martes, mayo 20, 2008

¿Puedo tener amigas?

Nunca creí en la amistad entre hombres y mujeres. Siempre huí de la figura del mejor amigo. Siempre fui el confidente de mi mejor amiga. No se como pero siempre llegaba al mismo destino cuando había escogido un camino distinto. Quizás por mi rostro de confianza que hace que las chicas me cuenten sus más íntimos secretos. Tal vez por esa empatía instantánea que tengo con las mujeres y que muchas veces no se canalizar.

Tuve de mejor amiga a Melissa y me enamoré. Tuve de casi hermana a Katy y me templé. Tuve de super brother a Pía y vaya si la amé en silencio. Siempre terminaba viendo a mis amigas con sus nuevos novios. Siempre veía como se escapaba el amor de mi vida en brazos de otro (no amigo).

Es así que siempre he pensado que de una mejor amiga o te enamoraste, o estas enamorando o te enamorarás. O para de decirlo de manera más carnal. O te la agarraste, o te la agarras o te la agarraras. Bajo este parámetro uno puede vivir con sinceridad la amistad con las mujeres

En mi caso a falta de mi novia tengo tres amigas que son como una enamorada. No por que tenga algo con ellas sino por todo lo que no tengo con ellas teniendo tanto. De todas ellas solo una no cumple la regla del párrafo anterior.

La primera es mi alma gemela. Es la chica que se parece más a cada una de las novias que he tenido. Ella es todo lo que busco en todas mis novias. Inteligente, interesante, inocente. Le gusta el rock y se apasiona con su trabajo. Escribe blogs y se derrite en su vida. Es la compañera perfecta para salir a reuniones. Nos reímos. Nos asustamos. Nos escondemos en nuestras espaldas. Nos burlamos tras sus espaldas. Siempre creen que es mi enamorada. Ella es la ex novia de dos de mis mejores amigos. Ella se ha hecho mi mejor amiga. Más amiga que cualquier amigo.

La segunda es mi cómplice de juergas. De irrealidades realizables. De inocencia perdida. Con ella nos apoyamos en nuestra soltería y nos criticamos en nuestros noviazgos. Alguna vez nos besamos Nos miramos supimos que no corría y seguimos siendo amigos. Teníamos que probar que no éramos y que siempre seremos. Y era como bailar con la hermana. Ahora somos confidentes e infidentes.

La tercera alguna vez fue mi amor platónico. Ahora es la mejor expresión de que existe el olvido. Que la ilusión se puede transformar. Que el estar enamorado es solo cuestión de puntos de vista. Con ella siempre voy al cine y cuando voy solo siempre la extraño. Muchas de nuestras películas terminan en un bar con una conversación. Ella me cuenta de su novio perdido en el espacio y yo de la mía ubicada en la estratosfera.

Ellas tres ocupan los espacios de una novia. Ellas son veinte amigas y diez amigos. Tres hermanas y una enamorada. Una me acompaña en mi soledad. La otra me escucha en mi locura. Y la última me recuerda mis errores. Ellas tres desbaratan cualquiera de mis teorías estupidas sobre las mejores amigas.

Estas son las canciones que escuchaba cuando me gustaba una amiga. Ya se que son recontra obvias pero por eso son las que escuchaba. El enamorarse de tu mejor amiga es un lugar común en la vida.

Agua - Jara de Palo



Algo Contigo - Vicentico

martes, mayo 13, 2008

El amor de nuestras vidas (¿Existe?)

Todos queremos creer que alguna vez tendremos el amor de nuestras vidas. La verdad es que a muchas nos pasará sin darnos cuenta. Que frustrante. Todos siempre nos preguntamos cómo saber cuando llegue. Algunos dirán “sabiamente”: lo sabrás cuando suceda. Mentira. Pasará frente a nuestros ojos disfrazada, borroneada, desenfocada. Atentos. Nadie quiere creer que el amor de su vida puede ser algo efímero, pasajero, instantáneo.

Siempre queremos creer que solo es amor el que transforma tu vida y que sin el, la vida no hubiera sido vida. El destino no es un película de dos horas con una presentación al inicio, drama en medio y un epilogo al final de los créditos. En tu entierro no habrán letras de arriba a abajo con el elenco de tu vida y menos un premio para la mejor actriz de tus pasiones.

Cuando dices una frase feliz, nunca acaba la escena. La frase perfecta luego es explicada y pierde sentido. La coincidencia imposible nunca sucede en una misma historia y solo llegan cuando no la necesitas. Y cuando sucede dices: es el destino.

De niño siempre pensé que el amor es imposible, pues tiene que haber la coincidencia universal del mutuo enamoramiento. Luego descubrí la pasión, la seducción, la conveniencia y claro el amor.

El amor de tu vida es el guiño de placer, el beso sorpresivo, el abrazo planeado. El sexo impensado, la novia eterna, el amor platónico. El divorcio maldecido, el llanto solitario, el odio amado. Pesadillas, sueños y realidad. Siempre es un instante eterno.

Despues de este ensayo teórico fracasado sobre el amor (siempre fracasaré en estas explicaciones, ¡pero al menos lo intento!) les dejo una reflexión de Liniers:




miércoles, mayo 07, 2008

¿Qué mierda hago aquí?

Las luces explotan en mi rostro mientras retumba Chemical Brothers. Mis compañeros de decidía miran atónitos a Dave Haslam. Estoy en la fiesta de la Hacienda en Aura. Chicas con jeans mascados y chicles apretados. Niños risueños de camisas estrechas y piernas abiertas. Todos con los rostros distorsionados y los cuerpos quebrados. Una vez más en mi vida me volví a preguntar ¿Qué mierda hago aquí?

Me doy cuenta que gran parte de mi vida me he estado preguntando ¿Qué mierda hago aquí? He vivido una vida de ¿Qué mierda hago aquí? Y tras treinta años estoy parado en medio de zombis poseros preguntándome ¿Qué mierda hago aquí?

Recuerdo que a los 15 años (a la mitad de mi vida) prometí nunca más ir a donde no me sintiera cómodo para jamás más decir ¿Qué mierda hago aquí? Llegué siempre justo al límite, al filo de la boca sonriente y los labios torcidos; sin embargo, nunca pude huir de esa interrogante.

A lo largo de mi vida he ido notando que bajo este custionamiento grave y distorsionada, simple pero poderosa, en la que se maneja el mundo: la gran onda del ¿Qué mierda hago aquí?, hay una baja frecuencia muy tenue y liviana que me libera de este trance. De esta maldita pregunta que decora mi vida.

Cuando deambulaba por la universidad. Entre esos pasillos de figuras y figuretis entendí que ese no era mi sitio. La cerveza se rebalsaba de mi boca y el dinero se agotaba sin ni siquiera tenerlo. Cuando se puso de moda tener novia yo salí de mi celibato obligado y decidí lanzarme a la línea alta. Esa achica fue la única que me miro, habló y pestañó. No me importó si era inteligente, interesante o bonita. (Era de todo un poco). Simplemente la hice mi enamorada. En ese instante fue que logré tocar un acorde nuevo y extraño en mi vida. Pude, por primera vez, mandar a todos a la mierda. Fue una gran sensación. No necesitaba de nadie nada. Por primera vez no me pregunte ¿Qué mierda hago aquí? Sin embargo, ella, una loca esquizofrénica, vanidosa y ególatra, destruyó con su voz cualquier rastro de esta pequeña frecuencia de tranquilidad.

Pase años intentado encontrar ese tono único y formidable que habia conocido por solo instantes.
Con mi primera novia de verdad (la del párrafo anterior no cuenta) intenté enamorarme sin amar, sin obsesionarme, sin ilusionarme. Tratando de ser parte de este mundo, en donde todos se bañan en su estiercol. Donde nadie se pregunta ¿Qué mierda hago aquí? Sin darme cuenta me enamoré, obsesioné e ilusioné. Por un momento encontré ese sonido bajo, etéreo y rítmico. Otra vez lo sentía. Sabia donde estaba y me gustaba estar allí. Intente captar el instante y me obsesioné con eso. Me autodestruí. Me obnubilé. La perdí

Con mi tercera novia decidí caminar al filo de la cornisa mirando de lejos toda esa mierda. Es así que ella me miró y me alcanzó. Se enamoró de mí y yo volví a encontrar ese acorde. Esta vez no solo fue un instante, sino, más bien, un tono constante el cual no iba ni muy alto ni muy bajo. Hasta que desapareció. Ella se enamoró y yo no. Una vez en su casa, hablando con sus papás y hermanos en la mesa, me volví a preguntar ¿Qué mierda hago aquí?

