martes, junio 07, 2011

El último adiós de Elías


Elías era 'Manino'para sus papás. El chiquillo orejón que quería ser sacerdote, pero prefirió ser el líder de la banda de música del 'Salesiano'. El travieso y contestón adolescente que tuvo que buscar colegio cuando fue expulsado del suyo por defender a un compañero.

Elías era 'Nino' para los amigos de Barrio. El jefe de la 'patota' de “compadres” de Salamanca. El dirigente de los 'Dragones' en los campeonatos de la canchita 'Olaya'. El bancario con alma de hippie que ponía las farras en las fiestas y matines.

Elías era 'Don Elias' en la oficina. El gran relacionista público que se codeó con ministros y presidentes. El bailarín de todas las fiestas que organizaba. El gran organizador de eventos, conciertos, inauguraciones y presentaciones. El 'Don' de la chamba.

Elías era Elías para mi mamá, cuando le llamaba la atención. 'Manino' cuando le pedía un favor y 'Nino' cuando lo amaba sin contemplación (¿Para qué el “Ma” si 'Nino' queda mejor, dijo Pilar en un nuevo bautismo) Para ella él siempre será el flaco que la encaró a bordo de la línea 61 rumbo al Centro de Lima. El que le daba los besos suaves y picantes, por su eterno bigote y barba (que yo no heredé). Él era el compañero. El amante. El paciente. Su vida. Su único amor.

Para mis primos era 'El Tío Nino'. El cómplice barbón que los acompañaba en sus secretos, en sus travesuras, en sus dudas. El tío que a veces fue padre y a veces amigo.

Para mi hermano y para mí Elías era simplemente “papi”. El super heroe que nos salvaba de las piscinas profundas. El super piloto que nos enseñó que es velocidad. El melómano que nos enseñó quien era Jhon Lennon, Erick Clapton y Mick Jagger. Nuestro querido viejo de gritos profundos, de chiste a flor de boca, de besos siempre en nuestra frente. El de los 'Cua - Cuas' tras la jornada de oficina. El de los carritos tras los largos viajes. Nuestro viejo, amado viejo.

Siempre habrá un Elías en cada uno de nosotros. En la boca pequeña y los lentes de mi hermano. En las orejas pegadas de Andrés. En mi frente amplia y mi nariz aguileña. En el corazón de mi mamá . En la memoria de todos nosotros y ustedes.

Adiós papá,

(Leído segundos antes del ultimo adiós que le dimos todos en la Iglesia en Villa)

"Padre, tu me dejaste, pero yo nunca te dejé " de la letra 'Mother' de Jhon Lennon.

lunes, abril 18, 2011

Solo baila a mi lado


Echado en este camastro viejo miro el techo descascarado, me tomo el corazón y busco su rostro. Sus ojos negros, su cabello negro, sus labios negros. Estaba enamorado. Por primer vez estaba enamorado. Ya tenía 30 años y recién descubría que era esa sensación, y sin embargo, no tenía la menor idea de como demostrarlo. Nunca en mi vida había hablado mas de cinco palabras seguidas con una mujer, que no fuera mi mamá, mis cuñadas o mis sobrinas.

Hasta este día mi vida había sido mi bicicleta, mis discos, mis amigos, mis viajes mis jeans, mis posters, mi equipo de música, mi vieja, mi viejo, mis hermanos, mis cigarros, mis tragos, mi locura, mi timidez, mis miedos. Mis malditos hijos de puta miedos de mierda. ¡Por Dios! Por qué vivo con tanto miedo. Le meto una pitada con fuerza al cigarro.

Mi día siempre eran iguales. Uno idéntico al otro. Como en el 'Día de la Marmota'.

7:00 am La voz de mi vieja: “Nanditooooo despiertaaaaaa”. Café pasado y pan con margarina y jamonada directo a la cama. El aroma del café y 'Pachuli' se mezclaban todas la mañanas. Jeans Levis gastados, polo de los Rolling, casaca de cuero y mis eternos lentes 'Rayban' dorados. Mi uniforme perpetuo.

8:00 am Bicicleta a gran velocidad. Las delgadas llantas esquivaban las piedras, mientras la 'Monark' negra recorría mi barrio, mi mundo y mi vida.

8:30 am Paradero 5 de la Carretera Central. Terminal 1: Tomaba el viejo bus de la compañía que me lleva a la fundición en Chosica. Nunca hablaba ni con el chofer y menos con el vecino de asiento. Solo la música en mi Walkman y yo, escondido tras mis lentes oscuros.

9:00 am La chicharra anunciaba el comienzo de día de trabajo. Un almacén oscuro con un foco de 50 watts era lo único que me ilumina. Las fichas, las guías y los archivadores me esperaban vetustos y oxidados cada día. Mick siempre susurra en mi oreja. “Simpathy for the devil”. Prefiería no conversar con nadie. Otra pitada y esta vez más profunda.

10:00 am a 6:00 pm La gente entraba y salía del almacén y nunca escuchaba lo que decían. Zig zags de personas sin nombre ni voz. La única voz que escuchaba era la de Mick Jagger con los roncos coros de Keith Richards. Una aspirada profunda, dura y seca del cigarro para sobrevivir.

7:00 pm Otra vez la bicicleta a gran velocidad. Directo al tanque, frente a la comisaría. Ahí estaban el 'Chino', 'Alejo', 'El Gordo' y Diez. Todos con los ojos reventados, las narices abiertas, los labios quemados y los oídos aturdidos. Momento del intercambio. Mi casette regrabado de croma del último de disco de Pink Floyd por un poco de valentía.

8:00 Un sueño profundo y amplio con los ojos abiertos. Los cinco echados en el césped mirando el fondo de ese tanque de agua sin agua. Los cigarros pasaban de mano en mano. Me quitaban el miedo. Con ellos si hablaba, cantaba, lloraba, pero solo lo que duraba mi vida con ellos. Luego regresaba el miedo. Entonces un poco de trago amargo y duro. Mucho mejor. Música, velocidad y mudes hasta llegar de nuevo a mi casa.

9:00 Comida caliente y siempre servida en la mesa. Mi vieja siempre jugaba solitario mientras mi papá se rompía la cabeza con el Geniograma gigante. “¿Que tal el día Nandito?” Bien, siempre bien. Devoraba la comida. La entrada, el segundo, el pan y pedía repetición. “Siempre con tanta hambre Nandito”. Nunca respondía. Corría a mi cuarto. Miraba a Mick en mi techo, a John en mi pared y el siempre enérgico Plant en mi closet. El Submarino Amarillo siempre me abría su puerta y yo me metía en el. Una pitada para relajarme y dormir.

Pero un día todo cambió. Ella apareció. Eran las 9:15 de la noche. Estaba con un uniforme plomo. Desafiando, seduciendo, interrumpiendo. Estaba atravesada en mi camino. No podía pasar. Ella estaba entre la vereda, la cerca de plantas y su casa. Puso su mano sobre el manubrio de mi bicicleta. Sus ojos negros me miraba fijamente. Sacó su cabello lacio de su cara, mojo sus labios rosados y me pidió un cigarro. Solo tenía uno. No sabía que decía, solo había música en mis oidos. Elton me soplaba a la oreja: “Y ahora ella está en mi, siempre conmigo, pequeña bailarina en mi mano”

Le ofrecí una pitada. Ella fumó conmigo. Sin miedo, sin ansias. Ella tomó mis audífonos. Ella también lo escucho y Elton me dio una mano. Ella bailó como una pequeña bailarina de ballet en un cofre de joyas. Hizo una reverencia y me sonrío. A partir de ese instante mi día tuvo una hora más:

9:15 Avanzaba con mi bicicleta a gran velocidad hasta pasar por su casa. Ella siempre se paraba en medio de la vereda. Sin preguntar se trepaba al estribo de mi bicicleta y yo partía raudo. Me quitaba los audífonos y se los ponía. Paul siempre hablaba por mi: “Toda la gente solitaria me rodeaba con su sonrisa. de dónde viene, toda la gente solitaria de dónde es”. Mientras viajábamos al Parque de las Brujas, ella rebuscaba en mi bolsillo delantero y sacaba una cajetilla. Música para nuestros oídos, cigarros para nuestros labios. Ella siempre me bailaba. Descalza de puntas me rodeaba con su sonrisa. Yo la amaba y no podía con esto.

