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domingo, agosto 26, 2007

Bonus Track: Música de sexo, amor y odio


Un CD que nunca regalé:

- Theme / Eternal Sunshine of the Spotless Mind
Sentado en una cómoda bútaca queriendo borrar su recuerdo pero espiándola como siempre.


- Bruce Springsteen / Jerry McGuire / Secret Garden
Caminando por una calle de Buenos Aires preguntándome porqué desapareció. Ella regresó.


- Radio Head / Karma Police
Paseando en un taxi intentado descifrar su seriedad y con la angustia de saber si debía darle la mano o no.


- The Cure / Love Song
Bailando entre las luces de una discoteca sabiendo que por fin solo quería quedarse conmigo.


- Pearl Jam / Nothingman
Saliendo espantando de un bar tras terminar con ella.


- Velvet Revolver / Fall To Pieces
Preguntándome si me quería, odiaba o deseaba.

jueves, junio 07, 2007

¿Cuanto sexo has tenido hasta ahora?


3 novias de verdad, otras 2 de mentira, 67 agarres y 20 amantes. Un record nada despreciable para alguien que dio su primer beso a los 18. Tengo 30 años de vida y más de 18 pensando solo en mujeres.

¿Cuantas veces abrace con los ojos cerrados?, ¿Cuántas veces bese con los ojos abiertos? Esa cuenta no la llevo. Pero recuerdo la última vez que quise que solo unos segundos fueran una letanía y que esas eternas horas acostado fueran solo un instante.

Dos momentos: El primero, espiando una tienda en medio de una ciudad nueva. Como un videoclip cursi o una película romántica estaba mirando a través del escaparate. Para ambientar el momento, escuchaba One de U2 en mi Ipod. Un cigarro en la boca, las manos temblorosas en los bolsillos y unos lentes oscuros para ocultar mis miedos. Esto ya lo había vivido viendo Los Años Maravillosos. Ella no era una mujer de cartón piedra.

Otro instante. En la cama de mi solitario cuarto abrazando un cuerpo caliente, ajeno y desconocidamente conocido. No hay palancas para que un agujero negro se abra en la cama y se lleve a mi compañía. No soy un prestidigitador para hacer desaparecer a mi novia del instante. No soy un hijo de puta para inventar una reunión de trabajo a las 5 de la mañana. La televisión pasa un capítulo de Friends y yo no quiero más sexo repetido.

Ella me mira con incredulidad, voltea para asegurarse de lo que ve. Se detiene a pensar un instante y se pierde en lo que le dice un cliente. Levanta sus ojos, sonríe sin mirarme y esquiva todos los obstáculos. Una góndola de ropa, un espejo gigante, una señora y su hija. Yo no termino de sacarme los lentes oscuros para mostrar mis miedos y ella salta sobre mí. La abrace sin abrir los ojos. Ella me entrelazo con sus brazos durante un minuto. No me quería dejar ir. Yo no me quería irme nunca más. Cambio las 2 horas de sexo por ese abrazo de 60 segundos.

miércoles, mayo 16, 2007

La puta

“Hola bebe”. Una puta siempre saluda camino a la oficina. Un cuerpo aguado y sobreexplotado. Unos mofles escondido por su ropa negra. Unos senos destrozados por manos ajenas y unas piernas cansadas de las eternas esperas en la misma esquina. Su cara está descuartizada por el rubor, el rimel y el lápiz labial de payaso. Sus dientes son amarillos por los cigarros que ya no la hacen interesante. Los labios son flácidos por los miles de felatíos. Sus ojos reflejan una lujuria desgastada.
Una puta de recorrido extremo, tarifas bajas y de calles pestilentes. Ya no es una golfa por dinero y aún menos por placer. Es una costumbre, una forma de vida enmarcada en los desconocidos conocidos. Sus fieles clientes que pasan siempre a la misma hora, en el mismo instante, con las ganas de ser abrazados y con intensión de pagar por cariño.
Para ella ya dejo de ser un trabajo o un método de hacer dinero. Sino una insana realidad. Una sana vanidad de ser deseada. Un amor fingido que solo se da cuando es pagado. Un cariño profesado que además es abonado en una cuota al final del acto.
Una habitación oscura con un tono rojo erótico, otorgado por el único foco que cuelga del techo. Las luces del televisor cambian la tonalidad del cuarto. Una porno en la pantalla le da el ambiente sórdido al encuentro. Los gemidos resuenan en las descascaradas paredes antes de que haya sexo en la habitación. Un catre de hierro en medio domina la escena. Suena y resuena a penas lo tocas. Preciso para el sonido del sexo.
Las piernas abiertas, los brazos apretando. La oscuridad como cómplice de su fealdad. Los gemidos de película aún cuando ni siquiera es tocada. Los halagos de tu grandeza aunque no lo haya visto.
El dinero no importa. El sexo tampoco. El amor solo es un recuerdo. El cariño una retribución ajena a ella. Una conversación con voz cansada de gemir. Una mirada que quiere hablar. Esta vez las gotas no fueron semen sino llanto. “Gracias bebe por escuchar”. A veces llorar es mejor que el sexo.