Hoy estoy en esta megalómana discoteca frente a un DJ y al costado de decenas de fantoches banales preguntándome ¿Qué mierda hago aquí?, la diferencia es que ahora sí se donde quiero estar. Se a donde quiero llegar. Donde está ella. Donde está esa armonía única e indescriptible. Ese acorde intenso pero delicioso, suave pero demoledor. Por primera vez en mi vida no solo se donde no quiero estar, sino se donde quiero terminar.

Esta canción es todo lo quiero hacer: Las Pelotas -Más que un deseo (Gracias por regalármela)




Más que un deseo
perfuma la noche,
no hace falta decir
por qué fue,
Busco tus ojos
si estoy nublado.
harto de mirar la realidad llegar.
el mar se mueve en el fondo,
no paramos de reír.
Si quiero abrazarte
hoy no tengo nada.
hasta donde puedo llegar no se.
el mar se mueve en el fondo,
no paramos de reír.
Te encontrare donde pueda,
me llevaras hasta el cielo,
perduraras en el aire
mientras te vuelvo un sueño.

lunes, abril 28, 2008

El gran secreto del amor (escrito por un ignorante)

Lima es una ciudad de cartón. Con gente acartonada, cuadriculada, parametrada. Si dices que te gusta alguien te preguntan si estás con ella. Si dices que amas alguien te interrogan si es tu novia. Si quieren mirar dan la espalda. Si quieren tocar se alejan. Si quieren saborear ajustan los labios.

Durante años escuché pregonar a muchos amigos acerca de todas las chicas que habían conquistado. Y durante mucho tiempo oí a bastantes amigas predicar sobre los secretos del amor. Tras muchos amores, desengaños, revolcones, agarres y desventuras se que la mitad de la vida de muchos es pura mentira.

Tenía un amigo que contaba que se agarraba tres chicas a la semana y que una mujer estaba a la velocidad de una llamada. Un fin de semana en una carrera de locura por Larcomar, tras su supuesta ex, me di cuenta que él también se enamoraba. Que también lloraba. Que además anhelaba lo que nunca tuvo. Amor sincero. Él la vio pasar y no pudo decirle ni una palabra. Ella miró su celular para no verlo. Él se fue caminando triste por las calles de Miraflores, sabiendo que no debió jugar esa mano. Ella era la chica.

Tuve una amiga que parecía tener todas las respuestas del amor. Siempre sabía como, con quien, cuando y donde levantarse a un chico sin salir herida. Antes que un hombre intentara algo con ella, mi amiga ya estaba poniéndole la mano en la cara y burlándose de su estúpida forma de abordarla. Se comía los hombres como lentejas de chocolates hasta que hubo uno que no pudo pasar. Que amó, odió y volvió a amar. El llegó cuando ella lo botaba y se fue cuando quiso que nunca se vaya. Lloró en mi baño en secreto, aunque yo la escuche al otro lado de la puerta.

Siempre busqué el secreto del amor cada vez que hice el amor. Siempre busqué aquel secreto solo conocido para los conquistadores y las manipuladoras. Siempre escuché con atención las conversaciones de las mujeres y espié los movimientos de los hombres. Vi mil películas románticas para desentrañar la formula del amor. Escuché millones de canciones para identificarme con la ignorancia de otros enamorados.

Ahora sentado frente ella se que soy ágil ante los desdeños femeninos. Sagas ante las preguntas de una mujer. Fuerte ante los embates de una chica maliciosa. Inteligente ante los devaneos intelectuales de una femina. Blindado ante las puñadas de las mujeres. ¿Saben cual es el secreto? Encontrar el amor de tu vida. ¿Cómo lo encuentras? Cayendo, parándote, cayendo. Parándote y cayendo hasta que ella caiga contigo. Se levante contigo. Ame contigo. En ese instante sabrás que lo sabes todo.

Les dejo algo de Quino (haz click en la dibujo), viene bien después de tan optimista post. Perdón por la felicidad pero la tristeza se fue de vacaciones


martes, abril 22, 2008

No era yo, pero que bien que la pasé



Alguna vez viví en un hostel en Buenos Aires. Fue el reto más grande para mi soledad, timidez y miedo escénico. Compartí cuarto con cuatro desconocidos. Hice amistad en otro idioma. Almorcé en una mesa de 20 personas. Me hice pataza de un gringo que nunca más vi. Besé a una gringa que tampoco nunca más vi. Me banqué a un amigo hacer el amor a mi lado. Dormí de día y arrastré de noche.

Yo era otro. No era yo. Era ese. Ese no era yo. ¿Me entienden? Era un nuevo ser nacido de mis contradicciones. Me reté a mi mismo a ser quien nunca fui. Lamente muchos momentos que finalmente sabía que los iba a recordar con satisfacción. Ese era yo. El citadino, vicioso de la televisión y el play, haciendo las veces del aventurero de mil vicios.

En un día cualquiera en el hostel, estaba sentado en la recepción cuando uno de mis cómplices (otro peruano) salió por el balcón y señaló hacia arriba. Un gesto con la mano haciendo las formas de una mujer y un ademán de beso. Había una o más chicas en el comedor de la terraza.

Como ratas subiendo al barco, los tres peruanos vagos (mi tocayo, el guitarrista; Chuky, el bajista y yo que no toco ni el timbre) subimos trepando por las barandas. Colgados de las lámparas. Raudos sedientos de carne nueva.

Eran tres argentinas reconchetas (pitucas para los peruanos) Luciana, Florencia y Mariana. Todas las porteñas se llaman igual. Vestidas de forma increíble combinando lo viejo, lo nuevo y lo que estará de moda. Con peinados deshilachados y ensortijados. De colores negros pero rubios, castaños pero pelirrojos. Lápices de labio rojo como sus ropas interiores y delineadores agresivos como sus miradas lascivas.

Mi tocayo hizo un truco con fuego, Chucky desempolvo se repertorio de malabarismo y yo hice lo único que sabía hacer: hablar. Ellas eran tres porteñas, muy porteñas que habían ido a buscar a Jack. Jack es un austriaco, piloto comercial que siempre andaba con la quijada desencajada y los ojos desorbitados. Jack no se daba cuenta que era víctima de tres profesionales del lanceo. Cuando quiso decir que de Perú le gusto… Sac… sai… hua…mán, nosotros ya estábamos montados en el auto BMW de las lindas chetitas de San Isidro (Casuarinas para los cholos).

Caímos en una discoteca gigante donde solo pasaban rock. Roxy. En una pista de baile rugía Big Bang Baby de Stone Temple Pilot, mientras en la otra susurraba Love Song de The Cure. Por donde veías había una linda chica fashion postulante a modelo vestida como una rolinga (cerquillo, polo de los Stones y zapatillas Converse).

En tanto, los machos cabrios andrógenos de los gauchos estaba con camisas abiertas hasta la cintura, jeans pitillos sobreapretados y peinados mohicanos con rayitos rubios. Eran jaurías desbordadas por el deseo. Salivaban en exceso cuando hablaban con una chica. Arruinaban todos los bailes con sus bruscos movimientos incitando al roce. Balbuceaban obviedades para encontrar una tertulia con una mujer. Querían que todo fuera fácil, barato y simple.
Florencia, la menos mercenaria de las tres, era quien intentaba explicarme como funcionaban las cosas en Buenos Aires. Mira Perú acá no te podés quedar a un lado, sino te ganan tooodas. Tenés que encarar ché, sino se pudre todo. Andá, dale. Ella me sonrió y empezó a ejemplificar. Se colocó en medio del Boliche (discoteca pa los peruchos) como una carnada humana. Pronto un tiburón olió sangre, un toro vio el capote rojo y un león observó la gacela. Todos contra ella. Ella bailó media canción y pronto uno de estos zombis quiso comerle el cerebro. Perdón, besarla.