Cómo decírselo sino hablaba. Como demostrarlo sino respiraba. Buscaba valentía envuelta. Valentía en dosis. Soy Dios, soy Superman, soy Dean, soy Jagger, soy John, Paul, Ringo y George a la vez. La bicicleta volaba sobre las cercas, mis pies eran diez, cien, mil. Cantaba en voz alta y manejaba sin manos. Era yo. Yo sin miedo. Frené con fuerza. Grité su nombre. ¡Angélica! Estaba listo para decírselo. Salió un viejo canoso por la venta. “Perro drogadicto vente con tu basura a otro lado o llamo a la policía. Fuera, fuera mierda”.

Nunca más pase por esa vereda. Nunca supe su apellido y ni siquiera su segundo nombre. Nunca la vi con otra ropa que no fuera su uniforme. Nunca le dije te quiero y menos te amo. Nunca la abrace. Nunca le tome la mano. Nunca más la vi. Siempre la soñé. Me fume la vida, me aspire las esperanzas, me trague el amor.

Nunca más se repitieron ni esos, ni los otros días. Me perdí en una pesadilla tan larga que solo desperté 25 años después tirado en la puerta de la Iglesia. Ahogado en mi vomito. Con los jeans rotos y una chompa apestosa. Mis labios ardiendo y mi nariz destrozada. El olor a kerosene se había apoderado de mi cuerpo. Regresé a mi casa. Ya no había un plato de comida. Mi vieja ya no estaba y tampoco mi papá. La casa tenía las paredes negras y de los muebles quedaba muy poco. Los posters raídos y los discos rotos. John ya no me acogía y Mick ni siquiera me consolaba. No había música en mis oídos. Solo mi cama.

En mi bolsillo solo había un cigarro duro y viejo y un par de fósforos. Lo prendí. Me quemó los labios. Este cigarro era dulce e indulgente. Me provocó un sueño extraño. Me dolió el corazón. Me eché y pensé en ella. Recordé cuando escuchaba mi música y bailaba para mi.

“Angie, aún te quiero. Acuérdate de todas aquellas noches que lloramos. Todos los sueños que abrazamos Parecen haberse esfumado. Déjame susurrarte al oído: "Angie, Angie ¿Adónde vamos desde aquí?" Mick cantó para nosotros. Tomé su mano y por fin le dije “te amo”. Luego cerré mis ojos y pude ser feliz. Un sueño dentro de otro sueño. Ya no quiero despertar. Me quedé dormido para siempre.

En memoria de “Pachito”.

miércoles, diciembre 22, 2010

Cuando la vida ya no es lo más importante


Estoy aquí echado mirando al techo. Este techo filtrado, ahumado y despintado. Los sonidos son variados y constantes: un goteo incesante, un pitido recurrente, los cláxones perturbadores y alguno que otro alarido sofocado. No hay mucho que hacer. Mis lánguidos brazos están fatigados y mis esqueleticas piernas casi inertes.

Mi mundo es esta cama oxidada y esa ventana con la cortina siempre cerrada. Mi vida se divide en quejarme en las mañanas, quejarme en las tardes y dormir en las noches. La procesión se inicia todos los amaneceres. Las señoritas pequeñas y de blanco percudido, que nunca me sonríen, siempre me colocan los líquidos que pueden en ese frasco que me cuelga del brazo; mientras que los fornidos señores, que solo me hablan de fútbol, siempre me cargan y limpian las miserias que bota mi vetusto cuerpo.

Mis vecinos son variados. Tengo el señor de la boca abierta permanente a mi lado derecho, que solo lanza alaridos cada dos horas. Sus mejilla secas son una publicidad antitabaco. Después está el señor pálido con mirada congelada al cielo, que está al lado izquierdo. Parpadea cada 30 segundos. No sonríe, no ríe, no habla, no se mueve. El canoso de enfrente al menos asienta la cabeza y lleva el ritmo con los ojos, de los boleros que salen de su pequeña radio a transistores 'Miray'. Él es mi amigo, aunque no lo sabe. Es mi mejor amigo, aunque suelo molestarme con él cuando apaga su radio. Algún día hablaremos.

Mi esposa siempre llega con unas ricas galletas de vainilla y una Coca Diet, mi elixir de la muerte. Llega interdiario. La extraño. La amo. Ya no tenemos sexo. Hace como 8 años que no tenemos sexo, pero el ser impotente ya no es un problema. Aún me ama. Me ama y llora y solloza. Siempre llora en mi barriga. Acariciaría su cabeza pero mi mano congelada me causa mucho dolor.

Yo no lloro. Nunca lloro. Solo sonrío. Todos deberían saber que cuando río, en realidad quiero llorar. Siempre grito e insulto mucho. Grito por mis espantasos dolores. Odio el dolor. Esas puñaladas en mi pierna me matan y las agujas que desgarran mi mano me destruyen. La comba sobre mi cabeza casi siempre me desmaya, pero lo peor es esa mierda que me baña cada noche en una especie de inconsciencia consciente. Es una grasa asquerosa y putrida que me cubre y me abstrae. Me arde, me raspa, me rasguña.

Mi lengua solo sabe vomitar improperios. Es como si solo los insultos funcionaran en este sitio. Los 'conchasumadres' y los 'hijosdeputa' siempre son parte de mi único vocabulario. Es una furia contenida producto de esa mierda que me envuelve toda la noche. Esa caca negra que se posa en los pies de mi cama y me espía y me aterroriza. Todos los días a mis pies buscando asfixiarme. Por eso no quiero dormir. Si me duermo me tragará. Me volverá mierda sobre mierda. Caca sobre caca. Un excremento humano bajo madera y tierra.

A veces, y solo a veces, aparecen ese par de sujetos altos y blancos. Uno mas gordo que el otro. Al más rollizo siempre lo insulto pues él me insulta con su presencia. Se que me ama, pero igual me desprecia. Quiere huir de mí y lo sé. Es como yo. Yo también huiría de mi mismo. No lo odio. Lo insulto para darle una razón para odiarme. Lo amor de verdad. Siempre fue mi preferido. El primero. El mayor. Quien me acompañaba adelante del auto. Quien se refugiaba en mi oficina en las tardes. Mi asistentes de todas mis reparaciones. El jefe de todas mis ideas. Mejor lo sigo insultando, así le hago la vida más fácil.

El otro, es más flaco. El siempre me besa la calva cuando me ve, las pocas veces que me ve. Él es un visitante extraño. Me demoro en reconocerlo pues suelo olvidar su rostro. Él no puede estar conmigo mas de 15 minutos. A él no lo insulto pues se va antes de que pueda hacerlo. Su mirada siempre tiene lágrimas. Tiene culpa entre sus ojos. Él siempre fue débil. Delgado como un alfiler cabezón. Siempre se amarraba en mi cuerpo en las piscinas y siempre me daba la mano cuando caminaba en las calles. Con él me quejo para que sepa todo lo que sufro. Así se sentirá más culpable. Así vendrá cada vez menos.


