" .

Cita: Nuevamente Heroes del Silencio. Aquí les dejo el video de La Herida. En Buenos Aires me esperan...


domingo, setiembre 09, 2007

Ensayos de Amor parte II

Tal ves amar es ese sentimiento que alguna ves esa otra niña despertó en mi. Esa chica, la de mis insomnios permanentes y sueños irresolutos. Ese amor duradero mas allá del tiempo, espacio, distancia, confrontación, llanto, peleas, novios, novias, besos o sexo. Ese tipo de debilidad insana que te hace hacer lo que sea por ella.

Desde bochornosas cartas de amor y dolor, pasando por mails cobardes declarando todas las frustraciones amorosas por ella, hasta implacables desplantes para provocar su ira. No saludarla cuando entras, ignorarla cuando se te acerca y hasta besar a otra chica para llamar su atención. Una de esas mujeres con la cual siempre tienes que ir en sentido contrario al tiempo y espacio para lograr su reacción.

A una de esas pocas chicas a la cual uno es capas de decirle de manera extremadamente directa por que te gusta. La única persona con la que haz podido definir con palabras porque la quieres tanto . “me gustas por tu eterna incertidumbre por querer pero no amar y por amar pero no adorar”.

Una de esas mujeres que te pueden convencer de asesinar tus juramentos. Con una caricia en la mejilla, con un guiño instantáneo, con suave abrazo, con un susurro irresistible. Una de esas chicas que siempre están en tu lista de promesas a olvidar.

Una de esas lindas niñas por la que siempre te queda la loca y absolutamente remota posibilidad de poder, algún día, cuando ese día se a noche y esa noche día, estar con ella. ¿Eso es amor?

La frase "Ahora estás en mi lista de promesas a olvidar" es de La Chispa Adecuada de Heroes del Silencio.

domingo, agosto 05, 2007

Ruta para ciegos

Una vez más estoy frente a este camino. Dos paralelas que se unen en la oscuridad. Una ruta, un trayecto, un fin. ¿Corro, trepo, troto o camino? He desechado un mapa, la brújula y no le hago caso al sol. Caminaré de espaldas y con los ojos bien cerrados.

Bucearé contra la corriente y correré en el sentido contrario a las manecillas del reloj. Siempre huyendo del horizonte. Siempre seguro de no estar seguro. Caminaré de espaldas con los pies volteados y a ciegas pero mirando con el ojo de mi nuca.

Ella pide que me aleje pero se acerca. Me empuja pero me atrae. Me espanta pero me llama. Yo la ignoro pero la espió, la evito pero la me la tropiezo, le huyo pero siempre me la encuentro.

No me gustas porque espantas mis promesas, ignoras mis juramentos, destrozas mis sueños. No me encantas porque atraviesas mis pasos, corrompes mis ilusiones, aceptas mis palabras. No me atraes porque respiras mi aliento, obsequias tu cuello, abrazas mi mano. Te quiero porque huyes de tus deseos, apartas tus sensaciones, reconoces tus debilidades.

Las palabras están de cabeza y el mundo gira al inverso. Salto y me hundo, corro y me alejo, te traigo pero te vas. Una ruta para atrás con curvas rectas, cerros profundos y pendientes muy planas. En zigzag, sin parar, sin hablar y sin sentir.

lunes, julio 09, 2007

La fórmula de un encuentro


Era una cueva de vanidad. Oscuro con luces multicolores y música a un volumen grosero. La mesera, delgada y asustada, nos servía la cerveza, ante las ansiosas miradas y algunos besos volados de mis amigos de oportunidad. Era un desfile de baja costura, en donde cada niña que modelaba hacia la pista de baile, era víctima de un comentario mordaz y lascivo de uno de mis compañeros.

Era una de esas noches en las que uno sabe que no pasará nada y que, sin embargo, como un buen cholo terco, uno termina intentado algo. Al notar la algarabía solitaria masculina de mis amigos, opte por pasear por la zona de baile. Un cigarro en una mano y cerveza en la otra, partí armado a la travesía. Tocaban una canción de ‘Chemical Brother’. Yo saltaba con cada ‘punchin punchin’, pero poco después de unos minutos me senté en una esquina y, como siempre, acepté que esto no era para mí.

Pedí convidado varios cigarros, busque algunos encendedores y di muchas disculpas por un furtivo empujón. Esto nunca será para mí. Nunca podré recitar una frase estúpidamente premeditada. No podré mentirle a una mujer y hacerme el interesado de su banal existencia. Tampoco me venderé al mercado de la carne con una actuación humillante de rico papa de discoteca (terno blanco y camisa negra). Nunca seré un Don Juan actualizado o ese Fonsi de chasquidos mágicos o aquel John Travolta de baile iluminado.

Regresé. Me senté con mi jauría de aulladores amigos. “Ey ey”, por aquí. “Ts ts”, por allá. “Bss Bss”, más acá. A mis correligionarios de levante tampoco les iba nada bien. Pero la valentía del licor hacia su efecto y uno de los perros de caza salió al escenario. Dos pasos a la derecha, tres a la izquierda, un tambalear de rumba y la cerveza llegó al escote de una linda dama de turgentes senos de la barra. Yo como siempre un protector del decoro y las buenas costumbres salí al salvataje.

Lo abrace, saque de la escena y le pedí disculpas a la escotada dama. Ella, una linda morocha, odió a mi amigo y de paso a mí. Yo curado en salud, la miré con desdeño y seguí mi camino. Me fui a tomar una cerveza, para pasar el mal trago de este desprecio en versión continuada y sin cortes comerciales.

Una cola de cinco niñas me esperaba en la barra. Yo miraba al piso buscando algo que perdí, cuando un brazo con un tatuaje tribal se cruzo en mi sueño. Lindo tatuaje, le dije sin levantar la mirada. Los dibujos en los cuerpos siempre me traen recuerdos felices. En este caso ese brazo era de un cuerpo y ese cuerpo de una rubia de larga sonrisa.

Ella me preguntó si yo tenía uno, a lo que yo con simpleza le mostré mi antebrazo. Tengo dos ideogramas chinos al lado derecho, con un significado que ahora no viene al cuento. Ella sonrió y tomó un sorbo de su cerveza recién servida. “No te voy a preguntar que significa tu tatuaje, todos te lo deben preguntar”, me dijo.

Yo me olvide de pedir la cerveza, pero me quedé en la barra. Conversamos mucho y tal ves demasiado. Yo toque su brazo y tenia una cicatriz en el codo. Ella me quito la mano y dijo que fue un accidente. Yo sabía que no era un accidente y que era demasiada casualidad. Un choque que dejó una larga cicatriz en el codo, unos clavos incrustados en sus huesos y un brazo dibujado. Quizás estaba buscando lo que había perdido y el destino malsano me estaba jugando una mala pasada.

Siempre dije que nunca podría entablar una relación con una mujer que haya conocido en una discoteca. Pero en mi vida no existen nuncas. Ella amaba de manera desmedida, me abrazaba con fuerza hasta hacerme desaparecer y no se cansaba de mirarme a los ojos. Respiré hondo y profundo por primera vez en esos buenos aires.

Y así como apareció, desapareció. Sin pedir permiso ni avisando con anticipación. Un día sin sentido alguno no contestó más. Nunca más estuvo donde estuvo y mis llamados fueron escuchados pero ignorados. Ahora ella me pregunta si la extraño y yo de muy lejos le grito que sí.

“Si escuchas a un ángel, hablando de mi, nunca lo mires, es de mentira, ella no existe, es imposible”.