Ella lo detuvo con un dedo, volteó y me miró con esos lindos ojos azules. Se sonrió en cámara lenta como en una publicidad de Close Up y asentó la cabeza, como para que entienda de que se trataba este juego. Yo llené mis cachetes de aire, levante mis cejas y encogí los hombros.

Pronto sus dos amigas habían sido devoradas por un par de vampiros, mientras mis compañeros de expedición intentaban poner en práctica las lecciones de casería humana. Yo me quedé a un lado observando el movimiento. Cigarrito en una mano, Quilmes (chela) en la otra. Un espectáculo de sexo. Qué más podía pedir. Dale Perú qué hacés acá. No entendiste nada. Dale acércate a esa. Dale, vamos.

Esas palabras me despertaron. Me sacaron del trance. Por qué tenía que acercarme a esa chica. ¿Por qué ella lo decía’¿Tenía que probarle algo?¿Tenía que probarme algo. No gracias, estoy bien. Yo escojo a quien beso.

Jodete. Me jodo. Tengo mi Quilmes, mis cigarros no se acaban y ni que decir de la vista y la música. Ella se fue, regresó, se fue y regresó. Pronto estaba conmigo sentada con una Quilmes y un cigarro. Pronto ella estaba con su cabeza sobre mi hombro y su mano sobre la mía. ¿Así que tú escogés a quién besás?. Ya te diste cuenta.

domingo, abril 13, 2008

Es extraño extrañar

Nunca supe decir: te extraño. Siempre que tuve una novia, enamorada, amiga cariñosa o agarre de turno nunca pude decirle: te extrañé, te extraño, te extrañaba, te extrañaré. Siempre que una de ellas me preguntaba ¿me extrañaste? Nunca supe que responder.

Qué digo

Una vez tuve una novia. Linda, inteligente, sagaz y posesiva. Tras casi año y medio de relación (una eternidad a los 23 años) yo necesitaba respirar. Ella viajó a Cusco por quince días y para mi fueron largos días que se pasaron muy rápido. Estaba esperándola en el aeropuerto ansioso de saber que iba a sentir cuando la viera. Ella corrió, me abrazó y lanzó como una cuchilla esa filosa frase: ¿Me extrañaste? Nooooo, no te extrañé, la pase bomba con mis amigos, no le reporte a nadie mis movimientos al celular, no tenía que tomar una combi durante una hora para ir a tu casa, me emborrache desde jueves hasta domingo y el resto de días jugué play, poker, fútbol y frontón. Que buena vida. Si mi amor te extrañé mucho, le dije.

Qué no digo

Llevaba un mes en Buenos Aires viviendo días de locura desenfrenada en un hostel para gringos. Había dejado a mi novia en Lima bajo la incertidumbre de no saber si éramos enamorados o no. Hasta ahora no sé si lo éramos. En este alberge de turistas dos peruanos que estudiaba música y yo éramos los reyes. Españolas, inglesas, francesas, australianas, era un desfile de chicas de todas las nacionalidades. Los días eran para dormir y las noches para no dejar dormir. Cada tarde, tras levantarme, siempre me conectaba y me encontraba con mi compromiso peruano en el Messenger. Ella siempre me preguntaba ¿Me extrañas? Yo entre música, cerveza y nuevos amigos le decía la verdad: te extraño mucho.

Qué dije

Hace tres años en el traspaso de novia a novia salí con la chica más bonita y apasionado que he conocido. Era mi chica rebote. Esa chica que te ayuda a olvidar y que te hace conocer a tu siguiente novia. Ella era de esas mujeres que le tuercen el cuello a cualquier, y que por alguna razón le gustaba yo. Seguramente era mi falta de interés y mis desapariciones esporádicas lo que le causaba inestabilidad. Y esta inestabilidad incomprensible la que le provocaba la atracción. Este tipo de situaciones pasan solo cuando los planetas se alinean o ves dos estrellas fugases en el cielo limeño. Fue mi momento. Regresa de unas vacaciones en Cusco, en donde conocí a quien sería mi próxima novia, y lo primero que escuche de los lindos labios de la preciosa chica rebote fue: ¿Me extrañaste? yo le respondí: Si te digo que sí, me vas a decir mentiroso y te vas a amargar y si te digo que no, me vas a creer y te vas a amargar. Ella sonrió.

Qué nunca pensé decir

De ella me he despedido muchas veces. Dos veces vi su rostro alejarse en un taxi. Una vez miré su rostro entre un escaparate hasta desaparecer. Dos veces perdí su rostro entre la multitud de un aeropuerto. Y otra vez escuche extinguir su voz por un celular hasta tan solo oír el tono del teléfono. Una vez la reencontré en una tienda y recibí un abrazo profundo. Otra vez me sorprendió por la espalda en medio de un centro comercial. Una vez corrí hacia ella en el aeropuerto y la cargue de la cintura. Otra vez escuche su voz por la ventana y salí para encontrarme con su bello rostro. Todas estas veces sin que ella me preguntara le dije: te extrañe tanto. Todas las veces la abrace con los ojos cerrados. Todas estas veces ella me susurró, como si me dijera un secreto único e increíble, que ella también me extrañaba.


Como ando muy cursi ultimamente dejo esta canción para redondear el post. Luis Miguel con el bolero "Te extraño".



viernes, abril 04, 2008

¿Vivir o morir? He ahí el dilema

Encontré este texto escrito hace como un año atrás. Ahora que lo leo me sorprendo de mi propia tristeza. De mi desolación y desconcierto ante ciertas circunstancias alimentadas por las mujeres. Digamos que este seudo poema de auto confesión no lo escribí sino lo vomite. Escrito sin pensarlo pero sintiendo demasiado.


Debo alejarme de todo aquello que me daña.
Acercarme al fuego para no quemarme.
Lamer el filo para no cortarme

Me seduce el peligro de perderlo todo. De perderte a ti
Me lamento si no te tengo y te odio por no entenderte.

Hoy la miré a los ojos y entendí su tristeza
Hoy espié su alma y no sabe quien soy
No puedo arriesgar mi sangre. No puedo exponer mi piel
No puedo matar por ella. No puedo ganar si no hay final.

No la veo. No la llamo. No la siento. Miro mi vida y vuelvo sin remedio.
No se que es mejor: la miseria o la tristeza.

Opto por lo fácil. Por lo complicado de lo simple
El dolor es el desconsuelo. La llegada al abismo.
No quiero caer. Quiero parar . Mirar arriba y escalar

Ahora empiezo entender como es la vida sin lágrimas.
No eres tu quien me mira.
Eres quien se asusta con tanta verdad.
Quien se espanta con la felicidad.

Negué mi vida y ahora la busco.
El riesgo es cuando no vives ni mueres.
Es cuando debes empezar a vivir o morir
Ya no quiero morir pero tengo miedo vivir.

Les dejo otra escena de "El hijo de la novia"..... gran forma de decir te quiero...


domingo, marzo 16, 2008

Top five: Amores

(Desde Buenos Aires) ¿Cómo sabes que estás amando? Esa es la pregunta que siempre me he hecho. Como diferenciar si es una obsesión, una ilusión, un enamoramiento, un capricho o el tan venido a menos amor. Aquí una lista de momentos que sino son amor es algo que se le parece mucho.

Mirarla cuando duerme
Estas echado al lado de ella. Acabas de sacar tu brazo debajo de su cabeza con mucha delicadeza. Sonríes pues sabes que es imposible que ella duerma en tu pecho durante ocho horas (por más que todas ellas piensen lo contrario). La miras como sonríe con los ojos cerrados. Pasas tu mano por su cabello. Deseas besarla pero no quieres despertarla. La observas dormir por más de 15 minutos. Luego miras al techo y también sonríes.

Emocionarte en un matrimonio
Es el matrimonio de tu amigo. Ves como uno de tus compañeros de desventuras amorosas está a punto de ponerle fin a un lado de su vida. Observas como él mira los ojos a su novia y la besa mientras todos aplauden. Lo admiras por ponerse enfrente de todos sus amigos, familiares y nuevos familiares para agradecer por asistir a su boda en el poto del mundo. Te emocionas cuando el baila con su esposa sin tomar a nadie en cuenta. Lo abrazas y lo felicitas con un poco de envidia. Te vas cuando no termina la fiesta pensando en aquella mujer que extrañas.