Estoy harto de este polo con olor a vomito y sangre y de este pestilente y cagado pañal gigante. ¿Dónde esta mi maletín negro con incrustaciones de oro? ¿Dónde esta mi terno cruzado azul marino? ¿Dónde está mi rubia secretaria de minifalda? ¿Dónde quedó mi auto del año verde petróleo? ¿Dónde fueron a parar esos whisky etiqueta azul y esa coca blanca y maldita? ¿Dónde están esos amigos encorbatados?, ¿Dónde mierda están esos hijos de puta? Mis amigos, mis mejores amigos.

¿Y mi familia? Mi madre muerta, mi padre muerto, mi hermano casi muerto y mi otro hermano que ya no es mi hermano. Mis hijos culpables, mi esposa sufrida y mi nieta, a la que no la dejan verme. Otra vez es de noche y en la noche, en verdad, la soledad desespera.

miércoles, septiembre 08, 2010

La máquina del olvido




















¿Cómo se que he olvidado? Me preguntó. Yo, un especialista del olvido, un profesional de la memoria borrada, me sonreí. Lo miré a los ojos. Sus ojos húmedos y desolados. Lo vas a saber. Sin duda lo sabrás. Y lo sabrás porque ni siquiera te lo preguntarás. Él no fue feliz con mi respuesta. Una respuesta evasiva ante su realidad.

Y sin embargo, me apiadé de él. Lo tomé de la cabeza y le dije al oído. Te lo diré. Hay un consultorio, que no solo existe en las leyendas urbanas y los guiones de las películas. Un consultorio en donde te borran los recuerdos. Te dejan un espacio en blanco en la mente. Es una cauterización con lacer. Una sonda que entra por tu nariz y rastrea las evocaciones. Un pinchazo y se acabó. Solo una marca cerebral y nada más. No más llantos, ni anhelos ni esperanzas. Una lobotomía que incita la negación.

El me miró perplejo, pero tras titubear me pidió la dirección. Yo lo tomé del hombro y lo hice caminar conmigo. ¿Seguro? No hay vuelta atrás. El asintió con la cabeza. Entendí que quería olvidar con desesperación. Para olvidar tienes que, al menos, dejar de pensar en ella, le dije. Tienes que seguir una difícil dieta de recuerdos. La imagen de ella esta inflamada en tu cerebro y solo cuando ella sea un devaneo podrás cauterizarla en tu cerebro.

El afirmó con la cabeza, como estando dispuesto a todo. La dieta es estricta. Necesitas sacar todas las cosas de ella de tu casa, de tu vida. Cartas, fotos, ropa. Adiós masturbaciones con ella y ni siquiera se te ocurra los bailes imaginarios. No más conversaciones ficticias y aún menos remembranzas de ocurrencias que nunca ocurrieron pero querías que ocurran. Luego, y solo luego de eso, puedes ir al consultorio. De ahí, la intervención detendrá los influjos cerebrales de ella sobre tus pensamientos. Cada vez que quiera recordarla solo sangrará un poco tu nariz.

¿Tu lo hiciste? Me preguntó. No, no fue necesario. La dieta lo hizo todo. Arme una gran fogata y quemé todo de ella. Su perfume, sus apariciones, sus sueños, sus texturas, sus suspiros, sus ruidos, sus palabras. Todo. Al final no quedó nada más que mi vida. Mi vida sin ella. Mi vida sola. Su rostro se volvió un borrón y su voz solo una bruma. Los lugares donde fuimos se volvieron vulgares y las cosas que hicimos solo fatuos instantes sin el mayor simbolismo.

¿Y cuando te hablan de ella qué sientes? Nada o casi nada. Todo se trasforma en recuerdos sin olvido. Como un dejavú, como algo que viviste en algún momento. Como una inquietud casi imperceptible que te recorre y que se va. Como un suspiro sin aire y una nausea sin dolor. Como un llanto sin lágrimas. Tan solo un instante resumido en tan poco tiempo que ya no tiene valor alguno.

¿Cómo se llamaba? No lo sé. ¿Cómo saberlo? Si creo que ni pasó. “¿En verdad alguna vez estuvimos juntos?” me susurra alguien en mi mente ¿Quién me lo pregunta? ¿Quién me lo dijo? Pienso y pienso y no lo recuerdo. Escruto su voz, escudriño su imagen. Su cabello, su olor, su mirada, sus manos. Siento como un llanto, pero no me sale nada de los ojos. Un líquido me fluye por la nariz. Es un líquido rojo. Es sangre, mucha sangre.

Nota 1: Les dejo una canción...obviamente es Everybody´s Gotta Learn Sometimes de Beck de la película "Eterno Resplandor de una mente sin recuerdos".

Nota 2: Otro día les doy la dirección en Lima de la sucursal de Lacuna Inc. ;)

Nota 3: ¿Por qué volví? Porque no puedo dejar de escribir.


jueves, julio 17, 2008

Mudanza de madriguera

Amigos y enemigos después de más de un año de escribir y escribir de todo lo que siento y no siento mi blog se muda. A partir de hoy seguiré escribiendo pero en Perú.21.
Aquí les dejo mi dirección:

http://blogs.peru21.pe/federatas

martes, julio 01, 2008

El conquistador

El no era ni muy alto, ni muy fornido, ni muy guapo, ni muy inteligente. Sin embargo, siempre lograba que todos hicieran lo que el quería. Tanto hombres como mujeres. Ellos para ser un poco como él. Ellas para ser parte de él. Se llamaba igual que yo y nos parecíamos tan poco.

Era todo lo que yo quería ser. Era guitarrista de un grupo de rock famoso, un mago de mil trucos, un conversador de cuatro idiomas, un mujeriego siempre inocente, un irresponsable con futuro, un talentoso sin esfuerzo.

Lo conocí en un hostel en Buenos Aires. Estaba en un sillón comiendo cereal. Frente a él estaba una chica inglesa tremendamente bella. Ojos azules, cabello rubio plomizo y un lunar cerca de la boca. Yo llegué y me puse a ver televisión. Él no hablaba, ella lo miraba y yo los espiaba.

¿De dónde eres?, me preguntó sin darle la más mínima bola a esa beldad que quería su atención. De Perú, ¿Sí? yo también. Era lo único que teníamos en común, junto con el nombre, y sin embargo eso fue suficiente para ser grandes amigos. La blonda niña se paró con violencia y arrojó el control remoto a su lado. Que jodidas son las gringas broder. ¿La conoces?, le pregunté. Creo que ella cree que es mi novia.

Éste sujeto con el mismo nombre que yo tenía el cabello lacio negro siempre desordenado (luego descubrí que usaba una secadora para despeinarlo). Tenía más de veinte tatuajes en todo el cuerpo y los que llamaron siempre más mi atención fueron: las letras chinas de su antebrazo, en homenaje a su ex novia y el joker en medio de la espalda, en recuerdo de su mayor vicio, las cartas. Siempre andaba con zapatillas de skater y gorros estrafalarios. A veces usaba jeans, otras buzo y en momentos de mayor exhibicionismo hasta una falda escocesa. Tenía ojos muy negros, con expresión de James Dean y unas cejas muy pobladas que ocultaban su imperceptible inseguridad.

Las noches eran su habitad y las gringas su debilidad. Ya va a comenzar con su método, me susurró el recepcionista argentino, con un poco de envidia, cuando lo vio llegar a una parrillada organizada en el hostel. ¿El método? una canción en su guitarra, un video en YouTube de un concierto multitudinario en Perú, una conversación en francés, inglés y alemán, un truco de cartas a lo David Blane y finalmente la estocada final, un truco con fuego. Nunca fallaba. Siempre terminaba con la chica más linda del instante.

Alguna vez me dijo: Soy roquero y hablo en muchos idiomas pero la magia es insustituible broder, nunca falla con las flacas. Y así en mes y medio que viví con él, llegué a contarle más de 20 chicas distintas. Todas ellas creyendo en su inocencia, pues en verdad era inocente. Todas subyugadas por su misterio, que no era otro que no tener misterios.

Él siempre se comportó como si les hiciera un favor a todas. Cómo si ellas hubieran tenido el placer de haber compartido un instante con él. Si se molestaban las mandaba volar y ellas siempre se quedaban levitando a su alrededor. Si se sentía solo, las atraía y si se sentía agobiado, las espantaba. Nunca con sentimiento de culpa y siempre con un olvido instantáneo. No había tiempo ni para la nostalgia. Tenía atrofiada la memoria a corto plazo con las mujeres, pues solo a través del tiempo las recordaba con cariño y orgullo.


Quizás por admiración o tal vez por imitación siempre me mantuve a su lado. Observaba cada uno de sus movimientos como queriendo descubrir el misterio del éxito. Siempre le prestaba ropa y le hacia la segunda en todas sus conquistas. Era quien corroboraba sus historias limeñas y quien lo sacaba de problemas ante un novio celoso. Lo respaldaba en todas sus apuestas en el casino y hasta le presté mi cama para que tuviera sexo con una australiana. Él a cambió me dio su lealtad.

Una vez tomando unas cervezas me dijo ¿Te acuerdas de la inglesa, Julia? ¿La del día que te conocí? Si, me casé con ella. La amé tanto que me casé ¿Y que vas a hacer? No se, ya se fue a Inglaterra. No se que haré, seguro no la vea más. Lo dijo con desconsuelo, pero con sosiego, con abatimiento pero sin desesperación. Satisfecho de haber amado al menos.

De todas las cosas que él podía ser, esto último era lo que más admiraba. Su capacidad de amar y olvidar. De creer que cada una de las mujeres que pasaban por sus labios era la persona de su vida en ese instante. Esa capacidad de regodearse en el amor instantáneo, efímero y pasajero, y sin embargo, seguir creyendo en el amor de su vida. Llegué a creer que a todas amó pero con ninguna tuvo una decepción. Que a todas quiso pero que a ninguna extraño. Nunca supe si era feliz.

Una escena de Casi Famosos para cerrar:


miércoles, junio 25, 2008

La montaña rusa de mi vida

Era la montaña rusa más grande que vi en mi vida. Las columnas de acero despegaban hasta el cielo atravesando las nubes. Los vueltas y sobrevueltas eran infinitas. Los pies de los suicidas iba por los aires mientras sus hombros eran atrapados por tenazas gigantes.

Yo siempre le tuve miedo a las montañas rusas. Siempre recuerdo esa montaña vieja de madera apolillada y acero oxidado de Fantacilandia, a la que mi hermano se subía infinidad de veces con excitación. Montaña a la que solo me subí una vez con los ojos bien cerrados. Sin embargo, por alguna razón decidí montarme en este juego mecánico aterrado con ella. La tomé de la mano y le dije: ¿Hay que subirnos?

Ella le tiene miedo a los aviones. No le gustan las alturas. Y menos emociones voladoras. Sin embargo, asentó la cabeza y acompañó. Estábamos en la cola al calvario escuchando los alaridos de los torturados. Ella movía los pies con velocidad mientras consumía los cigarros, uno tras otro. Yo la tomé de la mano, quité los cabellos que le caían sobre su rostro y la miré a los ojos. No tengas miedo estamos juntos.

Ella me creyó. Cerró los ojos y me dejó llevarla hasta los asientos. Los arneses de metal nos atraparon y nosotros nos amarramos las manos entre si. Pronto un empujón trajo el movimiento lento pero incesante. Track, track, track, track. Empezamos a subir hasta perdernos en las nubes. Pronto recordé porque le temía a las montañas rusas. Me sentía suspendido en la nada. Atrapado en el aire. No puedo, me cago de miedo, susurré.

Ella me escuchó y atrapo mi mano con fuerza. Mírame, mírame, estás conmigo, no sientas miedo. Yo no me voy a ir. Estaré contigo hasta la última caída. Yo le creí. Las cadenas nos llevaron hasta la cima de la montaña. Yo me dejé caer. Ella no me soltó. Cerré mis ojos con fuerza. Los tirabuzones nos llevaron de cabeza, boca abajo, boca arriba. Yo la espíe y logré abrir los ojos. El mundo se venía encima y ella no dejó de mirarme.

Llegamos a la última bajada. La más placentera. Esa en donde todos te miran. Los dos estábamos con los ojos bien abiertos. Las cadenas se detuvieron y tuvimos piso de nuevo. Las piernas nos temblaban pero logramos pararnos. Soltaron las amarras y nos abrazamos con fuerza. Bajamos emocionados y sonriendo. Corrimos hasta estar muy lejos de esa montaña de fierros.

Si buscas a la mujer de tu vida, busca una que se suba a una montaña rusa contigo.



Esto de Liniers va conmigo:




miércoles, junio 18, 2008

Sigo en la cantina

Siguiendo con el ciclo música de cantina para cortarse las venas con la botella rota, les dejo otras dos canciones melancólicas y miserables que ayudan a hundirse en el abatimiento y la desolación. Les recomiendo abrir una cerveza o ron con Coca Cola, prender un cigarro, poner la música a medio volumen y buscar una mesa de madera. Abrácese a si mismo, junte su brazos y hunda su cabeza en medio. Tome grandes tragos de licor y respire todo el humo que pueda. Piense en todos esos recuerdos ridículamente románticos. Los instantes de los besos inocentes. Los momentos de los abrazos intensos. Reconozca la canción con algún instante de su vida. Entierre sus recuerdos en un vaso con trago.

Mozo dos más¡¡¡

El triste del maestro José José



Que triste fue decirnos adios
Cuando adorabamos más...
Hasta la golondria emigro...
Presagiando el final...
Que triste luce todo sin ti,
Lo mares de las playas se van
Se tiñen los colores de gris
Hoy todo es soledad.
No sé, si vuelva a verte después,
No sé que de mi vida será
Sin el lucero azul de tu ser,
Que no me alumbra ya,
Hoy quiero saborear mi dolor...
Nooo, pido compasion y piedad
La historia de este amor se escribio para la eternidad
Que triste, todos dicen que soy
Que siempre estoy hablando de ti
No saben que pensando en tu amor, en tu amor
He podido ayudarme a vivir, he podido ayudarme a vivir.
Hoy quiero saborear mi dolor, no, pido compasión y piedad
La historia de este amor se escribio para la eternidad,
Que triste todos dicen que soy, que siempre estoy hablando de ti
No saben que pensando en tu amor en tu amor,
He podido ayudarme a vivir, he podido ayudarme a vivir, he podido ayudarme a vivir.

El Ladrón de tu Amor de Gualberto Ibarreto



Soy el ladrón de tu amor
tu mal recuerdo
soy el nombre que no quieres mencionar
y al saber de tu desprecio siento miedo
que nunca nunca me puedas perdonar
soy el ladrón de tu amor
y estoy confeso
yo se bien que no estarás cuando me vaya
y aunque te duela más aprendes de esto
que quien te hace llorar... es quien te ama
que quien te hace llorar... es quien te ama...

domingo, junio 15, 2008

Música de Cantina


Mi mano se aferra al vaso como único sostén. Estoy a un punto de caer pero ese vaso lleno de cerveza me sostiene y levanta. Trato de respirar el humo del cigarro para intoxicarme y me engullo la canchita con el fin de asfixiarme.