Llorar (a pesar de que los hombres no lloran)
Caminas con la música en tus orejas. Una canción te traslada a un recuerdo. Te lleva a ella. Piensas en todo lo que la quieres. Piensas en todo lo que le debes decir antes de que sea tarde. Repasas las frases perfectas. Las palabras que trasmitan todo lo que te lleva quererla tanto. Repites en silencio el dicho. Te paras en medio de un parque y te sientas en la vereda. Sientes que un líquido extraño se acumula en tus ojos. Tratas de evitarlo con tu mano. No sabes que es esa sensación que por primera vez invade tu mente y tu alma.

Abrazarla y no querer soltarla
La vez llegar a lo lejos. Ella te sonríe y acelera el paso. Tú te sacas el ipod de las orejas y levantas tus lentes. La vez más bonita que nunca. Aceleras el paso para tocarla. La atrapas con tus brazos. La abrazas con fuerza para que entre en tu corazón. Ella te besa indeteniblemente. Tú no quieres soltarla. No entiendes que pasa. No la quieres dejar ir. No hay ansiedad, miedo ni temor. No hay mejor momento que ese.


Decirle que la amas
Es una noche de sexo. Estás entremezclado entre las sabanas. Entre gemidos y orgasmos. Desnudos. Ansiosos. Excitados. Tu no piensas si te vienes o te vas. Solo quieres amarla. Te acercas a su oído y susurras. Te amo. La abrazas con fuerza con tus brazos y tus piernas. Ella no quiere soltarte. Ella te responde. Te amo.

Cinco hechos que demuestran que estás amando. Cinco hecho que en mi caso no pasaron con cinco personas distintas sino con una sola mujer.

Acá les dejo el video del matrimonio de mi amigo Capa. Un homenaje a la única persona que conocí que siempre reconoció amar a su novia.

jueves, marzo 06, 2008

No te olvido

Mis parpados se despegan y veo la luz al final de mis ojos. No sé donde estoy acostado. No sé donde estoy viviendo. Sé quien soy, pero no sé quien está detrás de la puerta. Mi brazo está congelado y casi no puedo moverlo. Intento sentarme y un mareo me devanea por toda la cama. Mi lengua está tan dura como una tabla de picar.

Sé como funciona un motor diesel, pero no sé quienes son esos dos chicos de la foto en mi velador. Sé todo sobre la teología de la liberación, pero no sé quien es esa señora del cuadro colgado frente a mi cama. Sé que me llamo Nino, pero no sé como llegué hasta este vetusto e inflado cuerpo. Casi no me puedo mover y menos hablar. Cada movimiento es como un espasmo. De mi garganta solo salen aullidos y no palabras.

Me recuerdo en traje, camisa negra y corbata blanca, con el cabello bien mojado y para atrás y con una barba negra perfectamente recortada. Me recuerdo siempre oliendo a perfume Lancaster y el aliento con aroma a whisky. Siempre con un saludo firme siendo el perfecto anfitrión de presidentes, ministros, congresistas y gerentes. Cómo puedo estar ahora apoltronado en esta fina cama de roble con unas medias rojas, un pantalón de buzo de franela y un polo de rayas manchado con comida. Con este cabello tan blanco y esta barba tan larga. Ni siquiera puedo dar la mano para saludar.

Es como uno de esos sueños del cual no te puedes despertar. Estas consciente de estar inconsciente. Pero esto no es un sueño sino la realidad. Mis dedos gordos del pie se mueven a mis órdenes y mi lengua saca la saliva que se acumula en mi boca. Un grito fuerte, rasposo y desesperado sale de mi garganta.

Una niña toda de blanco, pálida y con chapas entra a mi habitación. Señor Nino, ya se despertó justo para tomar sus pastillas. Se que son 9 tabletas, cada 4 horas. Para la hipertensión, la irrigación, la diabetes, las nauseas, el dolor de cabeza, la acidez y el corazón. ¿Quién es usted, mi hija, mi esposa, mi sobrina, mi nieta, mi prima, mi secretaria?

Soy Valeria. No te conozco, no los conozco. Soy su enfermera, ellos son sus hijos y ella su esposa. Yo soy Nino, administrador de empresas, master en Relaciones Públicas y gerente de varias empresas. Usted es el señor Roberto, Nino para sus amigos y está casado con dos hijos y una nieta.

¿Esto es un manicomio, un hospital o un asilo? Esta es su casa y yo soy su enfermera. Mire, el de la foto es Santiago su hijo. ¿Es un niño? No, él ya es grande, es periodista y trabaja en El Mercurio. Yo lo recuerdo. Rubio, blanco como chantillí, sentado en mis piernas manejando el auto, moviendo su cabeza hacia un lado, como mirando por el espejo retrovisor. ¿Cuándo creció tanto?

Llámelo señor Roberto, llámelo. Recuerdo que su número de celular es el 1558569364 ¿Cómo se llama?, Santiago, él es el menor, el mayor se llama Andrés. Claro Andrés, recuerdo también su número, es el 1561901567.

¡Hola hijo¡ ¿Aló Papá cómo estás, qué haciendo? Parece que él me conoce. No se sorprende, parece que siempre lo llamo. Tiene la voz firme, de adulto, seguro de si mismo. Hijo no me acuerdo de tí, no sé quien eres. ¿Cómo que no te acuerdas de mi, y cómo me estás llamando? Se le escucha alegre, como si se divirtiera conmigo. Una señorita acá a mi lado marcó tu número, ¿Dime hijo fui un buen padre? Claro papi, cómo va ser, claro que sí. Hijo perdóname, pero no me acuerdo de ti.

Cuelgo y cierro mis ojos con fuerza. Quiero dormir. Ruego que cuando despierte nuevamente recuerde quienes son estas personas.


Hay una escena en la película "El Hijo de la Novia", en donde el personaje de Ricardo Darín está con su mamá en la banca de un asilo. Él le dice que siempre quiso ser un buen hijo y se pone a llorar. Ella en medio de su enfermedad (Alzheimer) le alcanza a decir: "Yo te cuido, yo te quiero". Inevitablemente esa escena siempre me anuda la garganta. No encontré ese fragmento en Youtube, a cambio el trailer por si alguien no sabe de qué película hablo.

domingo, febrero 24, 2008

Una mujer hermosa sin esfuerzo


No me importa morir, decía la canción. Miré el techo del bar el Oso y sonreí. Ella era la mujer más hermosa que había besado hasta mis 29 años de vida (de esas épocas). ¿Cómo llegué hasta acá?

Veinticuatro horas antes había estado en ese mismo bar persiguiendo con la mirada a la obsesión de turno. Una perturbada esquizofrénica que vivía su propia mentira. Estaba loca. Por eso me gustaba.

Cuando pensé que por fin se había enganchado conmigo, me miró a los ojos, sonrió y me dijo, no me interesas. Me arrastré por las estrechas paredes del Oso y desaparecí en las sombras de la última mesa. Que mala noche.

Doce horas antes del beso, estaba sumergido preparando una clase para la Universidad sobre postmodernismo. Un tema, que obviamente, estaba muy lejos de mi realidad. Mi mente divagaba en la respuesta de esa obtusa mujer sin ningún futuro amoroso, sexual y pasional.

Cinco horas antes del beso, estaba sentado en la mesa de mi casa sin esperanzas de lograr consolidar un ensayo decente. No podía ensayar sobre mi vida, menos lo iba hacer sobre Heidegger y Foucault. El inefable Luigi, decidió de manera unilateral llegar a mi departamento con cervezas bajo el brazo y tres amigos de compañía. Yo miraba, fumaba, y chupaba. Me hundía en mi miseria, me embriagaba en la estupidez y me regodeaba en las vacuas conversaciones.

Tres horas antes del beso, entraba al Oso, tras una larga presión social para lograr apartarme del letargo de mi departamento. Otra vez entraba en este maldito bar, donde, un día antes había destruido mi vida emocional. Cuatro loser siguiendo con la mirada a las mujeres. De derecha a izquierda. En vertical y horizontal.