Me perdí en mis pensamientos. En mi frustración y en mi desconsuelo. Mis amigos desvarían como siempre entre el humor absurdo y el chiste grotesco, mientras yo veo como la espuma de la cerveza cae por el pico de la botella.

Dos ancianos, uno regordete cabello cano y otro chato con los bigotes de brocha, comienzan a hacer resonar una canción. El hombrecito de labios peludos saca a relucir sus grandes uñas con un punteo de guitarra, mientras el gordito de cabello blanco aflauta la voz en el inicio de la primera estrofa.

Cansado de llamarte, con mi alma destrozada, comprendo que no vienes, dice la canción. Una guitarra que canta y una que voz solloza. Yo sonrío y me embuto el vaso de un solo trago. Tiro la espuma contra el piso y tiro el vaso con fuerza contra la mesa de madera. Mis ojos se inundan pero mi mano levanta las lágrimas. Miro las botellas de la barra. Me recuesto contra el viejo respaldar. Disfruto la canción, me regodeo en mi tristeza.

Levanto mi vaso y propongo un salud. Por ella, digo. Mis amigos se ríen de mi homenaje. Yo abro los ojos y dejó atrás ese instante de desolación. Sigo conversando, riendo y disfrutando. No puedo explorar la tristeza pues puede ser un camino sin regreso.

Dos canciones de cantina que siempre me acompañaron:

"Cuando llora mi guitarra", cantada por los Morochucos
Cansada de llamarte
con mi alma destrozada
contemplo que no vienes
porque no quiere Dios.
Y al ver que inútilmentete
envío mis palabras
llorando mi guitarra
se deja oír su voz.
Llora guitarra
porque eres mi voz de dolor
grita su nombre de nuevo
si no te escuchó.
Y dile, que aún la quiero
que aún espero que vuelva
que si no viene mi amor
no tiene consuelo
que solitaria sin su cariño me muero.
Guitarra tú que interpretas en tu vibrar mi quebranto
y que recibes en tu madero mi llanto
llora conmigo si no lo vieras volver.







Otro clásico: "La Copa Rota" cantada por Feliciano:



miércoles, junio 11, 2008

La piedra redonda rueda a mis pies

boomp3.com
Esta es una de esas canciones que de manera cíclica siempre regresa a mí. Siempre termino tarareando esa parte que dice "siempre estuve solo y siempre lo estaré". En algún momento de estos últimos meses pensé que ya no iba a cantar más esta canción.

Lo que tengo lo llevo conmigo
en esta absurda bolsa y en este absurdo cuerpo,
lo que quiero está siempre tan lejos
quizá al final de este absurdo camino.

A veces, cuando el sol se va,
tiñendo de violeta la esquina del mar
comprendo que nunca tuve nada y que
muy probablemente nunca lo tendré.
Uuuuh!... Sólo el beso de tu voz en el alma.
Uuuuh!... Y el perfume de tu cuerpo a mi alrededor.

Me siento tan solo, no sé en qué dirección correr
como un pájaro raro, que llegó al festín de los monos.
Llévame, aire del camino
hasta donde nadie me pueda encontrar.

Llévame, aire tibio y azul
y abandóname colgado de tu luz.
En tu luz brillante de cuchillo
adivinaré la rosa y el clavel.
Llévame, aire del camino,
hasta donde nadie me pueda encontrar.

A veces, cuando asoma el sol,
llenando de diamantes la quietud del mar
me doy cuenta de que siempre fue así;
siempre estuve solo y siempre lo estaré.
Uuuuh!... Cuántas veces soñando despierto.
Uuuuh!... Creo verte entre la multitud.

En algún lugar alguien debería escribir
que este mundo no es más que una enorme piedra redonda.
Me siento tan solo, que no sé en qué dirección correr,
como un pájaro raro, que llegó al festín de los monos.

Llévame, aire del caminohasta donde nadie me pueda encontrar
Llévame, aire tibio y azuly abandóname colgado de tu luz.
Y en tu luz brillante de cuchilloadivinaré la rosa y el clavel.
Llévanos, aire del camino,hasta donde nadie nos pueda encontrar

domingo, junio 08, 2008

En la barriga del Dragón

Estoy en medio del decadente Dragón. Una de las tantas hogeras banales de Lima. Un hueco oscuro donde gileritos, ruqueritos, amiguitos, noviecitos, entre otros, se juntan a compartir humo y licor. ¿Qué pasa si prendiéramos la luz y todos se vieran los rostros? Observarían como el acido del estómago del dragón los corroe y consume.

He sido durante tantos años parte de esa multitud y ahora me asqueo de pertenecer. Ahora menos que nunca quiero ser parte de ese grupo de rapaces sujetos sin pensamiento. Me tomo un sorbo profundo de red bull con vodka, miro a todos desde lo alto de la escalera y se que no me voy a poder quitar la tristeza con un trago.

Salgo a respirar a la puerta. El humo atrae a los muertos. Yo escapo tras el oxigeno. Veo mi celular y repaso sus mensajes. La garganta se me cierra. Me tapo la nariz con la mano. Los ojos me explotan. La boca se me tuerce. Aprieto los dientes. Me amarro las manos. Me clavo los pies. Ella sigue brillando dentro de mí a pesar de todo.

Alguna vez estuve al filo del dragón, a punto de escapar. Estaba justo en la cola parado de puntas de pies a un instante de dar mí último paso. Mi pie estaba flotando y el otro se estaba desprendiendo cuando alguien me empujo para adentro. Caí en el corazón del dragón. Otra vez estaba en el lugar donde nace el fuego. Otra vez en el purgatorio de la vanidad moviéndome como autómata, atragantándome de licor e intoxicándome con cigarros.

Debo dejar de usar mis pies y comenzar a utilizar mis alas para así volver a la cola del dragón. Al filo de la vida donde empieza mi vida. Alas para no caer. Alas para volar. Solo me quedan los sueños para creer.

Tras 31 años, debo ser quien alguna vez fui y nunca quise ser. No el seguro, extrovertido y realista adulto que soy. Sino el niño inseguro, tímido y soñador que fui. Tengo que creer en el mundo de nunca jamás. Debo regresar a esa historia sin fin en la tierra de fantasía.

Camino exultante por entre la multitud, dejo mi vaso medio lleno en la barra , apago mi cigarro recién prendido. Me abrigo entre tanto calor. Empujo y no camino. Floto pero no vuelo. No llamo la atención. No busco las miradas. No pido permiso. Salgo por la entrada. Estoy afuera. En la boca del dragón. Este infierno no es para mí. Necesito sus alas para escapar.

jueves, mayo 29, 2008

¿Ustedes pueden tener amigas?

Siguiendo con el debate de la mejor amiga acá les dejo dos videos:

Primero Harry diciéndole a Sally porqué no cree en la amistad entre hombres y mujeres: tuvo razon al inició, se equivocó a la mitad y se dio la razón al final. Primero la aborrecido como enemiga, luego la quizo como su gran amiga y al final se enamoró. Cada uno decide que rol a de jugar con sus amigas.



El segundo es un video de una publicidad de Sprite. La cosas cómo son. Tocan una de las posibilidades de la amistad entre hombres y mujeres. La del amor platónico. A quién no le pasó cuando era adolecente. Luego llegaron las epocas de la amigas cariñosas, las amigas con derecho a roce y las amigas con tensión sexual. Despues de muchas novias, demasiadas amigas y pocas enemigas les puedo decir que hay finalmente siempre una mejor amiga de verdad. La que superó cualquier posibilidad de flirteo o enamoramiento. La que nunca miraste con más de dos ojos. Con la que salías cuando no querías salir con nadie (nadie con quien gilear) Yo encontre más de una amiga de este último tipo y ahora ellas son mis aliadas.

miércoles, mayo 28, 2008

Momento de resistir

Esta canción es de Duo Dinámico pero me gusta más la versión rockera de 13 Baladas. La letra es lo más:



Cuando pierda todas las partidas
Cuando duerma con la soledad
Cuando se me cierren las salidas
Y la noche no me deje en paz
Cuando sienta miedo del silencio
Cuando cueste mantenerse en pie
Cuando se rebelen los recuerdos
Y me pongan contra la pared
Resistiré, erguido frente a todo
Me volveré de hierro para endurecer la piel
Y aunque los vientos de la vida soplen fuerteSoy como el junco que se dobla,
Pero siempre sigue en pie
Resistiré, para seguir viviendoSoportaré los golpes y jamás me rendiré
Y aunque los sueños se me rompan en pedazos
Resistiré, resistiré.
Cuando el mundo pierda toda magia
Cuando mi enemigo sea yo
Cuando me apuñale la nostalgia
Y no reconozca ni mi voz
Cuando me aminace la locura
Cuando en mi moneda salga cruz
Cuando el diablo pase la factura
Si alguna vez me faltas tu
Resistiré...O si alguna vez me faltas tú.
Resistiré, erguido frente...

martes, mayo 20, 2008

¿Puedo tener amigas?

Nunca creí en la amistad entre hombres y mujeres. Siempre huí de la figura del mejor amigo. Siempre fui el confidente de mi mejor amiga. No se como pero siempre llegaba al mismo destino cuando había escogido un camino distinto. Quizás por mi rostro de confianza que hace que las chicas me cuenten sus más íntimos secretos. Tal vez por esa empatía instantánea que tengo con las mujeres y que muchas veces no se canalizar.

Tuve de mejor amiga a Melissa y me enamoré. Tuve de casi hermana a Katy y me templé. Tuve de super brother a Pía y vaya si la amé en silencio. Siempre terminaba viendo a mis amigas con sus nuevos novios. Siempre veía como se escapaba el amor de mi vida en brazos de otro (no amigo).

Es así que siempre he pensado que de una mejor amiga o te enamoraste, o estas enamorando o te enamorarás. O para de decirlo de manera más carnal. O te la agarraste, o te la agarras o te la agarraras. Bajo este parámetro uno puede vivir con sinceridad la amistad con las mujeres

En mi caso a falta de mi novia tengo tres amigas que son como una enamorada. No por que tenga algo con ellas sino por todo lo que no tengo con ellas teniendo tanto. De todas ellas solo una no cumple la regla del párrafo anterior.

La primera es mi alma gemela. Es la chica que se parece más a cada una de las novias que he tenido. Ella es todo lo que busco en todas mis novias. Inteligente, interesante, inocente. Le gusta el rock y se apasiona con su trabajo. Escribe blogs y se derrite en su vida. Es la compañera perfecta para salir a reuniones. Nos reímos. Nos asustamos. Nos escondemos en nuestras espaldas. Nos burlamos tras sus espaldas. Siempre creen que es mi enamorada. Ella es la ex novia de dos de mis mejores amigos. Ella se ha hecho mi mejor amiga. Más amiga que cualquier amigo.

La segunda es mi cómplice de juergas. De irrealidades realizables. De inocencia perdida. Con ella nos apoyamos en nuestra soltería y nos criticamos en nuestros noviazgos. Alguna vez nos besamos Nos miramos supimos que no corría y seguimos siendo amigos. Teníamos que probar que no éramos y que siempre seremos. Y era como bailar con la hermana. Ahora somos confidentes e infidentes.

La tercera alguna vez fue mi amor platónico. Ahora es la mejor expresión de que existe el olvido. Que la ilusión se puede transformar. Que el estar enamorado es solo cuestión de puntos de vista. Con ella siempre voy al cine y cuando voy solo siempre la extraño. Muchas de nuestras películas terminan en un bar con una conversación. Ella me cuenta de su novio perdido en el espacio y yo de la mía ubicada en la estratosfera.

Ellas tres ocupan los espacios de una novia. Ellas son veinte amigas y diez amigos. Tres hermanas y una enamorada. Una me acompaña en mi soledad. La otra me escucha en mi locura. Y la última me recuerda mis errores. Ellas tres desbaratan cualquiera de mis teorías estupidas sobre las mejores amigas.

Estas son las canciones que escuchaba cuando me gustaba una amiga. Ya se que son recontra obvias pero por eso son las que escuchaba. El enamorarse de tu mejor amiga es un lugar común en la vida.

Agua - Jara de Palo



Algo Contigo - Vicentico

martes, mayo 13, 2008

El amor de nuestras vidas (¿Existe?)

Todos queremos creer que alguna vez tendremos el amor de nuestras vidas. La verdad es que a muchas nos pasará sin darnos cuenta. Que frustrante. Todos siempre nos preguntamos cómo saber cuando llegue. Algunos dirán “sabiamente”: lo sabrás cuando suceda. Mentira. Pasará frente a nuestros ojos disfrazada, borroneada, desenfocada. Atentos. Nadie quiere creer que el amor de su vida puede ser algo efímero, pasajero, instantáneo.

Siempre queremos creer que solo es amor el que transforma tu vida y que sin el, la vida no hubiera sido vida. El destino no es un película de dos horas con una presentación al inicio, drama en medio y un epilogo al final de los créditos. En tu entierro no habrán letras de arriba a abajo con el elenco de tu vida y menos un premio para la mejor actriz de tus pasiones.

Cuando dices una frase feliz, nunca acaba la escena. La frase perfecta luego es explicada y pierde sentido. La coincidencia imposible nunca sucede en una misma historia y solo llegan cuando no la necesitas. Y cuando sucede dices: es el destino.

De niño siempre pensé que el amor es imposible, pues tiene que haber la coincidencia universal del mutuo enamoramiento. Luego descubrí la pasión, la seducción, la conveniencia y claro el amor.

El amor de tu vida es el guiño de placer, el beso sorpresivo, el abrazo planeado. El sexo impensado, la novia eterna, el amor platónico. El divorcio maldecido, el llanto solitario, el odio amado. Pesadillas, sueños y realidad. Siempre es un instante eterno.

Despues de este ensayo teórico fracasado sobre el amor (siempre fracasaré en estas explicaciones, ¡pero al menos lo intento!) les dejo una reflexión de Liniers:




miércoles, mayo 07, 2008

¿Qué mierda hago aquí?

Las luces explotan en mi rostro mientras retumba Chemical Brothers. Mis compañeros de decidía miran atónitos a Dave Haslam. Estoy en la fiesta de la Hacienda en Aura. Chicas con jeans mascados y chicles apretados. Niños risueños de camisas estrechas y piernas abiertas. Todos con los rostros distorsionados y los cuerpos quebrados. Una vez más en mi vida me volví a preguntar ¿Qué mierda hago aquí?

Me doy cuenta que gran parte de mi vida me he estado preguntando ¿Qué mierda hago aquí? He vivido una vida de ¿Qué mierda hago aquí? Y tras treinta años estoy parado en medio de zombis poseros preguntándome ¿Qué mierda hago aquí?

Recuerdo que a los 15 años (a la mitad de mi vida) prometí nunca más ir a donde no me sintiera cómodo para jamás más decir ¿Qué mierda hago aquí? Llegué siempre justo al límite, al filo de la boca sonriente y los labios torcidos; sin embargo, nunca pude huir de esa interrogante.