Luigi, un perseguidor empedernido de mujeres, miró a una lindisima chica. La más hermosa en 50 kilómetros a la redonda. Me hizo una señal. Quería atacar. Yo lo detuve con el brazo, cuando estaba apunto de saltarle al cuello, como un pitbull. La conozco, le dije. Anda, me respondió. Era demasiado linda para conocerla, pero la conocía. O sea sabía quien era.

Ella era una clásica chica mala de mirada perturbadora. De esas que bailan solas desdeñando a todo hombre que se le acerque. Cabello muy negro, lacio y con cerquillo. Minifalda de cuadros, como una escolar católica. Blusa negra en perfecta combinación con las sombras de sus ojos. Era una de esas chicas que miran sobre el hombro de todos y flotan al caminar.


¡Vea! grite al cielo y ella volteó. Que tenía que perder, ya me habían rebotado hasta Júpiter la noche anterior. Ella me sonrió y la traté de ubicar. Nos conocimos en la presentación del poemario de Ricardo Bentín, le dije. O sea estábamos en un mismo grupo de cinco. Tú hablaste, yo hablé, pero nunca cruzamos palabras. Ella se acordó de mi (ufff).

Diego, le dije. Soy Diego. Ya sé, me dijo ella muy autosuficiente. Mentira no se acordaba de mi nombre, aunque si de mi. Cruzamos algunas historias vacías y ella no se movió ni un centímetro de su sitio. Yo solo le seguía la conversación mientras no despegaba mi mirada de sus ojos, como si me interesara lo que decía. En verdad me aburría. Ella hablaba de modas, discotecas, autos, trabajo, viajes. Yo quería hablar de cine, rock, escribir, pasiones, amores.


Preferí disfrazarme y me volví el más vano ser sobre la tierra. Era el chico discotecas de moda, el viajero empedernido y el metrosexual de las boutiques ‘in’. Ella tomaba su martini y no se despegaba de mi un segundo.

Tras una hora de conversación ella floto hasta el baño. Yo me deslice hasta donde estaban mis amigos. Ellos envidiosos me riñeron por no agarrármela. Yo era feliz. Una hora de conversación con una chica linda reconfortaba. Pero la multitud bramaba por una estocada o al menos una banderilla. La afición pedía cortar dos orejas y una cola.

Ella me buscó por todo el bar hasta encontrarme. Ella despedía, a cada momento y sin parpadear, a todo los paparulos pretendientes que se le acercaban. Yo no me movía de mi sitio. Estaba con mi pose: cerveza, cigarro y mirada al vacío. Ella me invitó a bailar. Yo la seguí sin soltarle la mano.

Ella bailaba increíble. Se contorneaba sin parar. Con las manos en el cabello, los ojos mirando para un lado, mientras sus piernas se movían para el otro. Yo no la dejaba de mirar a los ojos mientras rozaba su cintura con mis manos. Ella se acercó muy cerca de mis labios y cuando la iba a besar se alejó y sonrió. Yo sonreí. Al segundo intento lo logré. La besé. Besé a la chica más hermosa que alguna vez había besado. Era la top de las tops. La miss bella entre las bellas.

Pasamos dos horas bailando y besándonos. Por fin dejemos de hablar. Quería que todo Lima me viera. Quería que la loca que me choteó la noche anterior me espiara. Quería que mis amigos me admiraran.

Pero luego de todo este vedettismo ya había tenido demasiado. Sentí que hasta aquí había llegado. ¿Para qué más? Pensé. Vea me tomó de la mano y me susurró si quería ir a su departamento. (sé que debía que decir que sí) . No, tengo que trabajar mañana (mentira). Me tengo que ir a mi casa. Fue un gusto conocerte. La besé en la mejilla. Estaba sonando una canción que decía “no me importa morir”. Huí del bar fumando mi felicidad. El momento era tan perfecto como para malograrlo teniendo sexo.

Algunas mujeres hermosas de mi imaginario:

Jessica Alba en Sin City



Natalie Portman en Closer



Scarlett Johansson en Matchpoint

viernes, febrero 15, 2008

Top Five: Obsesiones

Acá van mis cinco super obsesiones sin ningún tipo de orden o prioridad:


1.- la confundida
Esta fue una larga obsesión. La más larga de todas. Cuatro años. Ella me gustaba por la incertidumbre que despertaba en mí. Nunca supe si le guste. Lo más obseso que hice por ella fue ir de manera permanente, y sin falta, al Sargento Pimienta durante 6 meses. Todos los fines de semana. Era casi un hecho, que entre el jueves y el sábado, ella estuviera ahí. Podría ser cualquiera de esos tres días. Era demasiado azarosa y nunca seguía un patrón. Nunca la llamé para preguntarle que iba a hacer el fin de semana. Tampoco nunca la invité a ir al Sargento. Siempre buscaba el encuentro fortuito e inesperado. Muchas veces me la encontré, saludé y seguí mi camino. Solo una vez ebrio hasta mis rodillas (obviamente había tomado por ella) la invité a bailar una canción. Al finalizar la música la abracé. Ella sonrió y se fue al baño. El que me choteará hizo que decidiera estar con una novia. El que me besara hizo que no regresara con una novia. El que ella volviera a mi vida no hizo que termine con una novia.

2.- La inocente

Ella era la mejor amiga de una noviecita de barrio que tuve. Maribel siempre me sonreía desde su ventana en el piso tres del edificio rojo frente al mercado. Cuando yo regrese a mi soltería, tras un largo mes y medio de relación, buscaba siempre encontrármela de manera casual. Ella siempre estaba sentada a los pies de su edificio a las 6:45 pm. Yo corría de mi universidad para pasar por su casa a esa hora. A veces ni siquiera venia de la facultad, por lo que le daba toda la vuelta a la urbanización para que parezca que venia de ella. Cuando dejó de sentarse en el edificio busqué medidas más radicales. La esperaba hasta casi por dos horas frente a un paradero, donde ella bajaba cuando venía de su Instituto. Siempre caminaba contra ella y me hacía el distraído para que me pasara la voz. Ella siempre decía: que coincidencia. Yo sonreía y le contestaba: de eso está hecha la vida ¿no?

3.- La culpable
La tercera y por eso no menos objeto de obsesión tiene la culpa de todas mis obsesiones posteriores. Ella fue la primigenia de mis amores platónicos. La primera. Su nombre era Maria Esther. Una escuálida, blanquecina y glamorosa niña de doce años. Siempre con una sonrisa mínima, modales de modelo y mirada de desprecio. A ella ni siquiera le logré hablar durante toda mi época de colegio. Yo no sabía como lograr su atención y menos como reblandecer ese duro corazón escolar. Para su mala suerte, en la lista del salón, mi apellido estaba después que el de ella. Siempre hacíamos grupo, formábamos juntos y hasta nos sentábamos cerca. Ella me odiaba. Me detestaba. Me aborrecía. Yo siempre la seguía hasta su casa, la llamaba y no contestaba, y la saludaba desde lejos, aunque ella nunca respondía. Ella se enamoró de mi ex mejor amigo y fue su noviecita. Mi debacle emocional de esas épocas. Por eso no tuve novia hasta salir del colegio. Quince años después me enteré que estaba arrepentida de no haberme conocido. Al menos, dijo, pude ser su amigo.


4.- La asustada

Ella fue mi gran amor de la universidad. Ella siempre tuvo novio. Y yo durante cinco años esperé. Me disfracé de amigo relajado y siempre la acompañaba a todos sus compromisos estudiantiles. Cuando estábamos a punto de terminar la universidad entramos juntos a trabajar al mismo canal de televisión. La relación se volvió más intima que nunca. Una vez en medio de una conversación me dijo que había terminado con su novio. Mis ojos brillaron. Froté mis manos y empecé mi torpe plan de conquista. Era casi Navidad y se organizó en el canal un intercambio de regalos. Yo pague 20 soles a un compañero para cambiarle de papelito y ser su amigo secreto. Le regalé varios ángeles de cerámica, de manera anónima, y una cadenita con un angel con mi nombre, un día antes de navidad (patéticamente cursi, lo sé, pero por eso era mi obsesión). Luego, semanas después en un bar, nos dimos las manos por debajo de la mesa y en un taxi ,en completa borrachera, creo que nos besamos. Yo recuerdo que no la llegué a besar. ¿O si? Sé que ella dijo que sí nos besamos ¿O no? La cuestión es que después de ese beso nos dejamos de hablar por seis meses.

5.- La desaparecida
Mi última obsesión devino después de una fugaz e intensa relación de un mes. Ella era la chica más increíble que había conocido en Buenos Aires. Siempre sonreía y se sorprendía de mi acido y ridículo humor sarcástico. Lo entendía, y sino, me comprendía. Más allá de la obvia atracción sexual siempre había algo más que sexo. Era estar juntos, simplemente juntos. Sin hablar, hablando mucho, sonriendo y siendo felices con nimiedades como caminar o estar echados en mi cama. Yo supe que la quería cuando la abrace en el cine y respiré hasta lo más profundo de mi pulmón derecho. Ella se despidió de mí ese día, como muchos otros, con un guiño cuando se alejaba en su taxi. Desapareció. No conocía su casa, ni donde trabajaba. Solo tenía su número de celular, el cual no contestaba. Caminé por todo un barrio en busca de una tienda para niños, donde ella dijo que trabajaba (lo malo es que no me dijo en cual). Durante dos fines de semana completos entre a todas las tiendas para bebés de los alrededores. Nunca la encontré. Me regresé a Lima sin poder verla. Una vez volví de visita a Argentina y caminé, una vez más, por ese barrio. Llegué a una tienda para niños y la espié por el escaparate. Estaba ella allí con una chompa rosada y unos jeans ajustados. Con su sonrisa deslumbrante y sus ojos brillantes. La saludé con las cejas y ella me miró, pero no me miró. Se paralizó por un instante y luego corrió hacia mí. Me abrazó tan fuerte que sentía el latido de su corazón. Hasta ahora no la suelto. Seguimos abrazados.
Dibujo: Maite Díaz Fernández (2003)

lunes, febrero 04, 2008

Qué se siente cuando terminas con tu novia

Esto lo escribí hace más de un año cuando termine con mi ahora ex novia. Esto sentía. Yo en medio de la redacción de un periódico mascando mi miseria y escribiendo estas trágicas lineas.

Dolor, pavor, miedo y espanto. Mi mayor temor soy yo. Ese yo que solo genera lágrimas. Ese yo amargo y furioso que grita e insulta. Una furia nacida en la incapacidad de amar.

Las sonrisas se entrecruzas con las lágrimas. Una mascara que se descascara. Que se desmorona en la mentira. La seudo felicidad se desvanece entre las grietas de la rabia.

Estoy enterrado en mi miseria. Estoy enfermo en mi avaricia. Un egoísta anda suelto gritándose y criticándose. Solo existe él y solo él. No hay lágrimas ni lamentos que lo detengan. El se alimenta del dolor ajeno. Bebe llanto y mastica sollozos.
Ella llora y el muere. La vida se desvanece. La agonía nace para perpetuarse. Las nauseas son signos de la incapacidad de llorar. Las arcadas son gritos sin aliento que atacan.

Todos murmullan y yo converso. Sonrió ante el gentío. Hablo ante la multitud. A veces camino y otras corro. Toda esa repugnante hipocresía la arrastro y la disperso. Pero el lastre cada vez se hace mas pesado. Ya no camino sino me arrastro. Perdí la capacidad de llorar, extravié la suerte y escape de la felicidad.
Nota: La caricatura es de Peter Bagge del comic The Megalomaniacal Spider-Man.

lunes, enero 28, 2008

La esperanza es mierda a colores

Nunca pense tener tantos finales y aun dudar si esto se acabo. La esperanza es el vicio de vivir en la ficción. Es el último trago de la noche. Es no amarte después de tener sexo. Es una mentira disfrazada de fe.

Una obsesión de cuatro años ya es una enfermedad de hipocondríacos. No estas infectado pero quieres morir. Quieres creer en Dios cuando no crees en las vírgenes.

Yo he desechado tu imagen, tu cuerpo, tus conversaciones, tu mirada. También tus besos, abrazos y mentiras piadosas (como decirme te quiero) . Pero no puedo renunciar a la esperanza. A la llamada de madrugada, al encuentro fortuito y al mail inesperado. Sigo persiguiendo la casualidad de mi vida. Al destino forzado. Al cambio repentino de opinión. Al cinematográfico encuentro en el aeropuerto. Al intempestivo beso en medio de la calle. A la ausencia que lleva al amor.

Estoy sentado desnudo en medio de mi cuarto. El teléfono me fue arrebatado. Mi computadora fue mudada de habitación. La televisión ya no enciende. Las cartas ya no pasan por debajo de mi puerta. Mi lengua fue cortada y las visitas fueron censuradas. Y aún así sigo aquí, arrodillado, con los brazos atados, esperando por ti.

Nota: El título es robado de una letra de Daniel F. A proposito de él, acá les dejo una canción: "Me conforme".


miércoles, enero 16, 2008

¿A quién no le ha pasado esto?

"¡Voy solo y me la banco!"
(No sos vos, soy yo)



"No les perdono bajo ningún pretexto que no sepan volar"
(el lado oscuro del corazon)



Maten al cabron¡¡
(Alta Fidelidad)

sábado, enero 12, 2008

Los tipos de solitarios o las múltiples formas de buscar el amor

Siempre estamos tras el ansiado equilibrio emocional y por lo tanto tras la tan sobrevalorada felicidad. Felicidad que se debería lograr a través del ya caduco amor. El amor que se cree solo es posible lograr a través del desprestigiado sexo. No siempre el sexo es con afecto. Muchas veces es más parte de la lujuria que de la ternura.

Dentro de esta vorágine de ansiedades por encontrar el camino y dejar atrás la oscura soledad, la especie humana se divide en cuatro tipos de solitarios:

El nunca solo: Hay un tipo de ser humano que nace con una carencia natural. Este defecto congénito es no poder vivir sin que alguien que lo ame. El amor como un medio de sobrevivencia. No importa la belleza ni el sexo. Esta tara no distingue formas. Si este tipo de especie busca amor y no lo encuentra, su vida es un calvario perpetuo. Busca en las relaciones una solución a su desesperación. Pero si esta persona llega a encontrar el amor y es traicionada, no hay dolor sino solo muerte. Este espécimen tiene tendencia al suicidio emocional permanente.

El porqué solo: Este tipo de personas son las que nacen con la natural inteligencia emocional. Nunca juegan a amar y nunca aman. Nunca buscan estar solos y cuando lo están lo disfrutan. Una especie sin stress emocional ni ansiedad sexual. Sin embargo, este poco riesgo a la tristeza hace que casi nunca encuentren el amor verdadero. El amor onírico que quizás no exista. Digo quizás. Este espécimen solo traiciona por sentido común, pero también es muy proclive a ser engañado. Nunca llora por amor, pero tampoco se emociona por una ilusión.

El anti solo: Un espécimen que vive de la seducción y el egoísmo. Persona que le huye a la soledad a través del encanto. El mayor placer de este tipo de especie es conquistar al otro sexo. Subestima a la soledad y se ríe de ella. Cree que ha encontrado la felicidad en aquellos instantes casi orgásmico del flirteo exitoso. Su estándar de felicidad está medido por el sexo y no por el amor. Es un adicto a la masturbación emocional y cree haber encontrado el amor en el apareamiento. Traiciona siempre y odia ser traicionado.

El siempre solo. Tipo de ser humano que vive con la orfandad del amor. Quien vive su soledad con placer y realiza en sus sueños las felicidades más cinematográficas. Este raro espécimen solo abre su inconciencia en una o dos oportunidades de la vida. Lapsus mentales en los cuales camina en la tierra con la esperanza de encontrar sus sueños. Es un tipo de persona que busca en las relaciones la solución a su carencia de amor planetario. Necesita ser amado infinitamente. Solo ama una vez y solo deja a su pareja tras la muerte. Nunca traiciona y puede morir de amor si es traicionado.

¿Qué tipo de solitario eres tu?