A lo largo de mi vida he ido notando que bajo este custionamiento grave y distorsionada, simple pero poderosa, en la que se maneja el mundo: la gran onda del ¿Qué mierda hago aquí?, hay una baja frecuencia muy tenue y liviana que me libera de este trance. De esta maldita pregunta que decora mi vida.

Cuando deambulaba por la universidad. Entre esos pasillos de figuras y figuretis entendí que ese no era mi sitio. La cerveza se rebalsaba de mi boca y el dinero se agotaba sin ni siquiera tenerlo. Cuando se puso de moda tener novia yo salí de mi celibato obligado y decidí lanzarme a la línea alta. Esa achica fue la única que me miro, habló y pestañó. No me importó si era inteligente, interesante o bonita. (Era de todo un poco). Simplemente la hice mi enamorada. En ese instante fue que logré tocar un acorde nuevo y extraño en mi vida. Pude, por primera vez, mandar a todos a la mierda. Fue una gran sensación. No necesitaba de nadie nada. Por primera vez no me pregunte ¿Qué mierda hago aquí? Sin embargo, ella, una loca esquizofrénica, vanidosa y ególatra, destruyó con su voz cualquier rastro de esta pequeña frecuencia de tranquilidad.

Pase años intentado encontrar ese tono único y formidable que habia conocido por solo instantes.
Con mi primera novia de verdad (la del párrafo anterior no cuenta) intenté enamorarme sin amar, sin obsesionarme, sin ilusionarme. Tratando de ser parte de este mundo, en donde todos se bañan en su estiercol. Donde nadie se pregunta ¿Qué mierda hago aquí? Sin darme cuenta me enamoré, obsesioné e ilusioné. Por un momento encontré ese sonido bajo, etéreo y rítmico. Otra vez lo sentía. Sabia donde estaba y me gustaba estar allí. Intente captar el instante y me obsesioné con eso. Me autodestruí. Me obnubilé. La perdí

Con mi tercera novia decidí caminar al filo de la cornisa mirando de lejos toda esa mierda. Es así que ella me miró y me alcanzó. Se enamoró de mí y yo volví a encontrar ese acorde. Esta vez no solo fue un instante, sino, más bien, un tono constante el cual no iba ni muy alto ni muy bajo. Hasta que desapareció. Ella se enamoró y yo no. Una vez en su casa, hablando con sus papás y hermanos en la mesa, me volví a preguntar ¿Qué mierda hago aquí?

Hoy estoy en esta megalómana discoteca frente a un DJ y al costado de decenas de fantoches banales preguntándome ¿Qué mierda hago aquí?, la diferencia es que ahora sí se donde quiero estar. Se a donde quiero llegar. Donde está ella. Donde está esa armonía única e indescriptible. Ese acorde intenso pero delicioso, suave pero demoledor. Por primera vez en mi vida no solo se donde no quiero estar, sino se donde quiero terminar.

Esta canción es todo lo quiero hacer: Las Pelotas -Más que un deseo (Gracias por regalármela)




Más que un deseo
perfuma la noche,
no hace falta decir
por qué fue,
Busco tus ojos
si estoy nublado.
harto de mirar la realidad llegar.
el mar se mueve en el fondo,
no paramos de reír.
Si quiero abrazarte
hoy no tengo nada.
hasta donde puedo llegar no se.
el mar se mueve en el fondo,
no paramos de reír.
Te encontrare donde pueda,
me llevaras hasta el cielo,
perduraras en el aire
mientras te vuelvo un sueño.

lunes, abril 28, 2008

El gran secreto del amor (escrito por un ignorante)

Lima es una ciudad de cartón. Con gente acartonada, cuadriculada, parametrada. Si dices que te gusta alguien te preguntan si estás con ella. Si dices que amas alguien te interrogan si es tu novia. Si quieren mirar dan la espalda. Si quieren tocar se alejan. Si quieren saborear ajustan los labios.

Durante años escuché pregonar a muchos amigos acerca de todas las chicas que habían conquistado. Y durante mucho tiempo oí a bastantes amigas predicar sobre los secretos del amor. Tras muchos amores, desengaños, revolcones, agarres y desventuras se que la mitad de la vida de muchos es pura mentira.

Tenía un amigo que contaba que se agarraba tres chicas a la semana y que una mujer estaba a la velocidad de una llamada. Un fin de semana en una carrera de locura por Larcomar, tras su supuesta ex, me di cuenta que él también se enamoraba. Que también lloraba. Que además anhelaba lo que nunca tuvo. Amor sincero. Él la vio pasar y no pudo decirle ni una palabra. Ella miró su celular para no verlo. Él se fue caminando triste por las calles de Miraflores, sabiendo que no debió jugar esa mano. Ella era la chica.

Tuve una amiga que parecía tener todas las respuestas del amor. Siempre sabía como, con quien, cuando y donde levantarse a un chico sin salir herida. Antes que un hombre intentara algo con ella, mi amiga ya estaba poniéndole la mano en la cara y burlándose de su estúpida forma de abordarla. Se comía los hombres como lentejas de chocolates hasta que hubo uno que no pudo pasar. Que amó, odió y volvió a amar. El llegó cuando ella lo botaba y se fue cuando quiso que nunca se vaya. Lloró en mi baño en secreto, aunque yo la escuche al otro lado de la puerta.

Siempre busqué el secreto del amor cada vez que hice el amor. Siempre busqué aquel secreto solo conocido para los conquistadores y las manipuladoras. Siempre escuché con atención las conversaciones de las mujeres y espié los movimientos de los hombres. Vi mil películas románticas para desentrañar la formula del amor. Escuché millones de canciones para identificarme con la ignorancia de otros enamorados.

Ahora sentado frente ella se que soy ágil ante los desdeños femeninos. Sagas ante las preguntas de una mujer. Fuerte ante los embates de una chica maliciosa. Inteligente ante los devaneos intelectuales de una femina. Blindado ante las puñadas de las mujeres. ¿Saben cual es el secreto? Encontrar el amor de tu vida. ¿Cómo lo encuentras? Cayendo, parándote, cayendo. Parándote y cayendo hasta que ella caiga contigo. Se levante contigo. Ame contigo. En ese instante sabrás que lo sabes todo.

Les dejo algo de Quino (haz click en la dibujo), viene bien después de tan optimista post. Perdón por la felicidad pero la tristeza se fue de vacaciones


martes, abril 22, 2008

No era yo, pero que bien que la pasé



Alguna vez viví en un hostel en Buenos Aires. Fue el reto más grande para mi soledad, timidez y miedo escénico. Compartí cuarto con cuatro desconocidos. Hice amistad en otro idioma. Almorcé en una mesa de 20 personas. Me hice pataza de un gringo que nunca más vi. Besé a una gringa que tampoco nunca más vi. Me banqué a un amigo hacer el amor a mi lado. Dormí de día y arrastré de noche.

Yo era otro. No era yo. Era ese. Ese no era yo. ¿Me entienden? Era un nuevo ser nacido de mis contradicciones. Me reté a mi mismo a ser quien nunca fui. Lamente muchos momentos que finalmente sabía que los iba a recordar con satisfacción. Ese era yo. El citadino, vicioso de la televisión y el play, haciendo las veces del aventurero de mil vicios.

En un día cualquiera en el hostel, estaba sentado en la recepción cuando uno de mis cómplices (otro peruano) salió por el balcón y señaló hacia arriba. Un gesto con la mano haciendo las formas de una mujer y un ademán de beso. Había una o más chicas en el comedor de la terraza.

Como ratas subiendo al barco, los tres peruanos vagos (mi tocayo, el guitarrista; Chuky, el bajista y yo que no toco ni el timbre) subimos trepando por las barandas. Colgados de las lámparas. Raudos sedientos de carne nueva.