A continuación el extracto de un mail que recibí hace ya varios meses, en donde este extraño tipo de ser humano intenta crear una nueva forma de interrelacionarse:

“Para no hacernos mas paltas mejor será que sea explicita. Para bien o para mal, yo no busco una relación formal o no formal, seria o no seria, llamala como quieras, no busco nada. De encuentros bonitos, ocasionales, divertidos, cómplices y especiales no paso. En buen cristiano no me engancho con nadie, no espero nada de nadie y espero que no esperen nada de mi”

Espeluznantemente racional e intuitivo, pero condenada al fracaso. Ese mundo ideal no existe.

viernes, enero 04, 2008

El conquistador

Luigi Aguirre es un hombre como cualquier otro. El 90 por ciento de su tiempo solo piensa en mujeres. Cómo conquistarlas, afanarlas, florearlas, perseguirlas y acosarlas. Cómo tener dos citas en paralelo. Cómo besar a tres chicas en una misma fiesta. Cómo abrazar a su enamorada del momento mientras ojea a otra. Cómo convencer a la sensual Naty de una nueva pose. Cómo persuadir a Ale para una nueva cita. O cómo rogarle a Ruby para que quiera tirar.

Luigi es un tipo no muy alto, no muy gordo, no muy guapo, no muy masculino. Su rostro es plano como sartén y su nariz es una extraña protuberancia. No es plana, pero no es respingada. No llega a ser ñato solo porque su tabique se elevó un centímetro más de lo necesario. Es medio achinado, sin ser chino y tiene cachetes flácidos, sin ser cachetón.

Luichi, como le dicen sus amigos de barrio, tiene una sonrisa vulgar congelada. Siempre se para con las piernas bien abiertas, como si tuviera un gran pene, y siempre esta intentado mostrar sus presuntos fornidos, y en realidad, fofos brazos. Tiene panza, pero su pecho desproporcionado la encaleta. Calza 38, pero siempre usa zapatillas talla 42, para ampararse en las leyendas.

Luigi, también conocido por el mundo 'supte' como “Embrujo”, es un antiguo metalero del Aberno, devenido en un nuevo yuppie de Aura. Duerme con su polo de Metallica, pero se despierta con su camisa Tony. Es por eso que su look va entre las camisas alicradas y los pantalones camuflados. El pelo largo fue dejado de lado, en la post adolescencia, para que ahora a los 30 use un gel barato para asemejar el cabello mojado.

Para “Embrujo” todos son sus súbditos, en un mundo donde es el es papá de todas. Sus amigos cercanos son sus cachorros, sus empleados a cargo son sus chacales y sus conocidos son sus críos. Las chicas son sus presas y el es el casador de gatos. Ya sea en una muy ficha discoteca, algún bar moribundo, o en un supermercado, cajero automático, grifo, farmacia, bodega o panaderia. Todos son lugares para las furtivas conversaciones. Para pasar de la banca de un parque a la cama de un hotel barato y con descuento.

Luigi tiene diversas formas de ataque. La del tímido que no sabía como acercarse. Estrategia para las incautas. La del tipo con influencias que puede ayudarte. Para las desvalidas desempleadas. La del chico bueno con conciencia social. Para las niñas estudiosas. El no busca ni muy inteligentes, ni demasiado talentosas. Solo hay un requisito: que tengan buen culo

Luichi tiene la mala costumbre de contarle a sus amigos todas sus aventuras sexuales con un nivel de detalle morboso que roza lo médico. La pierna que se cruzó por entre sus hombros o la lengua que se escabulló por entre sus grietas, son lo más ‘soft’ de su repertorio. Siempre cuenta que la rutina de su carro, al que llama el ‘Autoembrujo’, nunca falla. Un sixpack de cerveza en una calle perdida de Barranco, un casette (aborrece la modernidad) de un mega mix de Caifanes, Héroes del Silencio y The Cure y luego el clásico bracito en la cintura. Una caricias en la mano y cae.

Entre su carta de recomendaciones están: Nunca acercarte de frente a una chica a una discoteca, siempre en diagonal. Nunca hablarle a la más linda de un bar, sino a su amiga la 'mas o menos'. Y siempre y cuando le hables a la más bonita bajarla con un comentario denigrante (¿tu pelo es teñido?). Siempre mirar sobre el hombro de la chica como si te fueras y nunca preguntarle su nombre.

A Luigi nunca le conocí una novia, de carne y hueso solo en historias. Nunca lo ví besar con amor, aunque si chaparse a un centenar. Tampoco nunca lo ví sufrir por una mujer, aunque si enfurecerse por no conseguir una. Nunca le ví que le brillaran los ojos por una enamorada y tampoco lo ví haciendo una locura de amor. Vivir pensando en sexo y sin amor es un buen camino cuando no hay caminos.

miércoles, diciembre 26, 2007

Los caminos de mi vida


Comencé el año soñando. Soñé que conocía una linda rubia de ojos brillantes. No conocía donde vivía, dormía y lloraba, pero conocía su sonrisa. No fue amor a primera vista. No la vi y la amé. Sino la amé y luego la vi. Estaba en mi cama desnuda y decidí contarle mi simple vida. A ella no la boté de mi cama. La escuche. La miré. La amé hasta quedarme dormido. Ella no quiso quedarse a dormir conmigo.

Intente volver a verla. Cerraba mis ojos con fuerza para encontrarlaa en mis sueños. Hacia grandes jornadas de sueño con Diasepan y Xanas. No estaba en los sueños ilógicos y tampoco en los amores platónicos. No la encontré en las extrañas pesadillas y aun menos en los sueños eróticos. Simplemente se esfumó.

De regreso en la habitación de mi vida quise reconstruir mis amores. Pisé tierra y supe que mi ex novia tenía novio. Me tomé un trago amargo de vodka, los observé, como por dos horas besándose en un bar. Era mi penitencia. Caminé rumbo a mi casa pero supe que ya no tenía casa.

Arrastrando los pies por las calles desvié mi ruta para buscar un lugar conocido. Busqué a mi amiga. A mi mejor amiga. A la chica de mis sueños y pesadillas. A los resquicios de mi alma romántica adolescente. A la niña que alguna vez transformé en mi amor imposible.

Nos besamos y abrazamos por horas. Me obsesioné. Quise verla siempre. Quise que fuera mi novia. La perseguí por semanas. Solo tocaba su sombra. Ella siempre huía. Yo vivía ensimismado en la terca idea de pensar que estaba enamorado. Luego en un lapsus de cordura decidí suicidarme. Le dije todo lo que sentía y pensaba. Ella corrió sin mirar atrás. Pensé que me había liberado.

Boté las piedras de mis zapatillas que no me dejaban caminar. Ahora podía correr. Corrí hasta desfallecer. Me dormí en un sueño blanco, muy blanco. Un sueño en donde solo estaba esa niña de ojos brillantes. La abracé por 60 segundos. Luego tuve que regresar a la realidad.

De regreso por mi vida comencé a vagar sin rumbo con la promesa de nunca más tener novia. Esta vez llegué a un callejón oscuro, sin salida y con tan solo una pequeña ventana vieja y sucia a un lado. Era el único escape. Ella me advirtió que era la peor ruta a seguir. Yo decidí caminarla y recorrerla. Los trechos tortuosos son mi especialidad, pensé.

Ella negaba con la cabeza pero aceptaba con su corazón. Su boca siempre me odiaba pero su mirada me quería. Yo me tapaba los ojos. Ella me tomaba de la mano y me guiaba. A veces quería que la abrace, otras que la bese. Finalmente, un día me empujó y huyó hasta perderse en la oscuridad.

Encogí los hombros y nunca supe que paso. Decidí fugarme de esta ciudad llena de furia. Tome una sobredosis de pastillas y tuve un sueño muy profundo. En el sueño nuevamente huía. Corría buscando que mis pulmones exploten. Quería que mis pies se pulvericen. Deseaba que mi corazón se derrita, pero ella me detuvo. Me miró con sus ojos brillantes, me tomó de las manos, volvió a sonreírme y supe que no me había olvidado.

Era ella nuevamente. Ella aterrizó en mi realidad. Decidió no ser tan solo un sueño. Caminamos de la mano por mis calles. Espantó mi vanalidad, combatió mi maldad y enfrentó mis obsesiones.

Tan solo sopló y todo desapareció. Corrió conmigo con tanta fuerza que desaparecimos de cualquier mundo. Todo era vació, blanco y puro. Nunca había llegado hasta un lugar tan cercano y lejano a la vez. Pude sonreír después de mucho tiempo. Besé con amor por primera vez. Los sueños a veces se hacen realidad.

martes, diciembre 18, 2007

Amar

Los demonios se callan
No hay ruido en mi cabeza
La gente no pasa
Los rumores desaparecen
Mis ojos no se pierden
Solo te miro
Te veo y te llevo
Secuestro tu risa
Robo tu felicidad
Me refugio en tu vida
Me escondo en tu corazón
Mi instante se paralizó
Mi rostro con vida
Su vida fue mía
Mi alma feliz
Siempre en pasado
Nunca en presente
No tengo provenir

lunes, diciembre 03, 2007

Herir y ser heridos



No quiero verte. No quiero verte más. No hoy, no sé si mañana. No lo sé. Buen viaje. Las últimas palabras que escuché de ella. Y a pesar de tan obvio rechazo, repasaba cada palabra intentado encontrar una duda. “No hoy”. Es una molestia del momento. “No se si mañana”. Es decir, puede ser que tal vez la vuelva ver. “No lo sé”. Lo está dudando. En el fondo todavía me quiere.

No sé que decirte. Ahora creo que no puedo asumir todo esto. No lo sé, tan solo no lo sé. Fuero mis últimas palabras antes de despedirme de ella. Planeé esas palabras durante dos semanas. Frente al espejo, antes de dormir y cada vez que fumada. “No sé que decirte”. O sea lo sé hace mucho tiempo. “Ahora creo”. Siempre lo creeré. “No lo sé”. Es que si lo sé, pero no puedo reconocerlo.

Tres meses después la logré encontrar. Fue una reunión provocada. Sabía que iría. Quería enfrentar mi infierno. Saludé con cortesía. Me perdí en las conversaciones. Me crucé tres veces con ella. Intercambiamos una mirada. Ella evitó mis ojos dos veces. Le toqué el hombro al saludarla y despedirme. No nos miramos al sentarnos cerca. Lo único que le dije fue: cuídate. Ella solo me dijo: Chau.

Pasaron varias semanas antes de volverla a ver. Estaba en un bar con unos amigos. Muchas cervezas, chistes malos y miradas cómplices. Ella bordeó la barra. Se dejó ver y la miré. Levanté las cejas para saludarla. Ella buscó su risa más reluciente. Ella me dió un largo beso en la mejilla. Ella sonrió nerviosa. Le toqué el hombro mientras hablábamos. Ella habló mucho pero no logró una conversación coherente. La abracé con fuerza. Me despedí rápido. Le dije: cuídate. Ella buscó en adiós en el suelo. Me miró, me tomó la mano y me dijo: tú también.
Una canción: Playground Love de Air

domingo, noviembre 25, 2007

No se puede ser más triste

Uno cuando es un post adolescente cree siempre que no se puede ser mas triste. Yo a los 19 años vivía los problemas de amor más grandes del universo. Reales tragedias griegas, terribles telelloronas venezolanas y cursilescas películas gringas. Nunca había un nuevo comienzo. Siempre era el final de mis días como enamorado. Nunca creí en el mañana.

Yo estaba al borde de una piscina, de noche, viendo como ella se bañaba. Ella nadaba de un lado a otro sin espantarse con mi presencia. Es más, creo que estaba feliz de que su ex noviecito (estuve con ella dos meses) la contemplara. Su cuerpo se perdía entre el celeste del agua con cloro, mientras sus ojos rojos se iluminaban con los reflectores submarinos.

Ella jugueteaba con el agua, chapoteando con tiernas amenazas de mojarme. Yo me sonreía. Era uno de esos días en los que me sentía invulnerable. Ella se abrigó con una toalla y jaló una silla a mi lado. Yo la miré. Ella sonrió y se acercó aún más.

Te tengo algo que contar, pero me juras que no te amargas, me dijo medio en broma, medio en serio. Dime no hay problema. Si hay problemas y muchos pensé. ¿Te acuerdas la fiesta de July?, me interrogó. Claro, sí me acuerdo, llegaste conmigo pero desapareciste, dije con sarcasmo. Ese día me besé con Rodrigo, dijo sin pasar saliva. Vete a la mierda, le susurre al oído.

Ella quiso abrázame. Me mojó la camisa. Yo me liberé de sus brazos y salí corriendo. Con todo el derecho de un ex despechado me creí traicionado. Sin ninguna razón lógica o legal era un jovenzuelo enamorado que se sentía desengañado por el amor de una perversa niña indecisa y besucona.

En la casa de playa de mi mejor amigo había una gran fiesta. Me hundí en la muchedumbre y repartí risas hipócritas. Me serví un muy cargado vaso de vodka con Sprite y me lo eché de un solo trago. Cuando esa multitud se fue individualizando y las miradas se daban cuenta de mi presencia es que decidí escapar.

Corrí hacia la playa y me refugié en las sombrillas de paja. Esa fue la primera vez que le conté al mar mis penas de amor. Conversé largo rato con él hasta que una sombra me trajo a la realidad. Era una chica que al igual que yo se confesaba ante las olas. Estaba en cuclillas tirándole arena a la espuma.

Yo sequé mis gélidas lágrimas y me acerqué a ella. Parece que estamos en las mismas, la interrumpí. Ella me miró de arriba abajo, respiró y decidió hablarme. Si pues parece que estamos en la misma situación. ¿Tú por qué haz escapado?, le pregunté. Luego las palabras fueron yendo de un oído a otro hasta lograr una cómoda conversación.

Ella me contó de cómo su mejor amiga se había besado con un chico que a ella le gustaba (vaya tragedia), mientras yo le hacia un recuento detallada de cómo la perra de mi ex había agarrado con Rodrigo. Los dos vivíamos con extremo dolor y al borde del llanto tremendos dramas.

Era una escena demasiado cinematográfica como para no vivirla. Dos tristes que se encuentran en medio de una playa para confesar su abatimiento. Su rostro era una gran sombra, en donde lo único que brillaba eran sus lágrimas. Tenía el cabello largo y las piernas aún más largas. Era de sonrisa aguda y sollozo grave. Tenía un lindo perfil y seguramente unos ojos muy lindos. La veía pero no la reconocía. Sabía que era linda aunque no pudiera escrutarla con la mirada.

Antes de irme le explique lo novelesco de nuestro encuentro. Le confesé que era como un poema triste o un libro de afligidos. Que nuestra escena era la de una tragedia teatral y el instante cumbre de una película de Meg Ryan. Un momento tan único que tan solo podría ser realmente especial si lo culminábamos con un beso. Un beso de redención. Un instante de traición. Una historia para contar y un secreto que revelar.

Ella sonrió y por fin sentí un poco de felicidad en su desdicha. Miró al mar y le dijo que no se lo cuente a nadie y barrio a la luna y las estrellas para que no hubiera luz. Mi propuesta no tenía resquicios para la negación. No había forma de no vivir este cuento corto de final obvio.

Nos arrodillamos uno frente al otro mientras el mar nos espiaba. Yo tomé su hombro mientras ella acercó su boca. Me dio un beso en la mejilla. Las olas resonaban haciendo un rumor de nuestra culpa. Yo me sentía aliviado con su beso. Ella, traicionada por su poca audacia. Se acercó de nuevo a mí y me besó con fuerza sin abrir la boca. No me dio tiempo para abrazarla. Tras varios segundos ella huyó.

Corrió por la arena. Un gusto en conocerte, ya nos veremos, dijo a voz en cuello mientras se alejaba. Yo mate mi miseria en un instante. La tristeza no existía y mi corazón estaba limpio. Supe que no era tan triste y reconocí el valor de la redención en los besos de otra mujer. El mañana nunca es peor y si es peor habrá que experimentarlo.

Regrese a la fiesta y no conté lo que me había pasado. Nunca se lo conté a nadie. Era una historia demasiado cliché y cursi para hacerla un cuento.