Eran tres argentinas reconchetas (pitucas para los peruanos) Luciana, Florencia y Mariana. Todas las porteñas se llaman igual. Vestidas de forma increíble combinando lo viejo, lo nuevo y lo que estará de moda. Con peinados deshilachados y ensortijados. De colores negros pero rubios, castaños pero pelirrojos. Lápices de labio rojo como sus ropas interiores y delineadores agresivos como sus miradas lascivas.

Mi tocayo hizo un truco con fuego, Chucky desempolvo se repertorio de malabarismo y yo hice lo único que sabía hacer: hablar. Ellas eran tres porteñas, muy porteñas que habían ido a buscar a Jack. Jack es un austriaco, piloto comercial que siempre andaba con la quijada desencajada y los ojos desorbitados. Jack no se daba cuenta que era víctima de tres profesionales del lanceo. Cuando quiso decir que de Perú le gusto… Sac… sai… hua…mán, nosotros ya estábamos montados en el auto BMW de las lindas chetitas de San Isidro (Casuarinas para los cholos).

Caímos en una discoteca gigante donde solo pasaban rock. Roxy. En una pista de baile rugía Big Bang Baby de Stone Temple Pilot, mientras en la otra susurraba Love Song de The Cure. Por donde veías había una linda chica fashion postulante a modelo vestida como una rolinga (cerquillo, polo de los Stones y zapatillas Converse).

En tanto, los machos cabrios andrógenos de los gauchos estaba con camisas abiertas hasta la cintura, jeans pitillos sobreapretados y peinados mohicanos con rayitos rubios. Eran jaurías desbordadas por el deseo. Salivaban en exceso cuando hablaban con una chica. Arruinaban todos los bailes con sus bruscos movimientos incitando al roce. Balbuceaban obviedades para encontrar una tertulia con una mujer. Querían que todo fuera fácil, barato y simple.
Florencia, la menos mercenaria de las tres, era quien intentaba explicarme como funcionaban las cosas en Buenos Aires. Mira Perú acá no te podés quedar a un lado, sino te ganan tooodas. Tenés que encarar ché, sino se pudre todo. Andá, dale. Ella me sonrió y empezó a ejemplificar. Se colocó en medio del Boliche (discoteca pa los peruchos) como una carnada humana. Pronto un tiburón olió sangre, un toro vio el capote rojo y un león observó la gacela. Todos contra ella. Ella bailó media canción y pronto uno de estos zombis quiso comerle el cerebro. Perdón, besarla.

Ella lo detuvo con un dedo, volteó y me miró con esos lindos ojos azules. Se sonrió en cámara lenta como en una publicidad de Close Up y asentó la cabeza, como para que entienda de que se trataba este juego. Yo llené mis cachetes de aire, levante mis cejas y encogí los hombros.

Pronto sus dos amigas habían sido devoradas por un par de vampiros, mientras mis compañeros de expedición intentaban poner en práctica las lecciones de casería humana. Yo me quedé a un lado observando el movimiento. Cigarrito en una mano, Quilmes (chela) en la otra. Un espectáculo de sexo. Qué más podía pedir. Dale Perú qué hacés acá. No entendiste nada. Dale acércate a esa. Dale, vamos.

Esas palabras me despertaron. Me sacaron del trance. Por qué tenía que acercarme a esa chica. ¿Por qué ella lo decía’¿Tenía que probarle algo?¿Tenía que probarme algo. No gracias, estoy bien. Yo escojo a quien beso.

Jodete. Me jodo. Tengo mi Quilmes, mis cigarros no se acaban y ni que decir de la vista y la música. Ella se fue, regresó, se fue y regresó. Pronto estaba conmigo sentada con una Quilmes y un cigarro. Pronto ella estaba con su cabeza sobre mi hombro y su mano sobre la mía. ¿Así que tú escogés a quién besás?. Ya te diste cuenta.

domingo, abril 13, 2008

Es extraño extrañar

Nunca supe decir: te extraño. Siempre que tuve una novia, enamorada, amiga cariñosa o agarre de turno nunca pude decirle: te extrañé, te extraño, te extrañaba, te extrañaré. Siempre que una de ellas me preguntaba ¿me extrañaste? Nunca supe que responder.

Qué digo

Una vez tuve una novia. Linda, inteligente, sagaz y posesiva. Tras casi año y medio de relación (una eternidad a los 23 años) yo necesitaba respirar. Ella viajó a Cusco por quince días y para mi fueron largos días que se pasaron muy rápido. Estaba esperándola en el aeropuerto ansioso de saber que iba a sentir cuando la viera. Ella corrió, me abrazó y lanzó como una cuchilla esa filosa frase: ¿Me extrañaste? Nooooo, no te extrañé, la pase bomba con mis amigos, no le reporte a nadie mis movimientos al celular, no tenía que tomar una combi durante una hora para ir a tu casa, me emborrache desde jueves hasta domingo y el resto de días jugué play, poker, fútbol y frontón. Que buena vida. Si mi amor te extrañé mucho, le dije.

Qué no digo

Llevaba un mes en Buenos Aires viviendo días de locura desenfrenada en un hostel para gringos. Había dejado a mi novia en Lima bajo la incertidumbre de no saber si éramos enamorados o no. Hasta ahora no sé si lo éramos. En este alberge de turistas dos peruanos que estudiaba música y yo éramos los reyes. Españolas, inglesas, francesas, australianas, era un desfile de chicas de todas las nacionalidades. Los días eran para dormir y las noches para no dejar dormir. Cada tarde, tras levantarme, siempre me conectaba y me encontraba con mi compromiso peruano en el Messenger. Ella siempre me preguntaba ¿Me extrañas? Yo entre música, cerveza y nuevos amigos le decía la verdad: te extraño mucho.

Qué dije

Hace tres años en el traspaso de novia a novia salí con la chica más bonita y apasionado que he conocido. Era mi chica rebote. Esa chica que te ayuda a olvidar y que te hace conocer a tu siguiente novia. Ella era de esas mujeres que le tuercen el cuello a cualquier, y que por alguna razón le gustaba yo. Seguramente era mi falta de interés y mis desapariciones esporádicas lo que le causaba inestabilidad. Y esta inestabilidad incomprensible la que le provocaba la atracción. Este tipo de situaciones pasan solo cuando los planetas se alinean o ves dos estrellas fugases en el cielo limeño. Fue mi momento. Regresa de unas vacaciones en Cusco, en donde conocí a quien sería mi próxima novia, y lo primero que escuche de los lindos labios de la preciosa chica rebote fue: ¿Me extrañaste? yo le respondí: Si te digo que sí, me vas a decir mentiroso y te vas a amargar y si te digo que no, me vas a creer y te vas a amargar. Ella sonrió.

Qué nunca pensé decir

De ella me he despedido muchas veces. Dos veces vi su rostro alejarse en un taxi. Una vez miré su rostro entre un escaparate hasta desaparecer. Dos veces perdí su rostro entre la multitud de un aeropuerto. Y otra vez escuche extinguir su voz por un celular hasta tan solo oír el tono del teléfono. Una vez la reencontré en una tienda y recibí un abrazo profundo. Otra vez me sorprendió por la espalda en medio de un centro comercial. Una vez corrí hacia ella en el aeropuerto y la cargue de la cintura. Otra vez escuche su voz por la ventana y salí para encontrarme con su bello rostro. Todas estas veces sin que ella me preguntara le dije: te extrañe tanto. Todas las veces la abrace con los ojos cerrados. Todas estas veces ella me susurró, como si me dijera un secreto único e increíble, que ella también me extrañaba.

Como ando muy cursi ultimamente dejo esta canción para redondear el post. Luis Miguel con el bolero "Te extraño".